Éste es el origen de la frase hecha «borrón y cuenta nueva»: tiene que ver con la contabilidad antigua

La expresión «borrón y cuenta nueva» se utiliza cuando se decide dejar atrás un conflicto para empezar de cero, dejando el pasado atrás y centrándose en el futuro. El diccionario de la RAE recoge esta locución con el sentido de «olvidar deudas, errores, enfados, etc., y continuar como si nunca hubiesen existido».
El origen de la expresión se encuentra en los antiguos libros de contabilidad, donde todas las anotaciones se realizaban a mano. Un borrón podía inutilizar una cuenta o dificultar su lectura, por lo que era necesario cancelar ese registro y abrir uno nuevo, limpio y ordenado, para evitar cualquier posible confusión.
«Borrón y cuenta nueva»
La expresión «hacer borrón y cuenta nueva» se utiliza para indicar que se dejan atrás los errores, las diferencias o las deudas morales del pasado con el propósito de empezar de nuevo. Se utiliza cuando se decide pasar página y afrontar una nueva etapa sin resentimientos.
El origen de este dicho se encuentra en las antiguas prácticas contables. Antes de que existieran los sistemas informáticos, los registros se realizaban de forma manual en libros de cuentas. Cuando era necesario corregir un error o reiniciar un registro, se hacía un borrón sobre la anotación anterior y se abría una cuenta nueva en la que continuar el control de las operaciones. Con el tiempo, esta costumbre trascendió el ámbito de la contabilidad y pasó a utilizarse de manera figurada para expresar la idea de comenzar desde cero.
Asimismo, este tipo de frases hechas constituyen un valioso patrimonio cultural. Su origen suele estar relacionado con antiguos oficios, costumbres o acontecimientos históricos, por lo que conservan parte de la memoria colectiva de una sociedad.
Historia de la contabilidad
Las primeras evidencias de registros contables proceden del Mundo Antiguo. Entre ellas destacan las tablillas de barro de Mesopotamia, donde se anotaban operaciones comerciales mediante escritura cuneiforme. Civilizaciones como la sumeria y la babilónica desarrollaron una intensa actividad económica que hizo necesario llevar un control de los intercambios.
En el Antiguo Egipto, los escribanos desempeñaban una labor esencial al registrar tributos, cosechas y bienes bajo la autoridad del faraón. Más tarde, los griegos impulsaron normas que exigían a los comerciantes dejar constancia escrita de sus operaciones. En Roma, la administración económica también alcanzó un notable desarrollo: las familias registraban diariamente ingresos y gastos, que posteriormente se trasladaban a libros de contabilidad más completos.
Tras la desaparición del Imperio romano, Europa atravesó varios siglos de menor actividad económica. Aun así, la contabilidad no desapareció. Monasterios, obispados y señoríos feudales continuaron llevando registros de impuestos, rentas, donaciones y gastos. Con el resurgir del comercio en la Baja Edad Media, especialmente en las ciudades mercantiles italianas, la disciplina experimentó un nuevo impulso.
Durante el siglo XV coincidieron dos acontecimientos decisivos: la invención de la imprenta por Gutenberg y la generalización del uso de los números arábigos. Ambos avances facilitaron la difusión del conocimiento contable. En 1494, el fraile y matemático Luca Pacioli publicó la obra Summa de Arithmetica, Geometria, Proportioni et Proportionalità, considerada el primer tratado impreso sobre contabilidad. En ella describió el método de la partida doble, un sistema que continúa siendo la base de la contabilidad moderna.
Con la llegada de la Revolución Industrial, la actividad económica adquirió una dimensión completamente nueva. El crecimiento del capitalismo, la expansión de las fábricas y el nacimiento de grandes empresas incrementaron la necesidad de controlar los recursos con mayor precisión. La contabilidad dejó de ser una simple herramienta administrativa para convertirse en una disciplina técnica y profesional. Con el tiempo se incorporó a las universidades y surgieron distintas escuelas de pensamiento que contribuyeron a perfeccionar sus métodos. Desde entonces, su importancia no ha dejado de aumentar, adaptándose a los cambios económicos y tecnológicos hasta convertirse en un elemento imprescindible para la gestión de cualquier organización.
Otras frases hechas relacionadas con el dinero
La expresión «estar forrado» se utiliza para indicar que una persona posee una gran cantidad de dinero o disfruta de una excelente situación económica. De forma figurada, alguien «forrado de dinero» estaría rodeado por su riqueza, como si ésta actuara como una protección frente a las dificultades económicas.
La expresión «estar montado en el dólar» significa disfrutar de una posición económica muy favorable o disponer de tanto dinero que no existen preocupaciones financieras importantes. Su origen se encuentra en Estados Unidos, donde el dólar simboliza el éxito económico y la prosperidad.
Cuando se dice que algo «cuesta un ojo de la cara», se quiere expresar que su precio es extremadamente elevado o desproporcionado. El origen más difundido de esta expresión se atribuye al conquistador español Diego de Almagro. Durante las campañas militares en el siglo XVI perdió un ojo a causa del impacto de una flecha y, según la tradición, comentó posteriormente que aquella empresa le había «costado un ojo de la cara».