Por Ceuta y contra Sánchez: España no paga traidores
Un clamor transversal ha sonado en España a favor de Ceuta y contra el Gobierno de Pedro Sánchez, porque la defensa de la incuestionable españolidad de la ciudad autónoma invadida lleva implícito el rechazo a un Ejecutivo que se mueve entre la traición y la más absoluta negligencia. Un conmovedor grito de apoyo a Ceuta y un contundente grito contra un Gobierno cuya felonía ha llegado al límite de lo tolerable. Las concentraciones fueron una sana y reconfortante exhibición de patriotismo, una vigorosa muestra de defensa de un territorio indefectiblemente cosido al alma del pueblo español. Y eso, el masivo abrazo a Ceuta, obliga, al tiempo, a oponerse con toda firmeza a un Ejecutivo que ha quedado retratado como un vendepatrias.
Lo ocurrido este 2 de septiembre es histórico, porque la respuesta del pueblo español ha sido de tal contundencia que ha supuesto —por mucho que el personaje siga atrincherado en la Moncloa— el certificado de defunción del sanchismo. Como si la crisis de Ceuta hubiera hecho saltar los resortes críticos de la sociedad española y el pueblo se hubiera conjurado para plantar cara, al unísono, a un Gobierno inmoral.
El asalto a Ceuta y el rosario de mentiras vertidas por el Gobierno desde hace más de un mes han supuesto la puntilla para Pedro Sánchez, títere de Marruecos e impúdico impostor. Este 2 de mayo de 2026 pasará a la historia por lo que ha tenido de aldabonazo en la conciencia colectiva del pueblo español. Pedro Sánchez se atrincherará en la Moncloa, pero España lo tiene sitiado, cercado en su residencia oficial.
Ceuta, el admirable pueblo ceutí, ha sembrado la semilla de una resistencia que no se acaba con las multitudinarias concentraciones diseminadas por toda España, sino que tiene visos de extenderse de forma imparable. El impostor ha sido sepultado por el clamor del pueblo y su tiempo se acaba. España no paga traidores.