El dueño de una fábrica de mostaza llevaba desde los años 80 vertiendo aguas ácidas a un río protegido: 40 años después le imponen una multa de 1,3 millones de euros y 18 meses de cárcel
Hay multas gigantes que nos escandalizan, pero cuando vemos el trasfondo entendemos por qué la cantidad es enorme. Por ejemplo, una fábrica de mostaza estuvo contaminando el río Souhegan, en Estados Unidos (EE.UU.), desde al menos los años 80.
Se les avisó, hubo controles, expedientes, etc. Y la respuesta de la empresa fue crear una tubería secreta para seguir vertiendo aguas ácidas a espaldas de los inspectores. Décadas después, los dueños del negocio parece que han recibido su merecido.
Al parecer, el caso ha terminado con 18 meses de cárcel para Charles Santich, propietario de Old Dutch Mustard, que también comercializaba sus productos como Pilgrim Foods. Además, la sentencia impone a la compañía una multa de 1,5 millones de dólares, unos 1,3 millones de euros al cambio.
Empresa multada por usar una tubería secreta para lanzar aguas tóxicas al río
La multa por dañar el medioambiente no ha ocurrido de la noche a la mañana. Para llegar a pagar más de un millón de euros y enfrentarse a la cárcel, la empresa ha tenido que contaminar durante décadas.
De hecho, a título personal, Charles Santich, propietario de Old Dutch Mustard también ha tenido que pagar una sanción de 220.000 euros, que se suma a la cifra total.
Cuando los primeros controles demostraron que la fábrica estaba contaminando, el Souhegan, Santich encontró una forma de esquivar los puntos de control: sacar los vertidos por otro lugar.
Cómo desviaron las aguas tóxicas para contaminar el río a escondidas
En mayo de 2017 contrató a una empresa de excavaciones para prolongar una tubería subterránea hasta una colina situada detrás de las instalaciones. Desde allí, una zanja conducía el agua hacia el río. El sistema permitía ahorrarse los costes de transportar las aguas residuales.
De hecho, el propietario también quiso borrar el rastro documental de la obra. Pidió al contratista que eliminara del presupuesto las referencias a la tubería y a la zanja.
Después, ordenó a sus empleados que bombearan por esa conducción aguas ácidas y pluviales. Los trabajadores declararon que temían perder su empleo si no colaboraban.
Así se enteraron los inspectores de EE.UU. de que seguían contaminando el río
En mayo de 2023, los inspectores ambientales encontraron agua procedente de la fábrica bajando por la zanja hacia el Souhegan. Tenía un pH bajo y olía a vinagre.
En ese momento, Santich intentó atribuir los restos a una siembra fallida de semillas de mostaza. Más tarde hizo que sus empleados repitieran esa explicación ante los investigadores.
Por si fuera poco, también había presentado documentación falsa para ocultar la conducción y obstaculizado la obtención de datos sobre el volumen de agua bombeada.
Tres meses después, los agentes de la Agencia de Protección Ambiental registraron las instalaciones con una orden judicial. Por fin descubrieron la verdad: la tubería seguía descargando ilegalmente.
Un río llevaba décadas contaminado por culpa de una fábrica de mostaza
El problema no es nuevo, ya que en los 80 hubo las primeras denuncias y en los años 90 se acreditó que la contaminación de Old Dutch Mustard ya había provocado mortandades de peces.
Los vertidos posteriores prolongaron el deterioro e impidieron que regresaran peces sensibles a la acidez y otras formas de vida acuática, según determinó el tribunal.
Finalmente, tanto Santich como la compañía se declararon culpables en febrero de 2025 de verter contaminantes sin permiso, vulnerando la Ley de Agua Limpia estadounidense. Ahora ha llegado la condena, después de una larga sucesión de actuaciones administrativas y civiles.
Además de pagar la multa, la empresa deberá implantar programas de cumplimiento ambiental y ética.