Elon Musk predice el fin del dólar y del euro, y apuesta por los vatios, la masa y la energía
Musk dijo creer que la moneda se medirá en términos de magnitudes físicas fundamentale
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Elon Musk, empresario de Tesla y de SpaceX y el hombre más rico del mundo, cree que llegará un momento en el que el dinero dejará de tener el peso que tiene hoy. No habla de un cambio inmediato ni de que mañana desaparezcan el dólar o el euro, sino de un escenario mucho más lejano, en el que la inteligencia artificial, la robótica y la explotación de recursos fuera de la Tierra permitan producir casi todo a una escala difícil de imaginar. En ese contexto, sostiene, las monedas convencionales podrían perder importancia y otras referencias pasarían a ocupar su lugar.
La idea la expuso en una conversación con Walter Isaacson en el podcast The Builders. Musk habló de potencia, masa y energía como posibles referencias económicas y llegó a mencionar los vatios y el tonelaje. Su razonamiento parte de algo muy concreto, y es que si una civilización tiene acceso a enormes cantidades de energía y materiales, y además dispone de máquinas capaces de producir de manera casi autónoma, el concepto de escasez cambia. Y si cambia la escasez, también puede hacerlo la forma de medir el valor.
Elon Musk predice el fin del dólar y del euro, y apuesta por los vatios, la masa y la energía
Durante la entrevista, el empresario explicó que las monedas convencionales podrían dejar de ser tan relevantes en el futuro. No planteó una sustitución directa del dólar por vatios ni describió un sistema monetario completo, pero sí defendió que la economía podría acabar apoyándose en magnitudes físicas más básicas. «Creo que la moneda se medirá en magnitudes fundamentales de la física», afirmó. Entre los ejemplos citó la potencia y la masa, algo que conecta con una economía en la que producir y mover recursos sería mucho más sencillo que ahora.
La propuesta, evidentemente, tiene límites si se traslada al presente. Un vatio mide potencia y una tonelada mide masa, pero ninguno de los dos indica por sí mismo cuánto vale un producto. El precio depende de muchos otros factores, desde la demanda hasta la utilidad o la dificultad para conseguirlo. Musk está hablando, por tanto, de un sistema que solo tendría sentido en una economía radicalmente distinta a la actual.
Robots, inteligencia artificial y una economía mucho mayor
Buena parte de esa predicción está ligada a la robótica. Musk lleva años defendiendo que la automatización terminará sustituyendo una parte importante del trabajo humano y que eso permitirá fabricar más bienes con menos personas involucradas directamente en el proceso. En su visión, la inteligencia artificial no sólo mejoraría tareas administrativas o técnicas. También podría dirigir fábricas, optimizar procesos, gestionar transporte y coordinar máquinas capaces de trabajar durante muchas horas sin las limitaciones propias de una plantilla humana.
A esto añade la exploración espacial. Si la humanidad pudiera utilizar recursos procedentes de otros lugares y mover grandes cantidades de materiales, la escala económica sería completamente distinta. Materias primas que ahora son escasas podrían dejar de serlo, y eso alteraría la relación entre producción, precio y riqueza.
Musk también relaciona esta idea con la deuda de Estados Unidos
Durante la conversación apareció otro tema: la deuda pública estadounidense. Musk sostuvo que la inteligencia artificial y los robots podrían ser la única vía capaz de aumentar la productividad lo suficiente como para aliviar un problema fiscal de esas dimensiones. Su argumento es que una economía mucho más grande tendría más capacidad para generar ingresos y absorber deuda. Esto no quiere decir que la deuda desaparezca por sí sola, porque seguiría siendo necesario recaudar impuestos y controlar el gasto, pero sí que un aumento enorme de la productividad cambiaría el margen de maniobra del Estado.
La idea no es nueva en economía: un país con una economía más grande puede soportar mejor una deuda elevada que otro con menor capacidad de producción. Y ahora, lo que propone Musk es llevar esa lógica al extremo gracias a la automatización.
La energía podría tener un papel mucho más importante
La energía ocupa un lugar central en todo este planteamiento. Cualquier economía necesita energía para producir, transportar y mantener infraestructuras, y una sociedad mucho más automatizada dependería todavía más de ella. Si los robots producen bienes, las fábricas funcionan de manera casi continua y los sistemas de transporte se electrifican, disponer de energía barata y abundante puede convertirse en uno de los principales factores de riqueza. De ahí que Musk considere que medir valor a partir de magnitudes físicas podría tener sentido en una economía futura.
Por ahora, sin embargo, todo esto sigue siendo una hipótesis. El dólar, el euro y el resto de monedas siguen siendo la base de las transacciones, los salarios, el ahorro y las inversiones en buena parte del mundo. Musk no está describiendo una reforma monetaria preparada para aplicarse, sino un escenario extremo en el que la tecnología puede llegar a cambiar tanto la producción que el dinero dejaría de desempeñar exactamente el mismo papel. Es decir, que syy predicción depende de que varias cosas ocurran al mismo tiempo: robots muy avanzados, inteligencia artificial capaz de gestionar procesos complejos, acceso masivo a energía y una expansión real de la actividad económica fuera de la Tierra. Si ese futuro llega, entonces sí podría cambiar incluso algo tan básico como la manera en la que medimos la riqueza.