Fran Soto fracasa en su invento de quitar la territorialidad de los árbitros
La designación de un madrileño, Ortiz Arias, para arbitrar el Atlético - Madrid fue un fiasco
Fran Soto cambió el criterio, permitió que un colegiado de una región pite a equipos de esa región, y el plan le salió mal
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Fran Soto llegó hace más de un año como jefe del Comité Técnico de Árbitros con aires de renovación. Caras nuevas, hombre joven ajeno al mundo del arbitraje… Y hasta ahora, todo sigue igual. Algunos negreiros siguen pitando en Primera División, como si el caso Negreira fuera algo menor (Soto llegó a decir que eso es cosa del pasado), los fallos arbitrales siguen sucediéndose y el descrédito del CTA y de los colegiados es mayor, como se vio en un Mundial en el que la FIFA fulminó al arbitraje español.
En realidad, sí cambiaron cosas. Especialmente dos: ahora a los árbitros no les llaman por sus dos apellidos, sino por nombre y primer apellido, y, una ya más seria, Fran Soto se cargó la histórica prohibición de la territorialidad, es decir, que un árbitro de una región no pudiera dirigir encuentros de equipos de esa región.
Este invento del nuevo CTA de Fran Soto echó a rodar el año pasado. El derbi Betis – Sevilla lo pitó un andaluz (Munuera Montero), el derbi Espanyol – Barcelona lo dirigió un catalán (García Verdura) y, por ejemplo, un Getafe – Atlético de Madrid lo pitó un madrileño (Ortiz Arias). A esa línea de actuación le faltaba el principal derbi de España, el más relevante y con más presión de todos: el Atlético de Madrid – Real Madrid.
Para seguir haciendo historia y dejar nuevas estadísticas, el CTA de Fran Soto colocó a un madrileño, Ortiz Arias, a pitar el derbi madrileño. Fuera territorialidad en el Atlético – Madrid. Había que hacer algo nuevo. El problema es que para hacer eso, se colocó en un partido con tanta presión y siempre polémico a un árbitro inexperto, acusado de «chulo» por varios futbolistas y con fallos groseros en su historial.
Y, sobre todo, sin ninguna internacionalidad, como recordó Mourinho. Evidentemente, Ortiz Arias no podía tener muchos encuentros relevantes en su carrera porque, al ser madrileño, no pudo pitar ni al Madrid ni al Atlético. Pero el CTA, ni cuando lo comandaba Medina Cantalejo ni tampoco ahora con Fran Soto, le dio a Ortiz Arias grandes encuentros. Ni una final de Copa, ni tampoco de Supercopa, ni relevantes encuentros de liga. Tiene 99 partidos arbitrados en la Primera División, cifra relevante para llevar siete temporadas en la élite, pero ninguno fue de alta tensión.
Pero sobre todo lo que no tiene son encuentros en Europa. Ni una triste previa de Conference. Nada. No es internacional y se antoja difícil de entender cómo el segundo mejor partido de la liga lo arbitra un colegiado que no es ni internacional. La explicación es sencilla: el CTA de Fran Soto prefirió hacer una designación histórica y poder decir que un árbitro madrileño dirigió el derbi madrileño antes que poner a un colegiado que estuviera por méritos.
El CTA innovó y le salió mal
Y así es como naufraga un proyecto. El invento de quitar la territorialidad y de querer que árbitros de una región piten encuentros de equipos de esa región ha resultado ser un fracaso y un error a la vista de lo hecho por Ortiz Arias en el Metropolitano. El CTA innovó en eso y no le salió bien. Poner a un árbitro por su colegio no ha funcionado y quizá habría que regresar a lo de poner a los mejores en los partidos más importantes.
Otra cosa es quiénes son los mejores árbitros en España, qué criterios usa el Comité para considerarlos así y cómo el arbitraje español está en un momento de descrédito total. El mensaje de la FIFA en el Mundial, dando un sólo partido (y de fase de grupos) a un árbitro español (Hernández Hernández), todavía resuena en Las Rozas.