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Liga: Rayo 3-0 Atlético

El exilio hunde al Atlético y catapulta al Rayo

Los rojiblancos muestran su peor cara y quedan abocados a pelear por entrar en Champions

El Rayo firmó un ejercicio de saber estar y fútbol práctico para salir del descenso

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. El Atlético, tres días después de barrer en Copa al líder de la Liga, fue desdibujado (3-0) por un Rayo que sale del descenso tras firmar un ejercicio de resiliencia. No entrenan en su ciudad deportiva ni juegan en su estadio, pero ahí están, de pie y con un cuchillo entre los dientes. Se lo clavaron a los rojiblancos, que jugaron cambiados de equipación y de formas. ¿Es el mismo Atlético del 4-0 al Barcelona? La respuesta iluminaba los marcadores de Butarque: ni por asomo. Acabó siendo toreado entre olés y con Sorloth, el rematador, centrando un balón. Imagínese.

Bienvenidos a la crónica de un partido en el que lo deportivo perdió foco en favor de lo que ocurre con la gente de traje. Un partido desplazado en fecha y lugar. Lo primero por la disputa de las semifinales de Copa por parte del Atlético y lo segundo por la nefasta gestión que sacude en los despachos a un Rayo superviviente sobre el terreno de juego. Aunque no sea el suyo porque la alfombra del partido pertenece al Leganés. Poco más de cinco mil aficionados fueron al exilio.

El puñado de millares rayistas desplazadas a Butarque tenía que cumplir la obligación de ser abonados, ya que la Policía había prohibido la venta de entradas. Para más inri, el Rayo no pudo entrenar el día antes del partido en su ciudad deportiva, lo hizo en la del Getafe. Lo único de Vallecas que ha tenido el Rayo Vallecano este fin de semana ha sido su apellido. Aunque con eso le ha bastado para doblegar a un Atlético de entreguerras. A caballo entre el éxtasis de barrer al Barcelona en Copa del Rey y con la presión de superar el playoff de la Champions ante el Brujas.

Oportunidad desaprovechada para la segunda clase. Mendoza y Cardoso fueron sustituidos y mandaron un mensaje con sus respectivas actuaciones. Por algo son suplentes. Tiene trabajo Simeone para recuperar a dos fichajes necesarios en una sala de máquinas que vivió en orfandad de criterio. Ni el español ni el estadounidense lograron dirigir a su equipo en un escenario desangelado. «Parece un partido del filial», dice David, aficionado rayista. El silencio inicial solo fue roto por el politono de cada llamada a cántico. «Presa, vete ya». Se escuchó antes, durante y después. También entre goles. «Rayo sí, Presa no».

Simeone rotó masivamente y su equipo se cayó con la misma contundencia. Solo Ruggeri y Nahuel Molina repitieron del último once. Ahorro de esfuerzos desde el banquillo, también sobre el verde. Nula presión y menor intención de lo contrario. Tuvo una el Atlético que se estrelló con el larguero y tras ello, fundido a negro. El Rayo, entre tanta dimisión, decidió proponer y ejecutar en dos actos. El primero por obra de Fran Pérez, el único que buscó el balón centrado; el segundo tras un regalo de Lenglet. Oblak salvó la primera, pero nada pudo hacer al rechace. Oscar Valentín castigó.

No fueron accidentes, sino una desembocadura del río del Rayo, más intenso y mejor plantado. El Atlético pasó de malas maneras a la desidia. Lo de casi siempre como visitante, aunque esta vez elevado al cuadrado. Simeone hizo un triple cambio para revertir aquello. Pero ni un triple tirabuzón con caída en punta hubiera modificado. Llorente y Lookman se vieron entre ellos mientras Álvaro García centraba y Nobel Mendy remataba a gol y al Atlético. El Rayo sale de descenso y el Atlético se da de bruces con todo.