Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina: «La ciencia siempre vale la pena porque sus descubrimientos, tarde o temprano, siempre se aplican»
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Severo Ochoa, científico español nacido en Luarca, Asturias, en 1905, fue uno de los bioquímicos más influyentes del siglo XX. Ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1959, dejó una reflexión sobre la investigación que ha perdurado: «La ciencia siempre vale la pena porque sus descubrimientos, tarde o temprano, siempre se aplican».
Su carrera, sin embargo, ilustra con precisión lo que describe: décadas de investigación sobre mecanismos bioquímicos aparentemente abstractos que se revelaron fundamentales para la biología moderna.
¿Qué quiso decir Severo Ochoa al afirmar que la ciencia siempre vale la pena?
La frase atribuida al asturiano expresa una convicción sobre la ciencia básica: la investigación que no tiene aplicación inmediata visible no es, por eso, investigación perdida.
Ochoa dedicó gran parte de su carrera a estudiar reacciones enzimáticas y síntesis de moléculas que en su momento no tenían un uso práctico evidente. Su trabajo demostró que el conocimiento fundamental sobre cómo funcionan los seres vivos termina por encontrar aplicación.
El énfasis en el «tarde o temprano» sitúa la frase en una perspectiva de largo plazo. Para Ochoa, la paciencia en la ciencia era una certeza, ya que los mecanismos que rigen la vida son aplicables, aunque el camino entre su descubrimiento y su utilización tarde décadas.
La frase citada circula ampliamente atribuida a Severo Ochoa, aunque no se ha podido identificar el texto o la ocasión de origen exacta en que se pronunció.
¿Quién fue Severo Ochoa, el asturiano que ganó el Premio Nobel de Medicina en 1959?
Severo Ochoa nació el 24 de septiembre de 1905 en Luarca, Asturias. Estudió medicina en la Universidad de Madrid, donde se graduó en 1929 con honores. Su interés por la biología se despertó desde joven con las publicaciones de Santiago Ramón y Cajal, el histólogo que también había ganado el Premio Nobel.
Tras doctorarse, realizó estancias en los laboratorios de Otto Meyerhof en Heidelberg, del Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres y de la Universidad de Oxford. La Guerra Civil española lo obligó a alejarse de España de forma definitiva.
En 1941 llegó a Estados Unidos, donde se incorporó a la Universidad de Washington en San Luis y más tarde a la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, donde dirigió el Departamento de Bioquímica durante dos décadas.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1959 reconoció su trabajo sobre los mecanismos de síntesis biológica del ARN. Lo compartió con Arthur Kornberg, quien describió los mecanismos equivalentes para el ADN.
¿Cómo se aplicaron los descubrimientos de Severo Ochoa?
El hallazgo central del premio Nobel fue una enzima, la polinucleótido fosforilasa, capaz de sintetizar ácido ribonucleico fuera de una célula viva. Esa síntesis in vitro del ARN dio a los científicos una herramienta para producir secuencias de ARN controladas y estudiar qué proteínas codificaban.
A partir de ese trabajo, los investigadores pudieron descifrar el código genético e identificar qué tripletes de nucleótidos del ARN corresponden a cada aminoácido. El conocimiento resultante sentó las bases de la biología molecular moderna y abrió líneas de investigación sobre la síntesis de proteínas y el funcionamiento de los genes en la célula.
Ochoa también tuvo un impacto directo en España, donde formó a investigadores como Margarita Salas, figura clave de la biología molecular española. En 1977 contribuyó a fundar el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en Madrid, institución que lleva su nombre y continúa activa.
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