La profunda reflexión de Arturo Pérez-Reverte sobre la educación de los niños: «Si lo perdonas, te lo hará otra vez»
El escritor pone el foco en la importancia de enseñar a los más pequeños que sus actos tienen consecuencias y que pedir perdón no siempre significa que todo quede olvidado
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Educar a un niño no consiste únicamente en enseñarle qué está bien y qué está mal, sino también en ayudarle a comprender que cada comportamiento tiene consecuencias. Arturo Pérez-Reverte ha vuelto a poner el foco en esta cuestión con una contundente reflexión sobre la educación infantil. «Si lo perdonas, te lo hará otra vez». Una frase que plantea un debate sobre los límites, la responsabilidad y la manera en la que los padres deben reaccionar cuando un niño comete un error o repite una conducta que ya había sido corregida.
Perdonar no significa permitir
La reflexión de Arturo Pérez-Reverte parte de una idea sencilla, ya que el perdón y la ausencia de consecuencias no son necesariamente lo mismo. Un niño puede reconocer que ha hecho algo incorrecto, disculparse y, aun así, necesitar comprender por qué esa conducta no debe repetirse. De lo contrario, el simple hecho de pedir perdón podría convertirse en una vía para cerrar el conflicto sin modificar realmente el comportamiento.
La psicología infantil también concede importancia a establecer normas claras y coherentes. Diferentes estudios recomiendan explicar a los niños qué comportamiento se espera de ellos y aplicar consecuencias consistentes cuando incumplen las normas. El objetivo de la disciplina, según la organización, es enseñar autocontrol y ayudarles a comprender la relación entre sus actos y sus resultados.
Los límites también educan
Los especialistas diferencian entre castigar y enseñar mediante consecuencias. Una consecuencia lógica está relacionada con aquello que ha ocurrido y permite al niño comprender la relación entre acción y resultado. Por ejemplo, si un pequeño pinta una pared, puede participar en su limpieza, ya que de esta forma, la consecuencia está directamente vinculada con lo sucedido.
Las investigaciones recomiendan precisamente utilizar consecuencias naturales o lógicas y adaptarlas a la edad y al nivel de desarrollo del menor. También insiste en que las normas deben ser comprensibles y que los adultos deben mantener una respuesta coherente. La finalidad no es provocar miedo, sino ayudar al niño a aprender qué puede hacer de otra manera la próxima vez.
La importancia de la coherencia
Uno de los problemas aparece cuando los adultos establecen una norma, pero después no mantienen la consecuencia anunciada. Si una conducta que había sido prohibida termina obteniendo exactamente el mismo resultado que una conducta adecuada, el niño puede tener más dificultades para entender dónde están los límites.
La psicología también señala que la disciplina debe ir acompañada de refuerzo positivo. Reconocer los buenos comportamientos, establecer pocas reglas claras y explicar las expectativas forman parte de las estrategias recomendadas para favorecer el autocontrol. La atención de los adultos no debería concentrarse únicamente en los momentos en los que el niño se comporta mal.