Cinco años de los atentados de La Rambla y Cambrils: las preguntas que aún esperan respuesta

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Los atentados del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils (Tarragona) cumplen cinco años este miércoles, con el caso ya juzgado en la Audiencia Nacional y con una sentencia que el año pasado condenó a tres miembros de la célula yihadista que los organizó. Los atentados causaron 16 muertes y la sentencia del caso reconoce a 350 víctimas de los hechos por heridas físicas o daños psicológicos. Y quedan aún muchas preguntas sin resolver.

¿Cómo pasan unos jóvenes aparentemente normales de Ripoll a querer obsesionarse con volar la Sagrada Familia? ¿Qué papel jugó el imán Abdelbaki Es Satty? ¿Era confidente Es Satty del CNI? ¿Por qué no se investigaron a fondo los viajes de Es Satty a Bruselas? ¿Hubo otro cerebro además del imán Es Satty?  ¿Era Younes Abouyaaqoub confidente de los Mossos? ¿Qué hacía un mosso hablando 4 minutos por teléfono con el terrorista de La Rambla dos horas antes de la matanza? ¿Cómo pudieron los Mossos no darse de cuenta de lo que escondía la explosión de Alcanar? ¿Cómo es posible que no les llamara la atención los 500 litros de acetona, bicarbonato y aproximadamente 340 litros de peróxido de hidrógeno que había en la casa?

Los atentados

El 16 agosto por la noche, una explosión en la casa de Alcanar (Tarragona) -donde la célula preparaba los atentados y guardaba un centenar de bombonas de butano, precursores de explosivos, metralla, granadas artesanales y un cinturón bomba- precipitó los ataques improvisados del día siguiente.

Unos minutos antes de las 17 horas del jueves 17 de agosto de 2017, Younes Abouyaaqoub al volante de una furgoneta se subió a la plataforma peatonal de La Rambla conduciendo en zig zag para arrollar a los peatones desde la plaza Catalunya hasta la altura del Liceu, asesinando a 14 personas. Unas horas más tarde, a la una de la madrugada del 18 de agosto, en Cambrils, otros cinco miembros de la cédula atropellaron a seis personas, entre ellos una Mossa, matando a una mujer. Abouyaaqoub murió abatido por los Mossos cuatro días después tras una persecución a contrarreloj -en la que mató a la víctima 16- al ser descubierto en un campo de Subirats (Barcelona), mientras que los autores del ataque en Cambrils fueron abatidos en su huida momentos después del atentado.

Las preguntas

¿Cómo pasan unos jóvenes hijos aparentemente normales de Ripoll a querer obsesionarse con volar la Sagrada Familia?

La periodista Anna Teixidor, autora del libro Los silencios del 17-A, afirma que «vivían un conflicto en su identidad al sentirse marginados, pese a llevar en Ripoll casi toda la vida». Pero no puede hablarse de un fracaso de integración. «Como residentes legales en España, -tal como explica un informe del Instituto Elcano- todos tenían acceso a los mismos servicios públicos de salud y educación, entre otros, que cualquier otro ciudadano. Además, los nueve se beneficiaban de un programa para prevenir la exclusión social entre personas de origen inmigrante. Siete de los nueve habían completado la educación secundaria, y de ellos, seis habían seguido o estaban siguiendo estudios de formación profesional. En agosto de 2017, o hasta poco antes, Younes Abouyaaqoub y Mohamed Hichamy tenían empleo como trabajadores cualificados en una empresa metalúrgica. Mohamed Hichamy recibía un salario mensual de 2.000 euros y se beneficiaba de vivienda de protección oficial, al igual que otros miembros de la célula y sus familias». La respuesta hay que buscarla en el papel del imán Es Satty: «Él es el catalizador. Es el que les anima a atentar y les transmite la interpretación más radical del Islam», dice Teixidor. Es Satty es quien actuó sobre ellos como agente de radicalización.

¿Qué papel jugó el imán Abdelbaki Es Satty? ¿Era confidente del CNI?

Aldelbaki Es Satty, el imán de Ripoll y cerebro de los atentados de Barcelona y Cambrils, era confidente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en el momento en el que su célula yihadista cometió la matanza en La Rambla, el pasado 16 de agosto, según reveló OKDIARIO. Los investigadores están convencidos de que el imán salafista, una de las corrientes más violentas del Islam, mantuvo una doble vida ante sus agentes de contacto del CNI. Siendo confidente de los servicios secretos, cuesta entender que no se le tuviera lo suficientemente controlado para evitar que captase a nueve jóvenes de Ripoll.

Los investigadores están convencidos de que el imán salafista, una de las corrientes más violentas del Islam, mantuvo una doble vida ante sus agentes de contacto del CNI.

¿Por qué no se investigaron a fondo los viajes de Es Satty a Bruselas?

