Psicología

La psicología sugiere que las personas que se cambian de ropa al llegar a casa no lo hacen sólo por comodidad, sino que tiene una relación con la forma de desconectar del trabajo

Psicología cambiarse de ropa al llegar a casa
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Cuando llegamos a casa después de un largo día de trabajo, lo que buscamos es desconectar y sentirnos cómodos. Para ello, además de quitarnos los zapatos y relajarnos en el sofá, muchas personas tienen la costumbre de cambiarse de ropa. Sin embargo, según la psicología, no se trata simplemente de comodidad, sino que este gesto tiene un significado muchísimo más profundo: quitarse la ropa del trabajo y ponerse prendas más cómodas al llegar a casa ayuda a poner punto y final a la jornada laboral e iniciar el momento de descanso.

Los escandinavos, expertos en poner nombre a sensaciones difíciles de definir, tienen incluso un término para esta clase de prendas. En Dinamarca, «hyggebukser» hace referencia a esos pantalones que probablemente nunca te pondrías para ir a la calle, pero que, por su comodidad, terminan convirtiéndose en tus favoritos para estar en casa. Y aunque pueda parecer una simple costumbre nórdica, el concepto va mucho más allá. Meik Wiking, director del Instituto de Investigación sobre la Felicidad, explica en su libro «Hygge Home» que este tipo de ropa ofrece «un descanso a tu yo adulto responsable, estresado y cumplidor». La idea es crear una sensación de confort que ayude al cerebro a sentirse seguro y permita «experimentar la felicidad de los placeres simples sabiendo que no hay de qué preocuparse».

¿Por qué hay personas que se cambian de ropa al llegar a casa?

«Cambiarse al llegar a casa no es solo comodidad: es un ritual emocional. La ropa funciona como un mensaje directo al cerebro. Quitarte la ropa de fuera y ponerte algo cómodo y elegido con cariño es una forma muy clara de decirle a tu sistema nervioso «ya puedes bajar el ritmo»». explica a Vogue la psicóloga Marta Calderero, fundadora de la plataforma Personalife Style.

Cuando el cerebro relaciona el chándal o el pijama con el descanso, ponernos estas prendas puede funcionar como una señal que favorece la relajación. Sin embargo, cuando utilizamos esa misma ropa para trabajar, la asociación cambia y pierde parte de ese significado. Esta idea se relaciona con la teoría de las «Transiciones de Rol», según la cual necesitamos determinados gestos o rituales para pasar de un papel a otro.

Los investigadores Blake Ashforth y Glen Kreiner explican que necesitamos «micro-transiciones» para marcar el cambio entre nuestros diferentes roles, como pasar de empleado a padre o de jefe a pareja. En este contexto, cambiarse de ropa puede convertirse en una frontera tanto física como psicológica que facilita esa transición y ayuda a separar las responsabilidades profesionales de la vida personal.

Cuando se trabaja desde casa, los expertos recomiendan adaptar la vestimenta a cada actividad, como si se fuera a acudir a la oficina. «Es una forma muy sencilla de cambiar el chip y proteger el equilibrio mental. Al final, cuidar cómo nos vestimos, también cuando estamos solas, es una manera muy poderosa de reconectar con quiénes somos, de habitar nuestra identidad con más cariño y de recordarnos que la belleza empieza en cómo nos tratamos. Y ese gesto, aunque parezca pequeño, tiene un impacto enorme en cómo nos sentimos frente al espejo y en la vida», explica Calderero.

Los tres principios clave

Investigadores de Harvard han identificado tres hábitos sencillos que se pueden incorporar a la rutina diaria para mejorar la organización la productividad.

Levantarse temprano

Después de disfrutar de un sueño reparador de entre seis y ocho horas, es recomendable es levantarse temprano para aprovechar mejor las primeras horas del día. En este sentido, el fundador de Virgin Group, Richard Branson, reflexiona en su blog «Por qué me despierto temprano», sobre la importancia de aprovechar bien el día. Según explica, empezar pronto la jornada le permite disponer después de tiempo para realizar actividades que disfruta, como hacer ejercicio o pasar más horas con su familia.

Realizar ejercicio físico

La práctica habitual de ejercicio también puede ayudar a afrontar la jornada con energía física y mental. Según Travis Bradberry, «investigadores de la Universidad de Brístol descubrieron que las personas que hacen ejercicio durante la jornada laboral tienen más energía y una actitud más positiva, aspectos fundamentales para hacer las cosas». Asimismo, «hacer que tu cuerpo se mueva durante tan solo 10 minutos libera GABA, un neurotransmisor que hace que tu cerebro se sienta tranquilo y te ayuda a mantener en control de tus impulsos».

Planificar

Finalmente, es esencial organizar las tareas al comienzo del dí. Según Sally Susman, vicepresidenta ejecutiva de asuntos corporativos de Pfizer, las primeras horas de la mañana son el mejor momento para establecer las prioridades y preparar lo que se quiere hacer durante la jornada. La ejecutiva explicó a la revista Forbes cómo organiza su propia rutina: empieza el día tomando un café y dedicando unos minutos a la escritura creativa o a escribir un diario. Después reserva 15 minutos para leer el periódico y otros 15 para organizar las tareas.

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