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Paula Nuévalos (27 años): «Soy agricultora autónoma y la mayor ventaja es que eres libre de cogerte las vacaciones cuando quieras»

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Agricultores. Foto: Freepik
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Trabajar por cuenta propia tiene ventajas que no siempre aparecen cuando se habla del campo. Para Paula Nuévalos (@agropauli), una agricultora autónoma de 27 años, una de las más importantes es precisamente la libertad para organizar su tiempo.

No necesita pedir permiso para ausentarse unos días o cuadrar sus vacaciones con las de una empresa: ella decide cuándo puede parar y cómo distribuir su jornada.

Ser agricultora autónoma te permite gestionar el tiempo con más libertad

Una de las principales diferencias entre ser asalariada y trabajar por cuenta propia está en la capacidad para tomar decisiones sobre la propia actividad. No hay un horario impuesto por una empresa ni que solicitar días libres para atender determinadas cuestiones personales.

Para Nuévalos, esa flexibilidad tiene un valor especial. Puede atender asuntos familiares, reservar tiempo para sus aficiones o modificar sus planes cuando lo necesita. Es una forma de trabajar que le permite adaptar su actividad a las circunstancias de cada momento.

Eso sí, la autonomía no significa que el trabajo desaparezca. Una explotación agrícola exige estar pendiente de los cultivos, de las tareas de mantenimiento, de la producción y de todo aquello que pueda surgir.

Precisamente por eso, trabajar en el campo obliga a desarrollar conocimientos muy diversos. Quien gestiona su propia explotación acaba enfrentándose a cuestiones relacionadas con la maquinaria, la logística, la contabilidad, la comercialización o el cuidado del suelo.

Es una formación práctica y continua que hace que el agricultor termine adquiriendo conocimientos en áreas que inicialmente no dominaba.

Los retos de trabajar por cuenta propia también fortalecen la resiliencia

El emprendimiento agrario tiene además una parte menos visible: la capacidad para afrontar la incertidumbre. La meteorología puede cambiar los planes de una campaña y los precios del mercado pueden condicionar los resultados. Son factores que no siempre están bajo el control del agricultor.

En el caso de Paula Nuévalos, esa exposición constante a los imprevistos ha contribuido, según explica, a desarrollar una particular resistencia ante las dificultades. Ella habla de tener una «pasta especial» para afrontar los problemas del día a día y de contar con una «salud de acero».

A esta capacidad para sobreponerse se suma, según Paula, otra ventaja: la posibilidad de hacer crecer el negocio sin un techo salarial establecido. «No tienes techo en lo que puedes ganar», explica, aunque también reconoce que esa libertad implica asumir el riesgo contrario, ya que tampoco existe un límite a lo que se puede perder.

Una gran ventaja de ser agricultora autónoma: elegir cuándo llegan las vacaciones

La flexibilidad también se traslada a los periodos de descanso. Paula reconoce que poder cogerse las vacaciones cuando quiera puede acabar significando que nunca encuentra el momento perfecto para hacerlo. Sin embargo, la posibilidad de decidir cuándo parar está ahí y depende de las necesidades de su propia actividad.

Pero hay una ventaja que considera todavía más importante: ser dueña de su tiempo. Si un martes necesita ir al médico, acompañar a su madre, recoger a sus hijos o simplemente quiere salir con la moto, puede hacerlo.

Para Paula, esa capacidad de disponer de su agenda es uno de los mayores atractivos de trabajar por cuenta propia. Su mensaje no pretende ocultar las dificultades de ser autónoma, sino reivindicar también la parte positiva de su trabajo.

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