Opinión

El Nixon español

El Nixon español

Pablo Casado no se acordará, pero en la primera rueda de prensa que hizo en Barcelona tras ser elegido líder del PP en julio del 2018 le recordé que Nixon tuvo que dimitir por mentir, no por el Watergate. Como es habitual, me senté en primera fila –para poder grabar o sacar buenas fotos– y no sé por qué fui el primero al que le dieron la palabra en el turno de preguntas.

Todavía andaba envuelto en la polémica por el famoso máster. Como Pedro Sánchez, en su día, con la tesis. Aunque al final la cosa acabó como acabó. Y no precisamente por los títulos académicos. Pero, en efecto, al presidente americano le pillaron diciendo falsedades. Tenía la manía de grabarlo todo. Incluso había ordenado instalar micrófonos ocultos en el Despacho Oval. No sé si por paranoia o para escribir luego sus memorias.

Un día me contaron que José Bono también lo apuntaba todo para escribir las suyas. Hasta se iba al lavabo con cualquier excusa para que no se le olvidara nada.

Aunque nunca entenderé el Watergate porque el presidente norteamericano venía de la apertura de relaciones con China (1972), un hito histórico, y ganó abrumadoramente las elecciones de ese año. Quizá todo ello solo se entiende por la complicada psicología de Nixon. Y que siempre vivió acomplejado por Kennedy, que le derrotó en 1960. Incluido aquel famoso debate televisivo. El primero de la historia.

Al final, el Supremo le obligó a entregar las cintas. Incluida aquella con más de 18 minutos de borrado. Lo pillaron: había ordenado a la CIA que torpedeara la investigación del caso.

Por eso, con toda la presunción de inocencia que haga falta, pero la supuesta trama del PSOE huele a Watergate. De momento ya han pillado a dos mintiendo: nada menos que al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; y a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González Fernández. Un nuevo caso Roldán.

El presidente tuvo que salir el pasado viernes a dar la cara. Una colega le preguntó:

– “¿En ningún momento dio ninguna orden para proteger informaciones sobre usted o sobre su entorno?”

“En absoluto”, contestó Sánchez. Luego soltó una parrafada sobre la justicia: “Yo creo que hay que respetar el auto del juez de la Audiencia Nacional. No voy a entrar en ninguna valoración que en este caso se pueda hacer por la UCO; lo respeto, hay que dejar trabajar a la justicia”, añadió.

A continuación vino la guinda: “Ni nunca avalé, ni nunca tuve información, ni nunca tuve conocimiento de algo que nunca hubiera tolerado”. Si no lo hubiera tolerado, ¿por qué tiene que negarlo?

Contraatacó después con la “policía patriótica” del PP. E incluso se hizo la víctima. A pesar de que los objetivos de la supuesta trama eran Podemos y Luis Bárcenas, no él.

¿Ustedes se creen a Pedro Sánchez? ¿Le comprarían un coche de segunda mano? Yo no le dejaría ni un libro. A la hora de escribir este artículo, he recurrido a la inteligencia artificial para saber cuántas veces el presidente ha cambiado de opinión, es decir, ha mentido.

Gemini me ha contestado que dar una cifra exacta “es prácticamente imposible”. Pese a que citaba la amnistía, los pactos con Podemos o con Bildu, los indultos y hasta el Sáhara Occidental. ChatGPT añadía, por su parte, el nombramiento del fiscal general, el delito de rebelión, entre otros. Yo, que soy de la vieja escuela, preferí recuperar el libro que publicó una catedrática jubilada de la Universidad de Málaga, Ángeles Gervilla, en el 2021. Entonces, Sánchez todavía estaba en la cresta de la ola y no se le había complicado tanto el panorama judicial. Ni a él ni a su familia.

Pero recopiló —y documentó— nada menos que 64 “cambios de opinión” en una obra de 218 páginas, “La mentira”. Tuvo tanto éxito que, en el 2025, hizo una ampliación con las últimas novedades. Ahora ya supera las 500 páginas. Lo peor de todo, sin embargo, es que tenga que ser una catedrática retirada de didáctica y organización escolar la que haya puesto manos a la obra. Una parte importante de la prensa más próxima al PSOE ha preferido mirar hacia otro lado en todo este asunto. Y, de hecho, sigue haciéndolo.

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