Francia pone en alerta a los mercados: su deuda alcanza máximos de 2012 y crece el temor al contagio en Europa
El deterioro fiscal y político puede elevar el coste de la deuda y extender la tensión a otros mercados europeos
Francia ha dejado de ser únicamente un problema político para convertirse también en una preocupación creciente para los mercados. Pero esto no surge de la noche a la mañana, los inversores llevan meses vigilando el deterioro de las cuentas públicas francesas y su evolución en la deuda, los bancos franceses y el euro.
El problema viene cuando el riesgo empieza a materializarse. El diferencial entre la deuda francesa y la alemana a diez años (el OAT-Bund, que mide cuánto más tiene que pagar Francia para financiarse frente a Alemania) ha superado los 110 puntos básicos, su nivel más elevado desde la crisis del euro de 2012.
Una ampliación sostenida del diferencial supondría una señal cada vez más clara de pérdida de confianza en la trayectoria fiscal francesa.
Para Pablo Vega, experto en finanzas de Roams, los 150 puntos básicos serían un escenario plausible si continúa el deterioro político y fiscal, mientras que los 200 puntos representarían una situación de tensión severa. El verdadero problema, explica, no sería alcanzar una cifra concreta, sino que la subida fuese rápida y persistente y empezara a trasladarse a las subastas de deuda y al coste de financiación de los bancos.
«Probablemente el rango de los 200 puntos básicos provoque un aumento muy importante de la preocupación sobre la deuda francesa», señala Javier Cabrera, analista de XTB, aunque matiza que no tiene por qué existir un umbral exacto. A su juicio, una prima en esos niveles reflejaría una mayor desconfianza del mercado sobre la capacidad de Francia para cuadrar sus cuentas.
Todo esto mientras aumentan las rentabilidades de otros grandes mercados de deuda. Para Michaël Nizard, analista de Edmond de Rothschild AM, el elemento determinante no es únicamente el volumen de deuda pública, sino su trayectoria futura. Francia parte de una deuda cercana al 120% del PIB y mantiene un déficit elevado, mientras que el aumento de los costes de financiación comienza a afectar a las perspectivas de las cuentas públicas.
Durante años, Francia pudo mantener unos costes relativamente contenidos pese al deterioro de sus finanzas. Ahora, sin embargo, los inversores están exigiendo una mayor prima frente a Alemania.
Nizard apunta a que el aumento de las rentabilidades está reduciendo progresivamente el margen de maniobra del Gobierno, es decir, la deuda antigua se va refinanciando a tipos más elevados y el pago de intereses adquiere cada vez más peso.
Cabrera coincide en que el principal problema está en la dificultad para aprobar medidas que permitan corregir el déficit. A su juicio, el debate no debería centrarse únicamente en el coste de la política monetaria, sino en la capacidad de Francia para adoptar medidas fiscales que permitan reducir el déficit.
La inflación complica el escenario
Pero el problema fiscal es uno de los muchos frentes de Francia. La inflación armonizada francesa se aceleró hasta el 3,4% interanual en septiembre, frente al 2,6% de agosto, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía.
En este sentido, una inflación más elevada limita el margen para reducir los tipos de interés si las presiones sobre los precios persisten, y esto para Francia, puede convertirse en una combinación incómoda con más inflación y mayores costes de financiación.
Según Cabrera, el Gobierno calcula un sobrecoste de intereses de unos 10.000 millones de euros para el próximo año. Cada incremento de la rentabilidad exigida por los inversores encarece, por tanto, la refinanciación de una deuda que ya parte de niveles elevados.
Cabrera considera que la deuda será la primera y gran perjudicada, precisamente porque el origen del problema está en el elevado endeudamiento y en la dificultad para alcanzar acuerdos que permitan reducir el déficit.
Después podrían aparecer efectos sobre el sistema financiero. Vega señala que los bancos franceses son uno de los principales canales que hay que vigilar: un aumento del coste de financiación del Estado puede terminar elevando también el coste al que se financian las entidades y reduciendo el valor de sus carteras de bonos.
Medios estadounidenses ya han señalado que los bancos franceses domésticos están teniendo un comportamiento peor que el conjunto del mercado europeo y que también han aumentado los costes de protección frente a un eventual impago de deuda francesa.
El CAC 40, sin embargo, ofrece una señal menos directa. Muchas de las grandes compañías francesas tienen una elevada exposición internacional y generan una parte importante de sus ingresos fuera del país, lo que puede amortiguar el impacto de una crisis exclusivamente doméstica.
¿Riesgo de contagio?
Si la situación continua así, una subida de la prima francesa podría aumentar la presión sobre otros países si los inversores empiezan a exigir mayores rentabilidades en el conjunto de la zona euro.
Cabrera considera que el alcance dependerá de la respuesta del BCE y pone en el foco a Bélgica, como uno de los países con mayor nivel de deuda y déficit primario.
Ante todo, los expertos señalan que conviene vigilar las primas de riesgo de Italia y España frente a Alemania, además del coste de financiación de los bancos europeos.
En este sentido, el escenario se convertiría en un problema claramente europeo si los inversores dejasen de considerar que la tensión está limitada a Francia y empezasen a cuestionar la capacidad de la zona euro para contener una eventual fragmentación financiera.
La evolución de las cuentas públicas será, por tanto, una de las principales referencias para los inversores. Los expertos consideran que el debate presupuestario de los próximos meses será una prueba de la capacidad de Francia para presentar una trayectoria fiscal creíble.
Francia no es Grecia
Sin embargo, los analistas sostienen que la situación francesa no equivale a un escenario de impago ni a una repetición de las crisis de deuda de 2011-2012. Francia mantiene una economía diversificada, un mercado de deuda profundo y un sistema financiero sólido, además de una base importante de ahorro privado.
El riesgo vendría si una combinación de déficit elevado, deuda cercana al 120% del PIB, incertidumbre política, inflación y mayores costes de financiación termina reduciendo progresivamente el margen de maniobra del Gobierno.
La clave estará en si Francia consigue frenar esa dinámica antes de que el aumento de los intereses se convierta en un problema mayor para sus cuentas públicas. Por ahora, los inversores están exigiendo una prima mayor para financiar al Estado francés; cuanto más tiempo permanezca elevada, más difícil será corregir el déficit sin asumir costes adicionales.