La jaula de Zidane encerró a Messi
La última vez que Leo Messi marcó al Real Madrid el club blanco tenía nueve Champions League, Argentina sólo había perdido dos finales, Chile no era campeón de la Copa América y Alemania tenía tres Mundiales. La última vez que el argentino batió las redes blancas Diego López ocupaba el arco blanco y Luis Suárez ganaba la Bota de Oro con el Liverpool. De esa última diana, más bien de esos tres últimos tantos, hizo un hat-trick aquel día, han pasado 986 días, lo que equivale a dos años y ocho meses. Seis Clásicos después el astro argentino sigue seco ante el club al que ha hecho en su carrera 21 tantos. Más que nadie. Unos datos que sorprenden y deben empezar a alertar al ’10’.
El sábado el partido de Messi fue de los peores que se le recuerdan con la camiseta azulgrana. Dos disparos, uno sin mayor peligro en un lanzamiento de falta y otro que se marchó fuera tras recibir un espectacular pase de Iniesta. Tuvo en sus botas la sentencia del Clásico, pero no fue capaz de encontrar el toque que le diese el premio.
Messi terminó el partido cabizbajo. Sabedor de que no había estado a la altura de lo que se le exige a un jugador de su nivel. Y lo más grave es que esta actitud se ha repetido demasiadas veces en los Madrid-Barcelona. El argentino, siempre peligroso cuando coge el balón, ahora ya no intimidad, no asusta a la defensa rival. Messi suma seis Clásicos sin anotar y el Barça lo paga.
Pero este estado de forma de Messi viene de lejos. Frente a la Real Sociedad, La Pulga si acertó con el gol, pero su participación estuvo muy por debajo de su nivel. Algo que se ha repetido varias veces esta temporada. Messi es menos Messi y cuando Messi no es el Messi de siempre el Barcelona se convierte en un club vulgar que se puede dejar puntos en cualquier sitio. Si el Barcelona quiere hacer algo en esta Liga debe esforzarse por recuperar a su estrella lo antes posible.
No todo fue culpa de Messi
Zidane y sus chicos también tuvieron la culpa de que el de Rosario no fuera capaz de encontrarse. El francés hizo creó una trampa al barcelonista en la que no tardó en caer. En el centro, Modric, imperial, y Kovacic, cada día mejor, no permitieron que el Barça hilara su juego. Pero por detrás, Sergio Ramos y Varane se convirtieron en dos mariscales que desconectaron el ataque culé. Todo esto provocó que Messi bajase a la altura de Busquets a recibir el balón, una zona demasiado alejada como para inquietar al Real Madrid.
Después, cuando Iniesta apareció en escena es cierto que Leo recuperó la sonrisa, también favorecido por el palo que le ocasionó al Madrid el gol de Luis Suárez. Los blancos estuvieron en la lona durante un cuarto de hora, pero cuando se recuperaron el calvario volvió a parecer. Messi desapareció y el Madrid se terminó llevando un punto muy importante.
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