De la aldea a casa: la ‘startup’ española que resucita los sabores tradicionales
En medio del boom de los productos veganos, sin gluten, de las comidas rápidas a domicilio o los alimentos ultraprocesados, ha nacido la startup que pretende resucitar los sabores tradicionales. La Casa de la Aldea, que se fundó en 2012, encuentra su origen en los productos originales de la aldea y en una simple pregunta: ¿cómo se pueden conseguir si no se vive allí?
“El queso que hacen Victor, Javier, Pilar o los embutidos de Pio, Jorge, o la repostería de Teresa o de José Luis, una de las 600 botellas del tinto espadeiro de Sonia Costa y su familia, las ostras ahumadas de Manuel o sus sardinas gran reserva… Estos productos sencillamente no puedes conseguirlos en la gran ciudad o en una aldea de otra provincia más que por casualidad. En todos los casos, hablamos de piezas de edición limitada, de personas que se manchan las manos haciéndolas y de autores que sienten auténtica pasión por lo que hacen”, cuenta José Luis, uno de los fundadores de la compañía.
A él se sumaron otras seis cabezas pensantes. Dejaron atrás el clásico carro y de la mano del e-commerce, llevan “toneladas de sabor y salud a los que no tienen aldea, pero entienden y valoran lo que es salud, sabor y desarrollo sostenible: lo que nosotros llamamos el lujo posible”.
El origen del producto
El objetivo no sólo es poner en bandeja a los consumidores productos de alta calidad. También, está en juego el origen. “El minifundio productivo, el trabajo bien hecho de autores que aman lo que hacen y hacen lo que dicen manchándose las manos. Fomentar la recuperación de los espacios rurales creando condiciones de trabajo y vida dignas para que el desarrollo sea sostenible”, sostiene.
Cuentan con más de 200 referencias y todos los productos proceden de aldeas gallegas. Desde verduras y hortalizas, pasando por elaboraciones artesanales hasta una selección de licores.
Sus productos llegan a toda la península Ibérica y Baleares, además de que ya tienen sus primeros clientes europeos: entre ellos, franceses, británicos o alemanes.
«Locos emprendedores»
Se consideran “locos emprendedores” porque lo que hacen es “pura pasión”. Para poner en marcha el proyecto necesitaron, además de tiempo y esfuerzo, financiación. “Hemos invertido todo el dinero que hemos podido”.
Aunque se han encontrado con grandes obstáculos, ya superan los 1.150 clientes y “la gran mayoría repite casi mensualmente”. En 2017, facturaron 56.000 euros y en 2018 tienen como objetivo doblar la cifra.
Pese a que ha sido difícil, repetirían la experiencia. “Creo que todos los que estamos en este proyecto volveríamos a hacerlo. Si somos capaces de poner en valor el trabajo de los autores de la aldea, no necesitaremos ninguna otra medalla porque, para hijos de la aldea como nosotros, esa recompensa es suficiente”.
En diez años se siguen viendo como siempre. Celebrando su decimoquinto aniversario y en la aldea, donde empezó todo.
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