La psicología dice que las personas que se ilusionan demasiado rápido no son ingenuas ni inmaduras, sino que sienten las cosas con una intensidad diferente
Sentir ilusión de forma intensa es algo que ha sido analizado por la psicología
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Cuando se trata de emocionarse ante algo no todo el mundo reacciona de la misma manera. De hecho, la ilusión es relativa ya que puede que a alguien le emocione muchísimo, por ejemplo, celebrar su cumpleaños y a otros no. De igual forma hay quien se ilusiona con cualquier cosa y además con una intensidad que puede incluso sorprender a quienes les rodean. Sin embargo, no siempre tiene que ver con el hecho de ser ingenuo o inmaduro, sino que en realidad, sienten las cosas de otro modo.
Sobre esta cuestión ha querido reflexionar la cuenta de TikTok @lapsicologiainvisible, que explica en uno de sus vídeos precisamente, el porqué determinadas personas parecen ilusionarse mucho antes que otras. El planteamiento parte de una situación reconocible: la realidad avanza a un ritmo, pero la imaginación puede ir varios pasos por delante. De este modo, una persona no sólo disfruta de lo que está sucediendo, sino que comienza a construir mentalmente aquello que podría llegar después. Y eso lleva a emocionarse muchísimo, pero si al final no pasa o no se cumple lo que se espera, la decepción puede ser también especialmente intensa porque no se pierde únicamente una experiencia concreta, sino también el futuro que se había empezado a imaginar.
Por qué algunas personas se ilusionan mucho más rápido que otras
La anticipación es un proceso psicológico habitual. El cerebro no necesita esperar a que una situación ocurra para comenzar a reaccionar ante ella, ya que constantemente genera predicciones sobre lo que podría suceder. Pensar en unas vacaciones, una cita, un nuevo empleo o cualquier acontecimiento esperado puede despertar emociones mucho antes de saber cuál será su resultado. Las investigaciones sobre imaginación prospectiva han mostrado además que representar mentalmente situaciones futuras puede generar respuestas emocionales auténticas.
Esto ayuda a entender parte de lo que describe @lapsicologiainvisible. Una persona que imagina con detalle cómo podría evolucionar una relación o un proyecto puede empezar a experimentar parte de la emoción asociada a ese futuro antes de que exista ninguna certeza. No significa necesariamente que confunda fantasía y realidad, ni que tenga menor madurez emocional, sino que aquello que podría ocurrir adquiere un peso importante en su experiencia presente.
La imaginación puede adelantarse demasiado a la realidad
No todas las personas imaginan el futuro con la misma intensidad. Algunas construyen escenarios mentales muy detallados a partir de pequeñas señales y relacionan rápidamente un hecho concreto con todo lo que podría venir después. Por este motivo por ejemplo, una conversación agradable con alguien que te gusta puede convertirse mentalmente en el comienzo de una relación; una entrevista satisfactoria, en una nueva etapa profesional; y una buena idea, en un proyecto destinado a cambiar muchas cosas.
La investigación psicológica sobre imágenes mentales señala que imaginar acontecimientos futuros puede intensificar las emociones asociadas a ellos. Pero como decimos, el problema surge cuando la expectativa crece mucho más deprisa que los hechos disponibles. La ilusión deja entonces de apoyarse únicamente en lo que está sucediendo y comienza a construirse sobre aquello que la persona espera que ocurra. Si finalmente la realidad avanza en otra dirección, la distancia entre ambos escenarios puede hacer que la decepción resulte especialmente dolorosa.
La decepción puede doler también por lo que nunca ocurrió
El vídeo de @lapsicologiainvisible plantea otra cuestión importante: cuando una expectativa desaparece, la persona puede sentir que pierde mucho más de lo que los demás perciben desde fuera. Para quien observa la situación únicamente se ha cancelado una cita, ha terminado una conversación o no ha prosperado una oportunidad. Pero para quien llevaba tiempo imaginando sus consecuencias también desaparecen todas las posibilidades que había construido mentalmente.
La incertidumbre tiene mucho que ver con este proceso. Cuando no sabemos qué ocurrirá, nuestra mente intenta completar la información disponible y genera diferentes escenarios posibles. En las personas especialmente optimistas o emocionalmente intensas, esos espacios pueden llenarse con previsiones positivas. Esto no permite afirmar que exista un único perfil psicológico detrás de quienes se ilusionan rápido, pero sí explica por qué una posibilidad puede llegar a sentirse emocionalmente como algo mucho más avanzado de lo que realmente está.
Aprender a mantener la ilusión sin convertirla en certeza
La solución tampoco consiste en dejar de ilusionarse o transformarse en una persona fría y desconfiada. La anticipación positiva está relacionada con la motivación y puede ayudar a perseguir objetivos, iniciar proyectos y establecer vínculos. La cuestión está en conservar cierta distancia entre aquello que ocurre y aquello que simplemente podría ocurrir. Una de las preguntas que propone @lapsicologiainvisible resulta especialmente útil: preguntarse si estamos disfrutando de lo que realmente está sucediendo o, principalmente, de todo aquello que imaginamos que podría suceder. Ilusionarse rápidamente, por tanto, no demuestra por sí solo ingenuidad ni inmadurez, sino que algunas personas anticipan, imaginan y experimentan las posibilidades con una intensidad mayor, pero aprender a distinguir esperanza de certeza permite proteger esa capacidad para emocionarse sin depositar toda la estabilidad emocional en un futuro que todavía no existe.
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