EL RITUAL IMPRESCINDIBLE DE LAS FIESTAS MAYORES

Ruta del vermú: 5 bares castizos para brindar este San Isidro 2026

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Vermú, Madrid
Sandra Quintana C

No se puede entender San Isidro sin el tintineo de los hielos contra el cristal y ese aroma a ajenjo y cítricos que inunda las tabernas de la capital. El vermú de grifo es, junto con el agua de la fuente del Santo, la bebida oficial de estas fiestas. Pero no vale cualquier barra. En Madrid, tomar el vermú es un arte que requiere de una liturgia específica: el sifón a mano, la aceituna de calidad y, por supuesto, una tapa que aguante el tipo. En este 2026, con las calles de La Latina y Lavapiés vibrando más que nunca, encontrar ese rincón donde el tiempo parece haberse detenido es el verdadero trofeo de las fiestas.

Si quieres huir de los locales de moda con decoración industrial y prefieres el mármol desgastado, el azulejo pintado y el camarero que te tira el vermú con la maestría de un cirujano, apunta estas cinco paradas obligatorias. Son locales que no necesitan filtros de Instagram porque su solera es real, acumulada tras décadas de servir a madrileños y visitantes.

Bodegas Ricla: el corazón de la calle Cuchilleros

A dos pasos de la Plaza Mayor se encuentra esta pequeña joya que es, básicamente, la definición de «bar castizo». Entrar en Bodegas Ricla es como viajar a la España de 1867. Sus estanterías de madera crujen bajo el peso de botellas históricas y su grifo de vermú no para de echar humo durante todo San Isidro. Aquí el espacio es oro, por lo que lo normal es tomarse la primera en la puerta, compartiendo confidencias con los que esperan.

Lo que hace especial a Ricla, además de su atmósfera, es su acompañamiento. Su vermú casero tiene el punto justo de amargor y es el aliado perfecto para sus famosas albóndigas o los boquerones en vinagre. Es el sitio ideal para empezar la ruta antes de que el sol apriete demasiado en la Pradera. El servicio es rápido, directo y con ese punto de guasa madrileña que tanto se echa de menos en las grandes cadenas.

Casa Alberto: literatura y grifo en el Barrio de las Letras

Bajar por la calle Huertas y no entrar en Casa Alberto es un error que un buen madrileño nunca cometería. Fundada en 1827 en el mismo edificio donde vivió Miguel de Cervantes, esta taberna es un monumento nacional al buen beber. Su barra de madera tallada es el escenario donde se sirve uno de los mejores vermús de grifo de toda la ciudad.

Aquí la liturgia se respeta al máximo. El vermú llega con su rodaja de naranja y su correspondiente «toque» de sifón si el cliente lo desea. Pero lo que realmente eleva la experiencia en Casa Alberto son sus raciones: los caracoles a la madrileña o los callos son el maridaje obligatorio. Es un local con un ambiente más sosegado que los de La Latina, perfecto para quienes buscan disfrutar de San Isidro con un punto de elegancia histórica.

Taberna Ángel Sierra: el vigía de la Plaza de Chueca

Si hay un sitio que representa la resistencia de lo castizo en un barrio que ha cambiado mil veces, es la Taberna Ángel Sierra. Sus paredes están cubiertas de azulejos de la Cartuja de Sevilla y sus barricas de madera custodian un vermú que tiene fama de ser de los más potentes de la zona. En San Isidro, la Plaza de Chueca se convierte en un hervidero, y esta taberna es su centro de gravedad.

Tomarse un vermú aquí es sentir el latido de Madrid. Lo más auténtico es acompañarlo con sus conservas de primera: unas anchoas, unos mejillones en escabeche o un simple trozo de atún. El contraste del dulce del vermú con el salazón de la tapa es, sencillamente, imbatible. Eso sí, prepárate para estar apretado; aquí la cercanía con el vecino de barra es parte del encanto.

Bodegas Ardosa: el templo de la tortilla y el azulejo

En el barrio de Malasaña, la calle Colón esconde una de las tabernas más fotografiadas y respetadas de Madrid. La Ardosa es famosa por muchas cosas, especialmente por su tortilla de patatas, pero su vermú de grifo no le va a la zaga. Lo que más sorprende de este local es que, a pesar de estar en una zona tan moderna, sigue manteniendo su clientela de toda la vida que convive con los turistas más curiosos.

Para tomar el vermú en condiciones en La Ardosa, hay que intentar hacerse un hueco en la barra de la entrada. El ambiente, rodeado de botellas antiguas y carteles de principios de siglo, te mete de lleno en el espíritu de San Isidro sin necesidad de llevar puesto el chaleco de chulapo. Es un sitio con alma, donde cada trago sabe a historia y cada bocado de tortilla te confirma que has tomado la decisión correcta.

La Hora del Vermut: tradición renovada en el Mercado de San Miguel

Para terminar la ruta, una opción que combina lo antiguo con lo actual. En el Mercado de San Miguel, justo al lado de la Plaza Mayor, se encuentra este puesto especializado que rinde culto a esta bebida. Aunque el mercado sea un sitio muy concurrido por visitantes, «La Hora del Vermut» destaca por su impresionante selección de etiquetas de toda España, no solo el clásico de grifo madrileño.

Lo mejor de este sitio es la variedad de sus «gildas» y encurtidos. Tienen decenas de combinaciones de aceitunas, piparras y salazones que están diseñadas específicamente para potenciar los matices de cada tipo de vermú. Es el lugar perfecto para cerrar la jornada si buscas algo más de variedad o si quieres comparar el vermú madrileño con las propuestas que vienen de Reus o de Jerez.

Un consejo de experto para este San Isidro

Recuerda que en Madrid el vermú no se bebe rápido. Se saborea, se charla y se acompaña siempre de algo sólido. Este San Isidro 2026, las tabernas de siempre vuelven a ser el refugio de quienes buscan la esencia de la ciudad. No tengas miedo a preguntar al camarero por el origen del vermú que te está sirviendo; a menudo, tras ese grifo hay una receta familiar que ha sobrevivido a guerras y crisis. ¡Salud y feliz San Isidro!

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