El payaso Maripino acude a un polideportivo de Leganés para hacer reír a los niños evacuados por los incendios: «El humor es la mejor medicina»

Durante las horas más complicadas de los incendios que arrasaron el oeste de la Comunidad de Madrid, el polideportivo de La Cantera, en Leganés, se convirtió en refugio para cientos de personas que tuvieron que abandonar sus casas. Familias enteras llegaron hasta estas instalaciones municipales mientras esperaban noticias sobre la evolución del fuego y sobre cuándo podrían regresar a sus hogares.
🫂#Leganés se está volcando con los afectados por la peor ola de incendios de la historia de la @ComunidadMadrid
🛏️ El Ayuntamiento ha puesto a su disposición la Instalación Deportiva ‘La Cantera’, donde desde primera hora de la tarde han ido llegando hasta 120 personas… pic.twitter.com/vwwCwrZuOt
— Ayuntamiento de Leganés (@AytoLeganes) July 24, 2026
Entre camas, agua, alimentos y productos de primera necesidad hubo también espacio para las risas. El payaso Maripino, ya convertido en personaje icónico de la ciudad de Leganés, acudió hasta el centro de acogida para entretener a los niños evacuados y conseguir que, aunque solo fuera durante unos minutos, pudieran olvidarse de los incendios y de la preocupación que había llevado a sus familias hasta allí.
Los vecinos evacuados ya han podido regresar a sus casas, pero aquel gesto permanece como una de las historias que dejó la ola de solidaridad desplegada durante la emergencia. El propio payaso recuerda cómo recibió la llamada que le llevó hasta La Cantera y cómo se encontró con unos niños que todavía intentaban comprender qué estaba ocurriendo.
Un payaso llega al polideportivo de Leganés para entretener a los niños evacuados
La tarde del viernes, alrededor de las seis y media, recibió varias llamadas en las que le contaron que el polideportivo había comenzado a recibir a personas evacuadas por los incendios. Hasta ese momento no sabía que La Cantera se había convertido en uno de los puntos de acogida habilitados para atender a los desplazados.
Cuando le propusieron acudir para entretener a los niños, no se lo pensó dos veces. «Me dijeron que si podía ir un ratito a entretenerlos y la verdad es que para allá me fui corriendo», cuenta.
Su decisión tampoco fue casual. Acostumbrado a utilizar el humor para arrancar sonrisas en momentos complicados, asegura que le gusta estar cuando se le necesita: «Me encanta ser solidario con la gente y el día que me necesitan siempre acudo».
Esta vez sabía que su presencia podía servir para algo tan sencillo como necesario: permitir que, aunque solo fuera durante unos minutos, los más pequeños pudieran olvidarse de los incendios, de la incertidumbre y de la preocupación de sus familias.
«Me hablaron de que se estaban quemando sus casitas»
Dentro del polideportivo, la realidad era muy distinta para los adultos. Las familias permanecían pendientes de la evolución del fuego y de la posibilidad de que las llamas alcanzaran sus viviendas. La preocupación por lo que podían encontrarse al regresar a sus casas estaba presente entre los evacuados.
Los niños, mientras tanto, afrontaban la situación de maneras diferentes. Algunos eran plenamente conscientes de lo que estaba sucediendo y otros todavía no terminaban de comprender por qué habían tenido que abandonar sus casas.
El propio payaso explica que algunos pequeños llegaron a hablarle de que «se estaban quemando sus casitas». Fue entonces cuando decidió llevarlos a su terreno. «Quitándole un poco de hierro, me los pude llevar a mi terreno, que es el de las sonrisas».
Durante unos minutos, el incendio dejó de ser el protagonista. Los niños pudieron jugar, reír y entretenerse mientras sus familias continuaban pendientes de las noticias y de cuándo podrían regresar a sus hogares.
«En ese momento no se acuerdan de nada, nada más que de reírse»
Para él, conseguir esa transformación tiene un valor especial. Defiende que el humor puede convertirse en una especie de refugio incluso en las situaciones más difíciles. «El humor es la mejor medicina», sostiene.
Una sonrisa, explica, puede hacer que durante un momento una persona deje de pensar en aquello que le preocupa. «En ese momento no se acuerdan de nada, nada más que de reírse», señala.
Por eso considera que hacer reír no es algo menor cuando alguien atraviesa una situación complicada. «Es una forma muy sana de curar las heridas»
De los incendios de Madrid a la DANA de Valencia
No es la primera vez que utiliza su trabajo para intentar aliviar la situación de personas afectadas por una emergencia. Una de las experiencias que más recuerda es la vivida durante la DANA de Valencia, una situación que, reconoce, tiene «marcada para siempre».
Allí se encontró con calles cubiertas de barro, negocios cerrados y niños que permanecían prácticamente recluidos en sus casas. Encontrar un espacio mínimamente acondicionado para ellos tampoco fue sencillo.

Finalmente, localizó una pequeña plaza que estaba «medio limpia» y consiguió reunir allí a algunos niños para entretenerlos durante un rato. «La verdad que se fueron muy contentos y deseando que volviera», recuerda.
Son experiencias que le han llevado a acudir en otras ocasiones allí donde considera que puede aportar algo. «Por desgracia, he tenido que estar en varios sitios en los que no me hubiera gustado estar», reconoce.
La sonrisa como refugio para los niños evacuados
Su aportación en Leganés fue diferente a la de quienes llevaron agua, comida, ropa o productos de higiene. Su herramienta fue el humor y su objetivo, conseguir que los niños pudieran recuperar durante un rato la normalidad que el fuego les había arrebatado.
«A mí me encanta sacar sonrisas, tanto a mayores como a pequeños», explica. Y asegura que también para quien provoca esa sonrisa existe una recompensa. «Es muy satisfactorio», cuenta.
Quizá por eso insiste en que no hace falta estar atravesando una emergencia para buscar esos momentos. Cualquier espectáculo que consiga arrancar una carcajada puede servir para desconectar, aunque sea durante unos minutos, de los problemas cotidianos.
«Yo creo que todos en algún momento de la vida deberían ir a ver algún espectáculo, ya no de payasos, no sé, un monólogo, algo que te haga reír y que te evada durante ese instante», concluye.