El método milenario que usan en Marruecos para refrescar las casas sin poner el aire acondicionado: sólo se necesita una toalla
La evaporación del agua es clave para que el método funcione
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El calor aprieta cada vez más en verano, y no es sólo una sensación. En muchas zonas de España ya se han vuelto habituales los días por encima de 40 grados, pero lo que realmente pesa es la noche ya que este año parece que estamos notando más que nunca que al irnos a dormir el aire sigue caliente, sin bajar de los 25 grados en algunos puntos de modo que dormir así se hace cuesta arriba y surge la necesidad de recurrir a soluciones prácticas como el truco milenario que se usa en Marruecos y que implica el uso de una toalla.
La molestia de no poder dormir debido al calor, lleva a que al día siguiente nos cueste hacer frente a toda la jornada. De hecho, según análisis de Climate Centralen ciudades como Valencia o Málaga se pierden decenas de horas de sueño al año por culpa del calor nocturno. No es algo puntual, es una tendencia que se repite verano tras verano. Con este panorama, es normal que mucha gente empiece a buscar alternativas. Y una de las que más se comentan tiene que ver con el hecho de usar una toalla húmeda bien colocada que puede ayudar a que el aire que entra en casa se note algo más fresco.
El método milenario que usan en Marruecos para refrescar las casas
Puede parecer la típica solución casera sin base, pero no lo es. Detrás hay una explicación bastante clara, y tiene que ver con cómo se comporta el agua cuando se evapora. Cuando el aire caliente pasa por una superficie húmeda, parte de ese agua se convierte en vapor. Para hacerlo, necesita «robar» calor del entorno. Es un proceso natural. Ese pequeño intercambio hace que el aire pierda algo de temperatura antes de seguir su recorrido.
No es magia ni mucho menos y no vas a bajar diez grados la habitación, pero sí puede notarse una diferencia suficiente como para que el ambiente sea más llevadero, sobre todo en momentos concretos del día. Es exactamente la misma lógica que usan algunos enfriadores de aire, pero en versión básica. Sin electricidad, sin aparato y sin coste.
Cómo aplicar bien este truco
Aquí es donde mucha gente falla ya que no es simplemente mojar una toalla y dejarla tirada. La clave está en dónde y cómo colocarla. Lo más efectivo es ponerla justo delante de una ventana abierta, que es por donde entra el aire. Si la dejas en otro punto, el efecto prácticamente desaparece. También importa el material ya que una toalla de algodón funciona mejor porque retiene bien la humedad sin bloquear el paso del aire. Otro detalle importante es escurrirla bien. Tiene que estar húmeda, pero no chorreando. Si está demasiado empapada, el aire no circula igual y el resultado es peor, no mejor.
Y luego está el momento del día. Esto no sirve mucho a las cuatro de la tarde con el aire ardiendo fuera. Donde realmente se nota es al amanecer o al anochecer, cuando el aire empieza a bajar un poco pero sigue siendo cálido.
Si hay corriente de aire, el efecto se multiplica
Aquí entra otro factor que muchas veces se pasa por alto: la ventilación. Si consigues que el aire circule, el sistema funciona bastante mejor. Por ejemplo, abrir una ventana en un extremo de la casa y otra en el lado opuesto. Eso genera una corriente que hace que el aire atraviese la toalla húmeda con más intensidad. Es lo que se conoce como ventilación cruzada.
En la práctica, lo que consigues es renovar el aire más rápido y, de paso, que pase más veces por esa «barrera» húmeda. El resultado no es espectacular, pero sí acumulativo. Se nota más que si simplemente dejas la ventana abierta sin más. De hecho, en muchas casas tradicionales del norte de África este tipo de circulación del aire está pensada desde la propia arquitectura. No es algo improvisado.
No funciona igual en todas partes
En zonas donde el ambiente es seco, funciona bastante mejor. El aire tiene más capacidad para absorber humedad, así que la evaporación es más efectiva. Por eso es un método tan habitual en lugares como Marruecos. En cambio, en zonas de costa con mucha humedad, el aire ya está bastante saturado. Eso hace que la evaporación sea menor y, por tanto, el efecto también lo sea. No desaparece, pero se nota menos.
Aun así, puede servir como apoyo. No es una solución única, pero sí suma si se combina con otras cosas: bajar persianas durante el día, ventilar a las horas adecuadas o evitar fuentes de calor dentro de casa. Por otro lado, conviene dejar claro que el truco no convierte una habitación en un espacio frío ya que no es un aire acondicionado ni pretende serlo, pero sí que reduce un poco la sensación térmica, lo que es suficiente para dormir mejor o estar más cómodo. Además, tiene algo a favor que no es menor y es que no cuesta nada y no consume energía.