Cuando la Selección gana, España despierta
Desde que España ganó en 2010 el Mundial de fútbol en Sudáfrica, con aquel gol de Iniesta que provocó un estallido de júbilo y devolvió de cuajo la autoestima a un país en plena crisis, a hoy, vísperas de la histórica final que la Selección disputará en Nueva York contra Argentina, han pasado muchas cosas, algunas ciertamente impensables. Porque por aquellas, Arnaldo Otegi estaba en la cárcel y hoy el dirigente proetarra es el mayor aliado del presidente del Gobierno de España, que se dice pronto.
Dieciséis años dan para mucho, es cierto, pero no tanto como para que nadie imaginara en aquel 2010 que la gobernabilidad de la nación dependería, en buena parte, de los mismos que en su día fueron encarcelados por pertenencia a banda armada. Claro, que para que eso haya sido posible tuvo que llegar a la presidencia del Gobierno un tipo que, cuando Iniesta marcó el gol que nos catapultó a la gloria futbolística, era un perfecto desconocido.
Imaginar entonces que un terrorista como Otegi y un presidente del Gobierno de España como Pedro Sánchez iban a firmar un pacto abyecto era de todo punto impensable, porque hace 16 años no podíamos imaginar ni en el peor de los sueños que a la Moncloa llegaría un presidente como este.
Echando la mirada atrás, hay algo que invita a la esperanza. Cuando España ganó el Mundial de 2010, gobernaba Zapatero —¿quién iba a pensar entonces que cuatro mundiales después le iban a pillar con un botín de 1,3 millones de euros en joyas?— y un año más tarde los españoles castigaron duramente al PSOE en las urnas, mandándole a la oposición.
Si la historia se repite y España gana el Mundial, Sánchez será vapuleado en las urnas. La Selección mueve pasiones y España está a un paso de ponerse la segunda estrella en el pecho. Ahora queda que se cumpla el destino y no sólo ganemos el Mundial, sino la cordura como pueblo. Porque cuando la Selección gana, los españoles despiertan.