Hamilton golpea primero, McLaren se desinfla y Sainz es de Q3
Fernando Alonso elige su piloto favorito… y le da un zasca antológico a Vettel
Hamilton empieza a asumir su derrota: “Si gana Rosberg me lo tomaré como un hombre, la vida sigue”
El frenético rodeo en Austin dejó un jinete caído en el albor de la batalla: Jenson Button y su angustioso MP4-31 se quedaban anclados en la Q1. Una vuelta regular del caballero británico y, quizá, los excesos de confianza en McLaren, le abandonaron en la cuneta de la Ruta tejana que le guíe a su hotel. Era el primer sorbo a este gin tonic premium llamado Circuito de las Américas. Una mezcla de lo mejor de cada circuito, con una primera curva que parece haber sido despegada de la Alpe D’ Huez.
La guerra en Mercedes se convierte en una batalla personal, fratricida, en cada ápice de terreno por conquistar. En la distancia, en el cuerpo a cuerpo, en la salida, en el box, o tomando unas cañas: Lewis Hamilton vs Nico Rosberg. La superioridad moral y mecánica de una escudería ha creado una rivalidad que siempre pareció descompensada, pero ahora es una oda al estilo Frazier contra Ali. De momento el Oktoberfest del teutón ha roto el Mundial en pedazos. Pero ahí pegado a su box tiene un tricampeón del Mundo: mejor que guarde alguna cerveza.
Fernado Alonso y Carlos Sainz saborearon distintas tesituras en el caluroso sábado de Austin: uno se quedo en Q2, el otro, y más joven, se coló en Q3, Dios sabe cómo. El talento que esconde el muchacho es digno de estudio, como el infravalorado valor que se le da a sus manos entre el Gran Circo. Con un Toro Rosso cada vez más lánguido, originado en la congelación de desarrollo del motor Ferrari 2015, sólo les queda abrazarse a su excelente aerodinámica y a la centelleante magia de Carlos como a una pizza de resaca.
Pole para Hamilton; Fernando se queda en Q2
Alonso y McLaren se convirtieron en ese globo cumpleañero que circula varios días en casa: sobrevive pero cada vez más pequeño e indigno. La moral y esperanza se desinflan al no colocar ninguno de sus bólidos oscuros en la luz. Otra clasificación sin Q3 empieza a escocer. Fernando mandó un mensaje por radio sibilino, inteligente, recordando la inoperancia competitiva de su motor. Un elemento que, sumado a la no brillante aerodinámica, prorroga su estado de decepción esperando un invierno milagroso.
Nadie pudo con Lewis Hamilton, ni siquiera Nico que se quedó a palmos de superar su crono. Cumplió con su obligación para un primer zarandeo necesario a su enemigo Rosberg. Ricciardo, 3º, con Verstappen 4º, volvieron a certificar que Red Bull es ahora el rival más digno de Mercedes. Ferrari sigue remando a contracorriente por volver a ser aquella leyenda de oro que contaban los libros y, que en el presente, son sólo unas ‘amargas’ letras de plata y bronce. Quizá en 2017…
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