Los intereses de España tampoco están en Ankara

Los intereses de España tampoco están en Ankara

Cuando lean ustedes estas líneas, Pedro Sánchez ya estará en Ankara, y parece que no será esta vez cuando pueda llevar a su mujer a ver el Mausoleo de Atatürk o a visitar el Museo de las Civilizaciones. Es evidente, y así lo ha entendido el juez Antonio Viejo, que la asistencia de Begoña Gómez a esta cumbre no es preceptiva, y también lo es que dicha asistencia ha sido planteada por Moncloa como un reto a la autoridad del juez Juan Carlos Peinado y como un intento de enmienda, por la vía de los hechos, de la retirada del pasaporte y de la prohibición de salir de España. Y por eso aún desactiva más el relato que tenían precocinado el que el juez haya demostrado deferencia con la afectividad maternofilial, y que la haya considerado más auténtica y menos presunta que la inocencia por los delitos que la imputan.

Dejando entonces claro desde el principio que la presencia de Begoña en la cumbre era perfectamente prescindible, su asistencia al exiguo programa protocolario se antojaba también inadecuada. Quizá no sea plato de gusto para nadie fotografiarse y compartir planes con alguien sobre quien pesan graves acusaciones y está pendiente de ser juzgada por ellas; y en un entorno diplomático tal vez resulte más conveniente evitar situaciones que, cuando menos, pueden resultar bidireccionalmente incómodas.

Pero bueno, una vez descorrida la habitual cortina de humo (porque el que Sánchez vaya o no acompañado a Ankara, a Bruselas o a cualquier otro lugar donde su curro le reclame es cuestión que a los españoles nos debiera caer bastante de refilón), tendríamos que centrarnos en si es el propio Sánchez el que, si se ponen por delante los intereses de España y no los suyos propios, debería o no estar en Turquía.

Porque en esta cumbre de la OTAN, aunque se han querido desdramatizar las controversias y los ultimátums trumpianos, se va a avanzar en tres temas medulares: el primero es que EEUU y Europa sigan considerando que están en el mismo bando y, en consecuencia, que también comparten las amenazas y los enemigos; el segundo, que los socios europeos estén dispuestos a reducir la dependencia del amigo americano y asumir mayores responsabilidades en su propia defensa; y el último, que es a la vez causa y efecto de los anteriores, estar dispuesto a ir incrementando sustancialmente el gasto en defensa hasta alcanzar el 5% en un medio plazo.

Pedro Sánchez se ha significado por no estar alineado en ninguno de los tres. Y como conocemos el paño, es de temer que quiera aprovechar la ocasión para reforzar su imagen de adalid del pacifismo y del multilateralismo transversal y extraoccidental, y, aunque menos por convicción que por autoafición y más por la palabra que por los hechos, posicione a nuestro país exactamente donde a él y solo a él le interesa estar.

Como el secretario general Mark Rutte y los funcionarios de la Organización han organizado el encuentro con mucho cuidado y quieren que se desarrolle con mucha cordialidad, no entrarán directamente al trapo, pero sabemos que Donald Trump embiste siempre como un choto joven y eso es exactamente lo que Sánchez quiere que haga.

Pero esto va mucho más allá de querer ser el antagonista de Trump; se trata del respeto y la lealtad a todos nuestros socios que, por lo que nos ha explicado Margarita Robles, no consiguen cumplir los compromisos y las competencias que nosotros logramos gastando menos de la mitad y dedicando partidas del presupuesto computable a la defensa a, por ejemplo, los programas antivirus de los ayuntamientos. Debiera tener la ministra un poco de cuidado con estas simplezas y, aunque este año ya le van a caer 70 castañas, no compartir el descaro senil y autosuficiente del presidente neoyorquino.

Para Sánchez, sin embargo, ya sabemos que lo bien o mal que quede con sus colegas y lo mejor o peor que posicione a España (no con Trump, sino con EEUU y los socios europeos) son aspectos colaterales. En las circunstancias de inoperancia y supervivencia en las que se encuentran él y su Gobierno, todo su empeño se encamina al mantenimiento de su propia imagen. Por eso lo que más le renta es que Patti Smith no se entere de que él forma parte (incluso en algún momento se dejó querer para ser su secretario general) de una alianza militar creada y desarrollada para defendernos de algunos de los mejores amigos de la artista. Y claro, si vamos a Rolex, no vamos a setas, y por eso los intereses de España, al igual que Begoña Gómez, tampoco estarán en Ankara.

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