Opinión

Epstein, la madre de todas las conspiraciones

Casi siete años después de que el financiero Jeffrey Epstein se suicidara en una celda de Nueva York (suicidio que nadie se cree), el Departamento de Justicia puso a disposición del público los archivos encontrados en sus aparatos y oficinas: tres millones de páginas, 180.000 imágenes y 2.000 vídeos. Desde el 30 de enero, millones de norteamericanos hurgan esa pila de documentos para buscar e identificar a los socios, clientes y amigos de este misterioso financiero, que en 2008 se benefició en Florida de un acuerdo con dos fiscales para no ser juzgado por solicitarle sexo a una niña de 14.

Para obtener la desclasificación de los archivos de Epstein, los parlamentarios republicanos y demócratas del Congreso aprobaron, de manera casi unánime, la Ley de Transparencia de Archivos Epstein, que luego promulgó Donald Trump. De acuerdo con ésta, el Departamento de Justicia tenía de plazo hasta el 19 de diciembre. Para aplazar la publicación, los funcionarios se amparaban en la necesidad de borrar las identidades de las víctimas, cosa que no se ha hecho correctamente, tal como han lamentado los abogados de algunas de ellas.

Los altos cargos del Departamento, nombrados por Trump, han declarado que no existe una «lista Epstein», formada por los individuos que acudían a las orgías con adolescentes en su isla en el Caribe; y también que la publicación está completa. La compañera y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell (hija del propietario de medios de comunicación Robert Maxwell), fue juzgada y condenada a 20 años por delitos como prostitución infantil y tráfico de personas, que está cumpliendo. Uno de los abogados de las víctimas calcula que Epstein y Maxwell abusaron de, al menos, quinientas muchachas.

Muchos de estos mensajes no pasan de ser cotilleos o incluso fanfarronadas. Que en un correo Epstein mencionara a una persona no significa que ésta se corriera juergas en sus burdeles ni que fuera chantajeada por él. En otros casos, los vínculos son innegables.

Entre los nombres, asoman varios de políticos que gobernaron sus países, como los británicos Tony Blair y Gordon Brown, el israelí Ehud Barak, el colombiano Andrés Pastrana… Del rijoso Bill Clinton ya se conocían diecisiete visitas a la isla-burdel, a pesar de lo cual participó en la campaña del partido demócrata de 2024 como recaudador de fondos.

Una banquera francesa, Ariane de Rothschild, le escribió a Epstein para pedirle que le diese gratis una entrada a un concierto. Además, en 2018, en una conversación electrónica hablaron de la paradoja de que Adolf Hitler viviera en Viena antes de la Primera Guerra Mundial en un albergue para indigentes mantenido por tres familias judías adineradas: los Gutmann, los Epstein y los Rothschild.

En la montaña de palabras, algunos pretenden encontrar planes para invadir países como Irán y Siria; conspiraciones centenarias; planes para hacer negocios en Ucrania; sacrificios humanos acompañados de canibalismo; a la CIA y al Mossad creando el ISIS y Al-Qaeda; etc.

Dados los gustos sexuales de Epstein y su círculo, así como la amplitud de éste, el cineasta mexicano escribió en X: «Ahora entiendo por qué algunos en México nos dieron la espalda con la película Sound of Freedom», que denuncia el tráfico de niños realizado por redes de pederastas con encubridores en las policías y tribunales de varios países. Por cierto, uno de los proveedores de prostitutas rusas para Epstein era una agencia rusa que participó en la organización de los Juegos Olímpicos de Sochi (2014).

Uno de los más venerables patriarcas de la izquierda mundial, el nonagenario lingüista Noam Chomsky, debelador del capitalismo y defensor de Fidel Castro y Hugo Chávez, viajó en uno de los aviones privados de Epstein y se hospedó en su residencia de Nueva York. Bill Gates, a quien le ha costado una fortuna comprar la buena fama que aún le adorna, contrajo una enfermedad de transmisión sexual de una joven rusa y le pidió a su amigo, según cuenta éste en un correo, que le obtuviera antibióticos para dárselos a Melinda Gates en secreto.

De Chomsky con Epstein hay fotos que prueban esa relación. Sin embargo, Gates, cuya amistad con el pederasta fue uno de los motivos aducidos por Melinda para divorciarse en 2021, ha negado esas afirmaciones.
Peter Mandelson, uno de los ministros más importantes de Blair y Brown, mantenía una estrecha relación con Epstein, a quien en 2003 calificó de «mejor amigo». Se han publicado fotos suyas en ropa interior, junto a una joven (aunque Mandelson es homosexual), en el piso propiedad del pederasta en París. También se ha sabido que Mandelson le filtró a Epstein documentos confidenciales, como hizo en 2009 con un plan del gobierno sobre medidas fiscales.

Jack Lang, político socialista francés que fue ministro varias veces y ha pedido la despenalización de la pederastia, trabó amistad con Epstein. En 2019, cuando ya se investigaba a éste, le acompañó al Elíseo, residencia del presidente Macron. Caroline Lang, hija de Jack, constituyó en 2016 con Epstein una empresa offshore en las Islas Vírgenes.

El efecto de los papeles de Epstein está siendo tan grande que Bill y Hillary Clinton han aceptado ahora comparecer ante el comité de la Cámara de Representantes que investiga al financiero pederasta, después de seis meses negándose a hacerlo. Peggy Siegal, una destacada experta en relaciones públicas de Hollywood, en un correo de 2009 le ofreció a Epstein «un bebé… o dos. ¿Niño o niña? Igualito a Madonna». En cuanto se conoció el correo, varios clientes rompieron sus contratos con ella. Caroline Lang ha dimitido de la presidencia de una asociación de productores cinematográficos. Quizás en EEUU hasta haya detenciones.

Los medios de comunicación «de prestigio» españoles apenas han prestado atención al contenido de los documentos y vídeos, como si estuvieran esperando permiso o instrucciones para informar a sus audiencias de lo que ya saben quienes tengan cuenta en X o accedan a las páginas digitales de la Fox o la CNN.

En un ejemplo de hipocresía, los primeros reportajes que publicó El País fueron sobre la noruega Mette-Marit (con la que se casó el príncipe heredero en 2001), que durmió en varias ocasiones en una de las casas de Epstein, y sobre Andrew Mountbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III, y su ex esposa, Sarah Ferguson. Es decir, personajes ya caídos en desgracia y obligados a soportar todos los ataques. Sobre los verdaderamente poderosos, el periódico global ha tendido un velo que es cortinón. ¿Cómo puede El País desvelar los vicios del plutócrata Gates, al que ha presentado durante décadas como filántropo por su promoción de las vacunas y su lucha contra el cambio climático, cuando ha publicado durante años una sección pagada por la Fundación Melinda y Bill Gates?

Los «papeles de Epstein» describen la conducta de parte de la élite mundial, la que decide sobre nuestras vidas y patrimonios. Numerosos políticos, financieros, embajadores, ejecutivos, productores y editores acudían a un conseguidor como Epstein para pedirle recomendaciones, favores, dinero, sexo, drogas… ¿Qué hacían él y Ghislaine Maxwell con toda la información que obtenían?; ¿enriquecerse aún más?; ¿la compartían con servicios secretos de Estados Unidos o de otros países?

Estos documentos constituyen el último golpe de la serie que, desde la invasión de Irak de 2003 y la gran crisis de 2008, están convirtiendo en polvo la legitimidad de las democracias occidentales. La ruptura entre pueblo y élite no para de aumentar y no se sabe cómo se puede recomponer.