El cerebro de los atentados de Barcelona y Cambrils recibió varias visitas de agentes del CNI durante su estancia en la cárcel de Castellón, donde cumplió condena entre 2010 y 2014, tras ser detenido cuando intentaba introducir en la Península 121 kilos de hachís en una furgoneta. Se trata de un protocolo habitual que utiliza el CNI para captar confidentes e intentar detectar a presos que pueden radicalizarse en el yihadismo. Entre enero y marzo de 2015 Es Satty viajó varias veces a Bélgica, más concretamente a Bruselas, donde se encuentra una de las principales bolsas de extremismo islamista, y se ofreció sin éxito como imán. Ahí se le perdió la pista. “Mossos, Policía y Guardia Civil enviaron muchas comisiones rogatorias al extranjero y peticiones de información, pero con poco éxito”, explica Teixidor. Así todo, el ex director Félix Sanz Roldán afirmó que el CNI no había cometido ningún «error» con el imán de Ripoll: “Fue un servicio impecable”.

¿Hubo otro cerebro además del imán Es Satty?

Teixidor no lo descarta. Cree posible que Es Satty no fuera en realidad el único cerebro de los atentados, sino que recibiera las órdenes desde Bélgica o incluso Siria, donde el ISIS tenía hace tres años mucho poder.

¿Era Younes Abouyaaqoub confidente de los Mossos? ¿Qué hacía un mosso hablando 4 minutos por teléfono con el terrorista de La Rambla dos horas antes de la matanza?

De entre las muchas preguntas que quedan por aclarar sobre el atentado, destacan la de ¿por qué o para qué llamaron al terrorista yihadista desde una sede oficial de los Mossos un par de horas antes de la masacre?  Un agente de los Mossos d’Escuadra conversó durante cuatro minutos con Younes Abouyaaqoub, el terrorista yihadista que atropelló y asesinó a 14 personas en La Rambla de Barcelona, dos horas antes del atentado. La llamada del funcionario de la policía autonómica al móvil del autor de la matanza fue realizada sobre las tres de la tarde desde una extensión a través de la centralita de una delegación de ese Cuerpo en la Ciudad Condal. Una explicación es que se le llamó para que fuera a recoger su coche en la casa de Alcanar. Si esta fue la razón, es la chapuza del siglo. En todo caso la respuesta sólo la tiene el responsable de la llamada o el jefe de quien pudo recibir la orden. Porque el terrorista murió abatido a tiros por los Mossos el 19 de agosto, dos días después de la matanza, y cualquier otra explicación se la llevó a la tumba.

¿Cómo pudieron los Mossos no darse de cuenta de lo que escondía la explosión de Alcanar? ¿Cómo es posible que no les llamara la atención los 500 litros de acetona, bicarbonato y aproximadamente 340 litros de peróxido de hidrógeno que había en la casa?

La titular del Juzgado Número 2 de Amposta, Sonia Nuez Rivera, jamás podrá olvidar cuando acudió al chalé de Alcanar para realizar una inspección ocular y al ver las bombonas (una decena) desperdigadas entre las ruinas, apuntó la posibilidad de que pudiesen «estar preparadas para un atentado», ya que no le convencía la versión de que aquella explosión se había producido en un laboratorio de drogas. Y es que los materiales en la escena no le cuadraban. La respuesta de los Mossos que acompañaban a la jueza,  le heló la sangre: «Señoría, no exagere». Faltaban unas horas para que una furgoneta sembrase de muerte La Rambla. Fue una de las tantas chapuzas que cometieron los Mossos, por su arrogancia y soberbia de no permitir la ayuda de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Las condenas

El juicio se alargó durante 32 sesiones entre noviembre de 2020 y febrero de 2021: la sentencia de la Audiencia Nacional impuso penas de 53, 46 y 8 años de cárcel a Mohamed Houli Chemlal, Driss Oukabir y Said Ben Iazza, pero después de un recurso rebajó las condenas más altas en 10 años cada una, habiendo ya fijado un límite máximo de cumplimiento de 20 años de prisión.

Ninguno de ellos ha sido condenado por los 16 asesinatos en La Rambla de Barcelona y el paseo marítimo de Cambrils -que cometieron otros miembros de la cédula que murieron durante los ataques y en la explosión de Alcanar (Tarragona) el día antes de los atentados- a pesar de que lo pidieron las acusaciones particulares y populares, porque el tribunal considera que no participaron ni estaban al corriente de estos ataques.

Ninguno de ellos ha sido condenado por los 16 asesinatos en La Rambla de Barcelona y el paseo marítimo de Cambrils

Chemlal y Oukabir fueron condenados por los delitos de pertenencia a organización terrorista, tenencia, depósito y fabricación de explosivos de carácter terrorista, y estragos en tentativa de carácter terrorista, además de 29 delitos de lesiones por imprudencia grave. La rebaja de las penas responde a que el tribunal consideró que Houli Chemlal y Oukabir no tenían una verdadera intención de matar con la segunda explosión de la casa de Alcanar.

¿Cómo pasan unos jóvenes de Ripoll de salir por la noche, beber alcohol y ligar con chicas a abrazar un rigorismo religioso extremo y obsesionarse con volar la Sagrada Familia? ¿Su entorno vio señales de radicalización?

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