Nos roban y quieren que les demos las gracias
Sánchez, pendiente del primero de los juicios que tendrá su mujer por considerarse más de lo que es y vivir por encima de lo que marca la ley, ha destapado su habitual demagogia vergonzosa para justificar por qué no presenta presupuestos, tal y como le obliga la Constitución. Lleva al Parlamento la dosis rutinaria de mentiras, salpicadas con sopapos dialécticos a la decencia cuando justifica la guerra de Irán como causa de que España esté hecha pedazos. El mismo gobierno cuyas decisiones impiden a los ciudadanos recuperar el nivel de vida que tenían antes de la pandemia, que ha situado al país como líder de toda Europa en paro femenino y juvenil, quien ha convertido nuestras carreteras y vías del tren en una prolongación de Burundi y ha llevado a tensionar la democracia hasta el punto de situarnos por debajo de potencias libres como Arabia Saudí o Ruanda, decía hasta ayer que la culpa de que paguemos tanto por todo la tiene lo que pasa en Irán. Ayer era Trump y hace un mes, Ucrania. Siempre habrá un factor externo o interno que distorsiona su voluntad redentora de llevarnos por la vía pacífica de la felicidad. Vivimos en una constante distopía dibujada por Huxley y escrita por Orwell.
La verdad es que el contexto de deuda pública disparada, saqueo fiscal constante y sin retorno, ruina económica y social y empobrecimiento familiar y empresarial sólo tiene un responsable en España: Sánchez y su plataforma sanchista de obedientes embusteros. Él y su concepto autocrático del poder, su sociopatía incurable que le hace despreciar el dolor ajeno mientras su ego se encuentre bien. Su manera caudillista de jugar con las reglas del sistema para perpetuarse como tirano moderno controlando las instituciones del Estado. Hasta la forma en la que presume de recibir cartas en esa plataforma Z llamada TikTok recuerda a Hugo Chávez. Todo en él es república bananera.
El enésimo decreto ómnibus que lleva al Parlamento es un sinsentido totalitario, el sindiós abusador de un gobierno que desprecia al poder legislativo con la misma fruición con la que ataca a los jueces, censura a los medios y empobrece a los ciudadanos. Es el proceder habitual del autócrata: meter en el mismo decreto lo que parece socialmente necesario con lo que es moralmente intolerable. Lo que necesita la gente, y por ello, debe ser votado y refrendado en las Cortes, y lo que necesita su wokismo de pesebre para seguir haciendo ideología con el dinero de los demás.
La bajada del IVA de suministros básicos (luz, gas, gasolina) sólo saldrá adelante si a Sánchez se le vota también su insostenible programa ecolojeta, que ya nos costó un apagón, muertes innecesarias, multas de Europa y una investigación judicial. Por un lado, regula las renovables, y se excusará en que las medidas son posibles gracias a dicha apuesta, cuando nos está condenando a una dependencia tercermundista perpetua y a una incertidumbre constante en la que cada día nos preguntaremos, como en Cuba, cuándo vendrá el siguiente apagón. Somete la carga de la inflación a la clase media, que es quien consume, y asfixia a la clase empresarial con medidas ilógicas que obliga a los autónomos de las persianas (metáfora del esfuerzo que molesta al socialismo de mamandurria) a derivar en los precios la subida incesante de los costes laborales. En resumen, el socialismo empobrece para darte de comer.
Y todo ello, al mismo tiempo que sigue sembrando el terreno para una futura adulteración electoral y sociológica. Los que siguen experimentando una confianza ciega en el sistema harían bien en reflexionar lo siguiente: ¿qué lógica haría respetar la voluntad del voto al primero que no se somete a ella? El presidente del Gobierno, que sigue repitiendo que ganó en 2023 cuando no fue así, el mismo hombre que ha asaltado todas las instituciones del Estado sin excepción y que cada día ataca al poder judicial por no dejarse pastorear, compra a la mitad de los medios, censura a la otra mitad y soborna a la ciudadanía con subida continuada de pensiones, salarios mínimos, prestaciones sociales y bonos culturales. Y lo que es más importante: el mismo hombre que amañó las primarias de su propio partido para ganar por la vía del fraude. Si después de sus denodados esfuerzos por dinamitar toda ética democrática creemos que va a dejar a la ruleta de las urnas decidir su futuro, es que merecemos que nos gobierne cuatro años más, sólo por imbéciles. Pero en esta España sin remedio, todavía existen pánfilos a los que les roban la cartera y agradecen al ladrón que les invite luego a una caña.
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