Un biohacker español, pionero en la implantación de un chip bajo la piel para no llevar cartera
Juan José Tara es un joven almeriense de 32 años que ha creado un chip NFC para implantar bajo la piel y poder pagar en comercios. El proyecto nació en octubre de este año y se llama DSruptive. Cuesta 100 euros, tiene un kilobyte de memoria y es un aparato pasivo sin batería.
Tara es biohacker, lleva un prototipo implantado en la mano, es un pequeño chip que está en una biocápsula compatible con el cuerpo. El chip está hecho con tecnología Near Field Communication (NFC), que en español se traduce como comunicación de campo cercano, es decir, una tecnología de comunicación inalámbrica, corto alcance y alta frecuencia que permite el intercambio de datos entre dispositivos.
Este chip le permite hacer diferentes cosas como guardar información ofreciendo la tarjeta de contacto personal, acceso a edificios como el gimnasio, la puerta de casa, del coche o del trabajo para añadir autentificación más avanzada, así como desbloquear el ordenador o el móvil, también sirve para hacer biopago.
El creador de este proyecto puede transferir todos sus datos simplemente pasando la mano por un teléfono. Con esta acción tendríamos en nuestro móvil: su mail, cuenta de twitter, página web, etc.
En Estocolmo han hecho pruebas con un gimnasio para abrir la puerta con la mano, en vez de la tarjeta de acceso habitual. En este gimnasio todas las personas que tienen el chip integrado pueden acceder simplemente pasando la mano por el terminal de acceso.
La tercera prueba que hicieron con el chip fue el biopago, que tuvo una gran repercusión internacional porque fue el primer biopago del mundo usando bitcoins. Crearon un terminal de pago y solo poniendo la mano se hace efectivo.
Para probar esto, en diciembre hicieron un evento en un centro comercial, implantaron el chip de manera gratuita a la gente para que pudieran hacer la compra sin usar la tarjeta.
Gracias a esta tecnología y a la prueba, en un día se movieron 650 euros, fueron 23 las personas que accedieron a ponerse el chip, desde mujeres de 50 años hasta los más jóvenes.
Según Tara, para ponerse el chip es necesaria una inyección y es totalmente indoloro, muy parecido al de la identificación animal ya que está basada en la misma tecnología.
En Suecia, ciudad donde ha estado viviendo, hay alrededor de 1.500 personas que ya usan el chip. Tara cree que en España aún no hay nadie que lo use. Cuesta 100 euros, tiene un kilobyte de memoria y es un aparato pasivo sin batería. Todo el mundo puede usarlo, aunque Tara recomienda acudir a un especialista como un médico o un estudio de piercing. A nivel de legislación es como un piercing porque es subcutáneo, asegura.
Juan José Tara sigue trabajando en su nuevo proyecto para crear mejores sistemas, y así en un futuro todo el mundo pueda usar esta tecnología sin necesidad de llevar cartera, porque como él dice: una cartera te la pueden robar, pero la mano es más difícil.
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