Muchos no lo creen pero nos las comíamos en la posguerra española para sobrevivir: hoy están protegidas por ley
En la posguerra se comían para sobrevivir; hoy sólo se ven en tiendas gourmet
El ingrediente humilde que hoy brilla en restaurantes gourmet
En España fue comida de pobres: hoy es un ingrediente estrella en restaurantes gourmet
La época de la posguerra española está recordada como una donde comer bien era casi imposible, y lo que se comía, en su mayoría, era comida de aprovechamiento. Desde 1939 hasta finales de los años 50, había necesidad y mucha hambre.
Por esa razón surgían platos poco comunes. Café que no llevaba café, chocolate que no era chocolate… y carne de un animal que hoy en día no sólo es impensable de comer, sino que esta especie está protegida por ley.
El animal que se comía en la posguerra… y hoy está prohibido por ley
En el libro El pan negro. Hacer memoria, Julián López García y Lorenzo Mariano Juárez recogen el testimonio de alguien que lo vivió de cerca: «Yo he visto a un hombre matar una cigüeña. Y dijo el hombre: los pobres tenemos que hacer barbaridades para mantener a los muchachos». Este no era un caso aislado, sino una escena repetida, aunque nadie la contara mucho.
La cigüeña se cazaba y se cocinaba como cualquier otro animal. Era lo que había. Igual que caían lagartos, ratas, gatos o serpientes. Todo lo que se movía y pudiera comerse, acababa en la olla. En aquel entonces el hambre no perdonaba.
El sabor de la cigüeña, según algunos de los pocos que lo recuerdan, dependía de lo que comía: sapos, culebras, ratones y bichos varios. La cigüeña puede pesar unos 3,4 kilos, algo similar a una gallina grande o un pollo bien criado. En la época de la posguerra, eso ayudaba a solucionar una comida sustanciosa y muy necesaria.
Qué dice la ley sobre las cigüeñas hoy en día
Si bien comer cigüeña era una realidad en la época de la posguerra, en la actualidad es algo que no se contempla de ninguna manera. De hecho, cazar o comerse una cigüeña ya no es sólo una barbaridad, sino que es un delito.
La ley indica que la cigüeña blanca está protegida por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Matarla, molestarla o tocar su nido puede costar hasta 200.000 euros de multa, o incluso acabar en prisión.
No se pueden destruir nidos, ni moverlos, ni siquiera «espantarlas». Si su nido pesa demasiado y pone en riesgo una estructura, hay que pedir un permiso especial a la comunidad autónoma. Se puede instalar una cesta metálica o un soporte artificial, pero siempre con autorización.
La protección no es cosa menor. La cigüeña blanca y la cigüeña negra están incluidas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Y además, están bajo el paraguas de la Directiva de Aves de la UE y del Convenio de Berna. Ya no son aves que sobrevuelan los pueblos como antes, ahora son una especie que se cuida.
Zonas como Extremadura o el valle del Ebro (con casos como Alcalá de Henares, donde hay una colonia urbana enorme) son puntos donde las cigüeñas conviven con las ciudades.
Lo que en la posguerra era una solución, hoy podría ser un gran problema. Por eso, lo mejor es quedarse con lo que se ofrece en el presente y no mirar atrás con hambre.
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