Isabel Preysler (76 años): «Cada vez que iba de viaje, Julio tenía la obsesión de dejarme instrucciones por si le pasaba algo»
La historia de Isabel Preysler y Julio Iglesias sigue generando interés
A pesar de la separación, siguen teniendo buena relación
Se casaron en 1971, ocho meses después de empezar a salir
Isabel Preysler ha decidido abrir una de las etapas más importantes de su vida. En sus memorias, Mi verdadera historia, la empresaria y socialité hace un recorrido por su infancia en Filipinas, su llegada a España y las relaciones sentimentales que marcaron su trayectoria. Entre todos los nombres que aparecen en el libro, Julio Iglesias ocupa un lugar especialmente especial.
Lejos de ofrecer un relato centrado únicamente en los momentos felices, Preysler reconstruye una historia de amor que evolucionó con el paso de los años y que terminó desgastándose por las circunstancias personales y profesionales del cantante.
Un matrimonio que comenzó rápido
La historia de Isabel Preysler y Julio Iglesias comenzó con una rapidez poco habitual. Ambos se casaron en 1971, apenas ocho meses después de conocerse. La boda llegó mientras ella esperaba a su primera hija, Chábeli Iglesias, un embarazo que, según recuerda, tuvo que vivir con discreción debido a la presión social existente en aquella época hacia las mujeres que se quedaban embarazadas antes de contraer matrimonio.
En sus memorias, Isabel explica que aquella situación le impidió disfrutar plenamente de un momento que debería haber sido especialmente feliz. La necesidad de ocultar el embarazo y el juicio social que percibía marcaron profundamente aquellos primeros meses de su vida como esposa.
Ese mismo año nació Chábeli. Posteriormente llegarían Julio José, en 1973, y Enrique Iglesias, en 1975, completando una familia que durante años ocupó un lugar destacado en la crónica social española.
Un amor que fue evolucionando
Uno de los aspectos más llamativos del testimonio de Isabel Preysler es su confesión de que el enamoramiento no fue inmediato. La socialité reconoce que, aunque sentía un gran cariño por Julio Iglesias cuando decidió casarse con él, el amor más profundo apareció después.
Según relata, fue con el paso del tiempo cuando terminó enamorándose intensamente del artista. Ese sentimiento la llevó a entregarse plenamente al matrimonio y a intentar convertirse en la compañera que él esperaba encontrar tras regresar de sus constantes viajes profesionales.

En ese proceso, admite que fue dejando de lado muchas facetas de su propia vida. Explica que su principal objetivo era proporcionarle tranquilidad y evitar que los problemas familiares pudieran interferir en la carrera del cantante. Mientras el éxito internacional de Julio no dejaba de crecer, ella percibía que su propio mundo quedaba cada vez más reducido al ámbito doméstico.
Las giras, una distancia cada vez mayor
El enorme éxito profesional de Julio Iglesias tuvo un impacto directo sobre la convivencia familiar. Las giras internacionales se hicieron cada vez más frecuentes y prolongadas, provocando que el matrimonio compartiera menos tiempo del deseado.
Preysler recuerda que gran parte de su relación terminó desarrollándose a través de llamadas telefónicas y postales enviadas desde los distintos países que visitaba el cantante durante sus compromisos profesionales. Las ausencias, explica, fueron aumentando progresivamente hasta convertirse en uno de los principales factores de desgaste de la relación.
Pese a esa distancia física, Isabel destaca que Julio mostraba una gran preocupación por garantizar el bienestar económico de su familia.
Las «instrucciones» de Julio Iglesias
Uno de los pasajes más sorprendentes del libro hace referencia a una costumbre que Julio Iglesias mantenía antes de emprender cualquiera de sus desplazamientos.
Según recuerda Isabel Preysler, «cada vez que iba de viaje, Julio tenía la obsesión de dejarme instrucciones por si le pasaba algo». El cantante preparaba indicaciones precisas para que, en caso de sufrir algún accidente o no poder regresar, su familia conociera perfectamente la situación económica del hogar.
La empresaria explica que él le recordaba el dinero del que disponían, aunque reconoce que sabía perfectamente esas cuestiones porque ambos compartían una cuenta bancaria en la que el artista ingresaba su sueldo.
Aquellas previsiones reflejaban la preocupación del cantante por proteger económicamente a su esposa y a sus hijos. Sin embargo, Isabel deja claro que esa estabilidad material no lograba compensar la falta de convivencia provocada por los continuos viajes profesionales.
Una ruptura mediática
Tras siete años de matrimonio, la relación llegó a su final. Isabel Preysler explica que la separación fue especialmente dolorosa para ambos, ya que, pese al desgaste acumulado por las ausencias, seguían compartiendo el recuerdo de una etapa importante de sus vidas.
En sus memorias recuerda que tanto ella como Julio Iglesias vivieron un auténtico duelo por el final de aquellos años felices que habían construido juntos. La ruptura no borró los buenos momentos ni el cariño que llegaron a sentir el uno por el otro.
Con el paso del tiempo, ambos consiguieron reconstruir su relación desde una perspectiva diferente. La educación de sus tres hijos favoreció el mantenimiento del contacto y, décadas después de su separación, Isabel Preysler y Julio Iglesias han conservado una relación cordial basada en el respeto mutuo.
Las confesiones recogidas en Mi verdadera historia permiten conocer una versión mucho más íntima de una de las parejas más mediáticas de crónica social de nuestro país. Sin renunciar a reconocer el sufrimiento vivido durante aquellos años, Isabel también pone en valor los momentos compartidos y la familia que formaron juntos, ofreciendo un retrato equilibrado de una relación que marcó para siempre la vida de ambos.
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