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La sequía y cuatro parones industriales llevaron al Gobierno a prorrogar Almaraz para evitar otro apagón

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Central nuclear de Almaraz.
Jose de la Morena
  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

El Gobierno prorroga la vida de la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030 después de un verano en el que el sistema eléctrico español ha vuelto a mostrar señales de tensión. La sequía ha reducido el margen que ofrece la generación hidráulica y Red Eléctrica ha tenido que recurrir cuatro veces desde mediados de julio a la desconexión temporal de grandes consumidores industriales para mantener las reservas del sistema ante desajustes entre generación y demanda. Por eso se prorroga la vida de la central, para que aporte inercia al sistema ante el riesgo de que se produzca un nuevo apagón, además de porque resulta una energía más barata que la de una central de carbón o gas.

Fuentes del sector energético explican a OKDIARIO que estos problemas, unidos a la necesidad de mantener generación síncrona que aporte estabilidad a una red con una presencia creciente de renovables, han pesado sobre la decisión de mantener abierta Almaraz. La nuclear proporciona electricidad de forma constante, aporta inercia al sistema y permite evitar que la alternativa ante una caída del viento, del sol o de la hidráulica sea recurrir masivamente a los ciclos combinados de gas, considerablemente más caros.

El Ejecutivo ni siquiera ha justificado oficialmente la decisión, dado que supone una marcha atrás respecto a lo que venían afirmando los últimos tres años. La autorización permite funcionar a los dos reactores de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030, frente a los cierres inicialmente previstos para 2027 y 2028, después de que el Consejo de Seguridad Nuclear concluyera que ambos pueden seguir operando con seguridad.

Pero detrás de esa explicación económica existe un problema técnico que ha adquirido especial relevancia después del apagón de abril de 2025: España está incorporando generación renovable a mucha mayor velocidad que almacenamiento y otros recursos capaces de aportar al sistema todos los servicios de estabilidad que proporcionan las centrales convencionales.

La consecuencia es que prescindir ahora de unos 2.000 MW nucleares disponibles prácticamente las 24 horas obligaría a cubrir ese hueco mediante otras tecnologías. Y cuando no existe suficiente producción renovable o hidráulica, una de las principales alternativas sigue siendo el gas.

Cuatro parones de la industria

Las dificultades se han hecho especialmente visibles este verano. Desde mediados de julio, Red Eléctrica ha activado en cuatro ocasiones el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, mediante el que grandes consumidores industriales reducen temporalmente su consumo a petición del operador para mantener el equilibrio y las reservas del sistema.

La última activación se produjo el pasado 11 de agosto, precisamente la víspera del eclipse solar. Red Eléctrica movilizó 943 MW de potencia durante aproximadamente una hora y media, con 1.412,6 MWh de energía activada. Era ya la cuarta utilización del mecanismo desde mediados de julio y en tres ocasiones se habían movilizado 943 MW.

Red Eléctrica sostiene que la continuidad del suministro «no se vio en ningún momento comprometida» y atribuyó esta última intervención a una reducción inesperada de la producción eólica. El Servicio de Respuesta es, precisamente, un mecanismo preventivo: se desconecta demanda antes de permitir que el deterioro de las reservas pueda convertirse en un problema para el suministro.

El episodio, sin embargo, muestra la vulnerabilidad que preocupa al sector: cuando la producción renovable cae por debajo de lo previsto, el sistema necesita encontrar rápidamente generación alternativa, almacenamiento, importaciones o reducir el consumo.

Ahí entra en juego Almaraz. Una central nuclear no depende de que haya viento o sol y sus grandes generadores síncronos aportan inercia al sistema. Esa inercia contribuye a amortiguar las variaciones de frecuencia cuando se produce un desequilibrio repentino entre generación y demanda.

La fotovoltaica y buena parte de las nuevas instalaciones renovables, conectadas mediante electrónica de potencia, no aportan de manera natural la misma inercia mecánica. Existen soluciones tecnológicas para proporcionar esos servicios (almacenamiento, compensadores síncronos o electrónica avanzada), pero su despliegue todavía debe acompañar al enorme crecimiento de las renovables.

La sequía reduce el colchón hidráulico

El segundo elemento que ha complicado la situación este verano ha sido el agua. España llegó al verano con un volumen importante almacenado en los embalses, por lo que no existe un problema generalizado de falta de reservas. Sin embargo, el verano más seco desde que existen registros provocó una caída extraordinariamente rápida del agua disponible.

Entre comienzos de julio y el 4 de agosto, los embalses españoles perdieron 7.577 hectómetros cúbicos y 13,5 puntos porcentuales de capacidad, hasta situarse en el 69,6%. No es un problema enorme, pero ante previsiones futuras peores, prescindir del mix nuclear se antojaba «absurdo» para todo el sector.

Para el sistema eléctrico importa especialmente porque la hidráulica es una de las tecnologías más útiles para responder rápidamente a las variaciones de la producción renovable. Pero el agua embalsada tampoco puede destinarse íntegramente a generar electricidad: debe atender abastecimiento, regadío, caudales ecológicos y otras necesidades.

Con menos margen hidráulico, una caída inesperada de la producción eólica o solar deja menos alternativas disponibles. Y si simultáneamente se prescinde de generación nuclear, aumenta la dependencia de los ciclos combinados.

Eso supone quemar más gas y producir electricidad más cara precisamente en el momento en el que el Gobierno utiliza la escalada y volatilidad de los combustibles fósiles como argumento para mantener Almaraz abierta.

La cortina del eclipse

El eclipse del 12 de agosto permitió al Gobierno poner el foco sobre otro supuesto desafío para el sistema eléctrico. Durante las jornadas previas se insistió en la preparación del dispositivo y en la monitorización de los riesgos derivados de la rápida caída de la producción fotovoltaica.

Sin embargo, fuentes del sector energético consultadas por OKDIARIO rechazan que el eclipse supusiera un riesgo extraordinario de apagón y consideran que «los verdaderos problemas del sistema habían aparecido mucho antes».

A diferencia de una caída inesperada de la generación eólica, el eclipse era perfectamente previsible. Se conocían desde años antes su fecha, horario y recorrido, y Red Eléctrica había podido calcular previamente la reducción de generación solar y preparar las reservas necesarias.

Además, se produjo al atardecer, cuando la producción fotovoltaica ya estaba descendiendo de forma natural. Las estimaciones manejadas antes del fenómeno situaban la reducción máxima de producción en unos 5 GW, pero no preveían problemas para cubrir la demanda precisamente por el horario en que se produciría.

La prueba de que las tensiones eran anteriores llegó apenas 24 horas antes del eclipse: mientras toda la atención estaba puesta sobre el fenómeno astronómico, Red Eléctrica tuvo que ordenar un nuevo parón a la gran industria porque la generación eólica había caído inesperadamente.

El problema, por tanto, no era que durante unos minutos la Luna tapase el Sol. Era disponer de suficiente capacidad firme y flexible para responder cada vez que una tecnología renovable produjera menos de lo esperado.

Y ésa es precisamente una de las funciones que seguirá desempeñando Almaraz.

El Gobierno mantiene oficialmente su calendario para cerrar todas las centrales nucleares españolas hasta 2035 y presenta la extensión de Almaraz como una decisión excepcional. Pero la realidad del sistema ha obligado ya a retrasar el primer gran cierre previsto.

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