Según la psicología las personas que hablan con sus mascotas no son solitarias, en realidad son empáticas y tienen una sensibilidad especial
Hablar con las mascotas no tienen nada de raro y demuestra empatía con ellos
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Quienes tienen un perro o un gato probablemente sean conscientes de todos los momentos a lo largo del dia en el que les hablan. Puede que sea un saludo al despertar, que les digan que se van a trabajar o les preguntan qué les pasa cuando llevan un rato ladrando o maullando. Y aunque pueda parecer extraño mantener una conversación con alguien que no va a responder, para muchas personas resulta tan natural que ni siquiera son conscientes de cuándo empezaron a hacerlo. No necesitan estar solas en casa ni atravesar un mal momento para dirigirse a sus animales como si fueran otro miembro de la familia.
La costumbre tiene una explicación que según la psicología, va más allá de buscar compañía. De hecho, se ha estudiado cómo las personas atribuimos pensamientos y emociones a los animales, así como la importancia que adquieren estos vínculos en nuestra vida cotidiana. Sobretodo surge una empatía y sensibilidad que pueden influir hasta el punto de hacer centrales sus gestos y necesidades. Ahora bien, no existe una prueba que permita identificar a las personas más empáticas simplemente porque hablen con sus perros o gatos
Qué dice la psicología sobre quienes hablan de con los animales
Cuando una persona le dice a su gato que deje de tirar cosas de la mesa, normalmente sabe que no está razonando con él como lo haría con un niño. Lo mismo sucede con quien pregunta a su perro si quiere salir, aunque el animal ya esté esperando junto a la puerta con la correa delante. Son situaciones que se repiten en miles de casas y que tienen bastante que ver con la forma en que interpretamos el comportamiento de los seres que nos rodean. Los psicólogos Nicholas Epley, Adam Waytz y John Cacioppo estudiaron este fenómeno, conocido como antropomorfismo, que consiste en atribuir cualidades humanas a animales u otros seres no humanos.
Según su teoría, intervienen distintos factores, entre ellos el deseo de comprender su comportamiento y la necesidad de establecer vínculos sociales. No es algo exclusivo de quienes viven solos sino que también aparece en personas que mantienen relaciones familiares y sociales habituales.
La empatía y la sensibilidad de quienes hablan con sus mascotas
Hay propietarios que reconocen cualquier cambio en las costumbres de sus animales. Si el perro no se acerca cuando oye la bolsa de comida o el gato deja de dormir en su sitio habitual, enseguida sospechan que sucede algo. No es una habilidad misteriosa sino que en realidad, la convivencia permite familiarizarse con determinados comportamientos y aprender qué señales merecen atención. Esa disposición a observar y atender las necesidades del animal puede estar relacionada con la empatía, especialmente cuando se traduce en cuidados. Una persona que respeta el espacio de su gato cuando no quiere caricias o que procura tranquilizar a su perro durante una tormenta está teniendo en cuenta su estado emocional. Sin embargo, la psicología no establece que quienes hablan más con sus mascotas sean necesariamente más empáticos que los demás.
También influye la forma de hablarles. No utilizamos el mismo tono para llamar a un perro que se ha escapado que para felicitarlo cuando aprende una orden. Los animales pueden reconocer esas diferencias. Diversas investigaciones han comprobado que los perros distinguen voces humanas y utilizan información acústica para identificar a sus propietarios. Por otro lado, los gatos tampoco son indiferentes a todo lo que escuchan. Un estudio realizado en Japón comprobó que podían distinguir la voz de sus dueños de la de personas desconocidas, aunque sus respuestas fueran discretas, como mover las orejas o girar la cabeza. Por tanto, cuando alguien habla con su mascota, puede existir una respuesta real, aunque no tenga nada que ver con una conversación entre humanos.
Por qué hablar con tu perro o gato no es señal de soledad
La idea de que una persona habla con sus animales porque no tiene con quién hacerlo resulta demasiado simplista. Basta observar cualquier hogar con mascotas para comprobar que estas conversaciones también aparecen cuando hay varias personas viviendo juntas. Los perros reciben saludos, preguntas y comentarios durante todo el día, incluso cuando sus propietarios están acompañados. Eso no excluye que los animales puedan proporcionar compañía a quienes atraviesan periodos de aislamiento. De hecho, algunas investigaciones han encontrado una relación entre la soledad y la tendencia a atribuir características humanas a las mascotas. Pero una cosa es estudiar esa asociación y otra muy distinta considerar que cualquiera que hable con su gato se siente solo.
Para muchas personas, dirigirse a su mascota es simplemente una manera de expresar cariño. Otras lo hacen mientras juegan, preparan su comida o intentan enseñarle una conducta. También hay quienes les cuentan sus preocupaciones porque encuentran agradable hablar en voz alta sin esperar una respuesta. Lo que verdaderamente importa es la relación que mantienen con el animal. Conocer sus necesidades, respetar sus momentos de descanso y procurar su bienestar dice mucho más sobre el cuidado que recibe que la cantidad de palabras que escucha. Y sí, hablarle puede ser parte de ese vínculo, sin necesidad de convertir una costumbre cotidiana en un diagnóstico sobre la personalidad de su dueño.