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Louis Vuitton, Burberry y Hermès caen hasta un 60% en Bolsa: China y la guerra pasan factura al lujo

Compañías como Louis Vuitton, Hermès o Burberry acumulan fuertes caídas, que en algunos casos superan el 60%

Louis Vuitton, Burberry y Hermès caen hasta un 60% en Bolsa: China y la guerra pasan factura al lujo
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  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en [email protected]

Durante años el lujo fue el valor refugio preferido para los inversores. Sin embargo, el brillo de este sector parece haberse apagado en Bolsa. Algunas de las grandes firmas europeas llegan a perder hasta un 60% de su valor desde máximos y otras arrastran una caída del 20% desde el inicio de la guerra.

El enfriamiento del consumo en China y el impacto de los conflictos geopolíticos son los principales motivos por los que el mercado se desploma. Además, esto ha empujado al consumidor a dirigir su fortuna hacia la inteligencia artificial, los mercados privados y otros activos alternativos.

En lo que respecta a China, Giorgio Semenzato, CEO de Finizens, señala que el gigante asiático llegó a representar más de un tercio del crecimiento global del sector. La debilidad inmobiliaria y del consumo doméstico han frenado en seco las ventas.

Al enfriarse la demanda, el mercado ha ajustado con dureza unas valoraciones bursátiles que se encontraban en niveles máximos históricos y que descontaban un escenario de crecimiento perpetuo inapropiado para el momento actual del ciclo.

El sector pierde a su cliente favorito

Por su parte, el analista Pablo Vega sostiene que China tiene un peso muy relevante en esa revisión. No porque haya dejado de ser un mercado decisivo para el lujo, sino porque ya no actúa como un motor infalible de crecimiento.

«El cliente de muy alto patrimonio resiste mejor, pero el consumidor aspiracional es importante para muchas marcas y categorías», sostiene.

Aunque el gigante asiático no es el único enemigo al que se enfrenta el lujo. Las tensiones geopolíticas, los aranceles, la fortaleza de algunas divisas o la menor intensidad del turismo de compras han añadido presión.

En lo que respecta a la guerra, las compañías de lujo que ya han presentado resultados atribuyen al conflicto en Irán una caída de entre el 1% y el 1,5% de sus ingresos.

Aunque la lista de los motivos del desplome no acaba. En este sentido, el analista Javier Cabrera añade que varias compañías han dañado mucho su imagen de marca por exponerse demasiado y en canales de venta que probablemente no eran los adecuados. Esto, sumado a que su exposición era más bien al lujo aspiracional, ha causado fuertes caídas. 

Caída de hasta el 70%

Entre los descensos, el duro golpe se lo lleva Kering, penalizada por la crisis de Gucci, que pierde alrededor del 60% desde sus máximos. También Burberry ha llegado a dejarse más del 70% desde máximos, convirtiéndose en otra de las grandes damnificadas del sector.

Ahora bien, Simenzato sostiene que la corrección no está afectando a todas las firmas por igual, evidenciando que el lujo no es un bloque homogéneo. En esta línea, Cabrera añade que el inversor debe entender que Kering no te protege contra el ciclo igual que lo puede hacer Hermès.

Compañías con una base de clientes de rentas extremadamente altas y un fuerte control de la escasez, como Hermès, muestran una mayor resiliencia operativa que aquellas más expuestas al consumidor aspiracional, que es el primero en recortar el gasto ante la incertidumbre económica.

Sin embargo, Hermès, considerada durante años la empresa «intocable» del lujo, acumula alrededor de un 19% de caída desde el inicio de la guerra y cerca de un 25-30% desde sus máximos.

Mientras que Louis Vuitton pierde aproximadamente un 8% desde el inicio del conflicto, aunque en el conjunto de 2026 la caída supera el 20% y cotiza alrededor de un 23% por debajo de su máximo de 52 semanas.

Lupa puesta en otras marcas

Ahora, los múltiplos de valoración agregados del sector se han moderado significativamente acercándose a sus medias históricas, por lo que el margen para nuevas correcciones dependerá de la estabilización macroeconómica en Asia y de que los beneficios empresariales de los próximos trimestres dejen de revisarse a la baja.

Frente al castigo que sufren gigantes como LVMH, Hermès o Kering, algunos inversores están poniendo el foco en compañías de lujo más nicho, cuyo negocio depende casi exclusivamente de clientes de muy alto poder adquisitivo.

Entre ellas destaca la italiana Brunello Cucinelli, conocida por su cachemir y por vestir a empresarios y directivos de Silicon Valley; Sanlorenzo, fabricante de superyates adquiridos por algunas de las mayores fortunas del mundo; y la china Laopu Gold, una joyera de alta gama que está ganando protagonismo entre los consumidores chinos.

Sin embargo, los expertos aseguran que el sector del lujo mantiene sus cualidades fundamentales de largo plazo: altos márgenes operativos, un elevado poder de fijación de precios y marcas con barreras de entrada casi indestructibles.

Aunque, catalogarlo de «valor refugio» de forma generalizada ha sido un error de percepción de los últimos años. Las firmas de lujo cotizadas siguen siendo renta variable y, por tanto, están plenamente sujetas a la volatilidad del mercado y a los ciclos económicos globales.

De Hermés a Nvidia

Para un inversor con un horizonte temporal amplio, el sector sigue albergando activos de alta calidad regulados por la oferta y la demanda, pero su atractivo debe medirse por su capacidad de generar flujos de caja sostenibles y no bajo la premisa de que son inmunes a las fluctuaciones del ciclo económico.

Por su parte Vega añade que aquí influye un factor macroeconómico clave: el coste de oportunidad del dinero.

El lujo ya no compite sólo contra sus propias dudas de demanda, sino también contra el atractivo relativo de otros activos que hoy ofrecen más visibilidad y más rentabilidad esperada.

Entre esas áreas están la inteligencia artificial, los semiconductores, la infraestructura digital, la defensa, la salud, la energía y la renta fija de calidad. Pero esto no implica abandonar por completo el lujo, sino reducir exposición táctica o ser mucho más selectivo.

Según los expertos, el sector seguirá teniendo marcas extraordinarias, pero con distinciones: entre cliente ultrarrico y consumidor aspiracional, entre joyería y moda, entre marcas con verdadero poder de precio y marcas que dependen más de la tendencia. Esa selectividad probablemente ha llegado para quedarse.

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