Descubrimientos arqueológicos

Bombazo sin precedentes en la egiptología: un arqueólogo asegura haber encontrado una segunda esfinge en Giza

segunda esfinge en Giza
Filippo Biondi, arqueólogo que asegura la existencia de una segunda esfinge. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
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El espacio dominado por las tumbas de Keops, Kefrén y Micerino es objeto de un escrutinio incesante por parte del entorno académico y científico. Varias líneas de evaluación llevan tiempo desarrollándose allí, con el objetivo de descubrir y mapear algunas de las formaciones colosales que allí descansan. Y bajo este escenario de observación sistemática, cobra especial relevancia la impopular tesis que defiende la presencia de una segunda esfinge en Guiza.

Por conspiranoico que suene, diversas marcas topográficas y traducciones de estelas faraónicas motivaron a un grupo pericial a rastrear coordenadas opacas del cerco funerario.

¿Por qué aseguran que hay una segunda esfinge en Guiza?

El especialista en radares de apertura sintética Filippo Biondi ha comunicado de manera pública la localización de una edificación gigante que cambiaría todo lo que se sabe hasta el momento del Antiguo Egipto. Mediante herramientas de percepción espacial a larga distancia, su equipo cartografió rarezas inusuales bajo un gran promontorio de cincuenta metros.

Conforme a las pautas que Biondi expuso recientemente en el pódcast estadounidense Limitless, las gráficas muestran una correlación matemática precisa. Esta silueta escondida encarnaría, a ojos del complejo análisis acústico, una segunda esfinge en Giza sepultada a gran profundidad.

Los modelos tridimensionales del programa reflejan trazados esquemáticos idénticos a los del famoso guardián de piedra calcárea. El sensor identificó túneles de disposición horizontal, galerías perpendiculares y oquedades muy asimilables a los pasadizos subterráneos del recinto original.

El sistema registra variaciones imperceptibles originadas sobre la superficie del desierto para recomponer la densidad volumétrica de las capas profundas. La decodificación elaborada de picos electromagnéticos permite trazar un bosquejo nítido que demarca el perfil físico del obstáculo de roca.

La brutal exactitud de tales sensores al evaluar el núcleo arcilloso abre esquemas de prospección inimaginables en décadas pasadas. Un método tan innovador interconecta preceptos astrofísicos y labor arqueológica para examinar sectores herméticos ante los parámetros de excavación regular.

La teoría de la segunda esfinge se apoya en la geometría de Guiza

Parte de la teoría se apoya en la disposición geométrica del conjunto de Guiza. Según sus defensores, al trazar líneas entre las grandes pirámides y la Esfinge aparece un punto opuesto que encajaría con una simetría casi exacta.

Ese lugar coincide con una pequeña elevación del terreno que, según explican, ha sido analizada con escáneres satelitales. A partir de esas imágenes, el equipo cree haber localizado indicios de una estructura enterrada.

Otro de sus argumentos está en la llamada Estela del Sueño, mandada levantar por Tutmosis IV. En ella aparecen dos figuras leoninas frente a frente, un detalle que algunos interpretan como una posible referencia a una segunda esfinge.

A eso se suman varios cálculos sobre las proporciones de la meseta, que según esta hipótesis mostrarían relaciones geométricas muy precisas. Para sus autores, esa regularidad refuerza la idea de que la ubicación no sería casual, aunque por ahora no existe una prueba arqueológica definitiva.

Exploración con drones y robots en Guiza para comprobar la teoría

El equipo de Filippo Biondi asegura tener un alto nivel de confianza en sus resultados, pero reconoce que necesita pruebas directas. Por eso, ya prepara una solicitud formal para obtener permisos y poder investigar la zona sobre el terreno.

El plan incluye explorar posibles cavidades cercanas a la Esfinge mediante drones y pequeños robots equipados con cámaras. Estos dispositivos podrían acceder a zonas inestables sin poner en riesgo a los arqueólogos.

La idea es utilizarlos para atravesar pasadizos bloqueados o llenos de escombros acumulados durante siglos. Así se podría observar si esas estructuras conducen realmente a espacios más amplios bajo tierra.

Una vez despejada la zona, los investigadores analizarían las cavidades para comprobar si tienen un origen artificial o natural. El objetivo final es confirmar si existe una estructura oculta que respalde la hipótesis.

Aun así, cualquier intervención depende de la autorización de las autoridades egipcias, que suelen aplicar controles muy estrictos. También se contemplan métodos menos invasivos, como estudios con escáneres avanzados desde la superficie.

Escepticismo en la comunidad científica tras las afirmaciones de Filippo Biondi

La mayoría de los egiptólogos se muestran muy escépticos ante esta teoría. Consideran que no hay pruebas suficientes y que la idea de una segunda esfinge resulta, por ahora, poco plausible.

Algunos expertos advierten de que los escáneres pueden interpretar formaciones naturales como si fueran estructuras artificiales. En zonas de piedra caliza como Giza, es habitual encontrar cavidades que pueden dar lugar a confusiones.

También se cuestiona la fiabilidad de los datos obtenidos a gran profundidad. Factores como el agua subterránea o la composición del terreno pueden alterar las lecturas y generar interpretaciones erróneas.

Frente a estas críticas, los defensores de la hipótesis insisten en seguir investigando y piden más estudios independientes. De hecho, algunos equipos internacionales ya están revisando métodos similares para comprobar si los resultados son reproducibles.

Por ahora, el debate sigue abierto. Sin evidencias arqueológicas directas, la posible existencia de una segunda esfinge se mueve entre la especulación y una línea de investigación que aún tiene mucho que demostrar.

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