¿No tienen nada que decir Salvador Illa y Yolanda Díaz?
Estos son los hechos: el jefe de seguridad del festival de música Festiuet de Salou se dirige a un vigilante en los siguientes términos: «Este es un festival independentista en la república catalana y hoy no toca llevar esto; o te lo quitas o no trabajas». Lo que llevaba el vigilante de seguridad, durante un evento celebrado el pasado 17 de julio, era un pasador de su cinturón de trabajo con una pequeña bandera de España.
Diez minutos después del comienzo de su jornada laboral, el jefe de Seguridad repara en que en el cinturón del trabajador luce una minúscula enseña nacional y entra en cólera, hasta el punto de que le insta a quitarse de inmediato un pequeño elemento de tela situado en el ceñidor de servicio. Y no lo hace por incumplir lo dispuesto en materia de uniformidad o seguridad. En absoluto, ese no es el problema, sino que en un día como el del evento, «eso no tocaba».
Parece evidente que el trabajador ha sufrido una intolerable discriminación con coacciones que no puede quedar impune, por lo que se ha querellado contra el festival. El vigilante no llevaba distintivos de ningún partido político, ni efectuó manifestación política alguna, ni realizó ningún acto que alterase la neutralidad exigible en el ejercicio de sus funciones; simplemente lucía una pequeña bandera de España en el pasador de su cinturón.
Estos son los hechos. Con independencia de lo que resuelvan los tribunales, es de esperar que el presidente de la Generalitat de Cataluña, el socialista Salvador Illa, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, tan prestos a salir en defensa de los trabajadores y a denunciar cualquier infracción en materia laboral, respondan en este caso concreto con la misma celeridad. Porque lo que ha pasado es suficientemente grave como para que el presidente de la Generalitat y la vicepresidenta del Gobierno de España respondan. ¿Lo harán? ¿Seguro que lo harán?