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Agricultores estonios, en pie de guerra: quieren inundar sus tierras de cultivo para restaurar los ecosistemas

Los agricultores de Estonia han encendido las alarmas ante un ambicioso plan de restauración que propone inundar cultivos para recuperar ecosistemas degradados. En la región de Kikepera, esta estrategia impulsada por proyectos europeos ha desatado un conflicto directo entre quienes dependen del uso productivo del suelo y quienes defienden la transformación ambiental del territorio.

El caso refleja una tensión creciente en Europa: cómo avanzar en la recuperación de ecosistemas sin poner en riesgo cultivos, infraestructuras y comunidades locales.

Por qué quieren inundar cultivos para restaurar ecosistemas en Estonia

El foco del conflicto está en la reserva natural de Kikepera, en el suroeste del país, donde la Agencia de Medio Ambiente de Estonia inició trabajos de rehumidificación a finales de 2025. El objetivo es revertir el drenaje realizado hace unos 80 años y devolver a la zona su condición original de humedal.

Para ello, el plan contempla cerrar más de 146 kilómetros de zanjas y construir presas que eleven el nivel freático. Esta intervención forma parte del proyecto WaterLANDS, financiado por el programa Horizon 2020 con fondos europeos.

Sin embargo, lo que sobre el papel busca restaurar ecosistemas, en la práctica implica inundar terrenos que hoy funcionan como cultivos y bosques maduros. Muchos agricultores temen que el agua alcance sus tierras productivas e incluso sus viviendas, afectando directamente su actividad económica.

El conflicto escaló rápidamente cuando un propietario local presentó una demanda con el apoyo del abogado Allar Jõks. El tribunal decidió suspender cautelarmente las obras, al considerar que no se habían evaluado correctamente los impactos sobre el entorno ni se había consultado adecuadamente a los afectados.

El choque entre ciencia, leyes y agricultores en Kikepera

Más allá del plano legal, el caso ha abierto un fuerte debate científico. La investigadora Annela Anger-Kraavi, vinculada a la Universidad de Cambridge, advierte que inundar estos terrenos puede generar el efecto contrario al buscado.

Según explica, al morir los árboles se detiene la captura de CO₂ y comienza la descomposición de materia orgánica bajo el agua, lo que puede liberar metano, un gas de efecto invernadero especialmente potente. Además, alcanzar un nuevo equilibrio ecológico podría llevar décadas o incluso siglos.

La crítica también apunta al diseño del proyecto. WaterLANDS fue concebido como una iniciativa científica, pero en Kikepera se está aplicando a gran escala, en una superficie de hasta 35 kilómetros cuadrados, sin pruebas previas suficientes en áreas más pequeñas.

A esto se suma un vacío legal reconocido por autoridades como la ministra de Justicia Liisa-Ly Pakosta, quien ha señalado que Estonia no cuenta con un marco normativo adecuado para este tipo de intervenciones. Incluso la Defensora del Pueblo, Evelin Lopman, advirtió que no existe un documento integral que evalúe los riesgos ni un responsable claro en caso de daños.

Mientras tanto, los agricultores insisten en que no se oponen a la restauración de ecosistemas, pero sí a la forma en que se está ejecutando. Denuncian falta de diálogo, ausencia de estudios completos y el riesgo real de perder cultivos, propiedades y formas de vida ligadas al territorio.