1321: la conspiración de los leprosos
Entre los acontecimientos históricos menos conocidos de la antigüedad, está la llamada conspiración de los leprosos. ¿Cómo fue?
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Hace ya 700 años se descubrió y evitó una insidiosa conspiración de leprosos en contra de cualquier persona sana. En el verano del año 1321, había trascendido que los leprosos iban a contagiar a todos los cristianos sanos de Francia y España y que todos estaban confabulados en conseguirlo. ¿Conocías este suceso histórico? A continuación, te contamos más sobre ello.
La histeria y el pánico invadió la ciudad
El inquisidor francés Bernard Guy escribió en su libro “Vida de Juan XXII” que en el año 1321 se descubrió una conspiración organizada por los leprosos en contra de toda la población sana de la región.
Sus planes eran envenenar las aguas de los ríos, manantiales y pozos, vertiendo veneno y algunos preparados, para que quienes gozaran de buena salud enfermaran, igual que ellos, de lepra.
Lo sorprendente de la situación es que este grupo logró apoderarse de varias ciudades y castillos, y hasta llegaron a repartirse las tierras conquistadas y ponerse títulos de gobernantes, condes y barones.
Los enfrentamientos entre leprosos y sanos eran sangrientos y las autoridades locales fueron responsables de innumerable cantidad de muertes. La histeria dominaba a la población, en la primavera y el verano del año 1321, consiguió colarse en el palacio real.
En el mes de junio, habían llegado rumores a Felipe V de que muchos leprosos habían sido capturados y quemados en Aquitania. Estos confesaron, bajo terribles torturas, que eran los responsables de haber envenenado ríos y manantiales de todo el país.
El rey creyó inmediatamente en estos testimonios y ordenó a sus nobles, obispos y a los responsables de los municipios que detuvieran, de cualquier forma y en todas partes, el avance de los leprosos.
Rechazo generalizado y medidas de control
No se estableció jamás un aislamiento controlado de los enfermos de lepra, se prefería segregarlos, despreciarlos y condenarlos. En muchas ciudades, se tomaron medidas concretas para evitar la presencia de leprosos en las comunidades de cristianos sanos.
Sin embargo, los ricos que habían contraído la enfermedad, se autoaislaban en sus mansiones, mientras que los pobres eran desterrados de las ciudades y se veían obligados a vagar por las calles. Los leprosos pedían limosnas y estaban obligados a portar una campana, que debían hacer sonar para anunciar su presencia.
La iglesia aplicaba a los leprosos algunos preceptos bíblicos y pregonaba que el leproso debía mostrar su ropa destrozada, su cabeza descubierta y su boca cerrada, por la impureza que había invadido su cuerpo. Mientras existiera una sola úlcera en su cuerpo, aseguraba el clero, sería impuro y sucio, y debía vivir separado de la comunidad.
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