El Foco

Sacerdote trinitario Antonio Aurelio: “He visto cómo mataban por rezar”

"No sólo matan, también torturan, someten, destruyen lentamente", relata el misionero

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Más de 380 millones de cristianos viven perseguidos en el mundo. Entre 4.000 y 5.000 son asesinados cada año. Son cifras respaldadas por informes como los de Open Doors, que sitúan el problema en una dimensión terrorífica: aproximadamente uno de cada siete cristianos sufre algún tipo de persecución o discriminación grave. No es una cuestión del pasado. No es historia. No. Es presente.

En su conversación en El Foco, el sacerdote consejero de la Orden General de la Santísima Trinidad, Antonio Aurelio, misionero en países como Siria, Irak o Sudán, habla desde la experiencia directa. Ha vivido cuatro guerras; ha visto violencia; ha convivido con comunidades donde la fe no es una creencia íntima, sino un riesgo permanente. «He visto asesinatos por motivos religiosos. No sólo matan, también torturan, someten, destruyen lentamente».

En regiones como Nigeria, Pakistán o Corea del Norte, organizaciones internacionales y entidades como Amnistía Internacional o Human Rights Watch documentan ataques, detenciones arbitrarias, conversiones forzadas y violencia sistemática contra minorías religiosas. Y, sin embargo, apenas ocupa espacio en la conversación pública occidental. «No hay una reacción proporcional a lo que está pasando», reconoce. La frase obliga a mirar hacia fuera y hacia dentro; a preguntarse por qué algunas causas generan movilización inmediata y otras permanecen en un silencio casi absoluto. No se trata de jerarquizar el sufrimiento. Se trata de entender por qué ciertas realidades no consiguen atravesar la barrera de la indiferencia.

La persecución religiosa existe. Está documentada. Tiene cifras, nombres y lugares. La diferencia es que, en muchos casos, no tiene atención. Y esa ausencia, como deja entrever la conversación, también forma parte del problema.

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