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La lección magistral de Tito Livio, historiador romano, que sigue viva después de 20 siglos: «Los hombres despliegan gran ingeniosidad cuando tratan de atenuar sus propios delitos»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La manera en la que actúa una persona después de cometer un error dice tanto de ella como el propio error. Algunos lo reconocen y corrigen el rumbo, y otros dedican toda su inteligencia a buscar excusas.

Tito Livio, el gran historiador de la antigua Roma, ya advirtió sobre ese segundo grupo. Para él, el verdadero peligro no está sólo en cometer la falta, sino en la sofisticación mental que alguien usa para perdonarse sin cambiar nada.

Qué significa la frase de Tito Livio sobre las excusas para atenuar los propios errores

La reflexión que las recopilaciones de citas atribuyen a Tito Livio describe una tendencia universal. Cuando alguien comete una falta, rara vez la acepta sin más, inventa excusas complejas, cambia el relato o culpa a las circunstancias.

El historiador observó que la elocuencia puede servir para maquillar la culpa en lugar de buscar la verdad. La misma habilidad que permite razonar o persuadir se pone al servicio de un objetivo menos noble, convencer a los demás, y a uno mismo, de que la acción era necesaria o inevitable.

Su obra está llena de ejemplos así. En Ab Urbe Condita, Livio no se limitó a contar batallas y decretos, analizó la ambición, la corrupción y las debilidades de quienes gobernaban Roma, y quiso que su historia sirviera de espejo moral para sus contemporáneos.

Qué dice la psicología sobre la costumbre de justificar los errores

La psicología moderna relaciona esa tendencia con la disonancia cognitiva, un concepto que el psicólogo estadounidense Leon Festinger formuló en 1957. La mayoría de las personas necesitan verse como buenas y justas, y cuando actúan mal surge un choque incómodo entre lo que hicieron y lo que creen ser. Para aliviarlo, la mente fabrica justificaciones.

El miedo al rechazo refuerza el mecanismo. Admitir toda la culpa puede costar el estatus, el poder o el afecto de los demás, así que el infractor minimiza el daño con un «no fue para tanto», lo reencuadra con un «lo hice por el bien común» o desvía la responsabilidad hacia otros.

La observación de Livio se reconoce hoy en los comunicados de las empresas en crisis, en las disculpas de los políticos que acaban convertidas en explicaciones calculadas y en las excusas cotidianas de cualquier oficina.

Un ejemplo de la frase de Tito Livio en la antigua Roma

El asesinato de Julio César ilustra bien la idea. El 15 de marzo del 44 a. C., Marco Junio Bruto, Cayo Casio y otros senadores lo apuñalaron en la curia de Pompeyo. Habían acabado con el líder más popular de Roma y necesitaban presentar el crimen de otra manera.

Los conspiradores se llamaron a sí mismos libertadores y no asesinos. Defendieron que no actuaban por ambición ni por envidia, sino para salvar la República de la tiranía. Siglos después, William Shakespeare resumió esa lógica en su obra Julio César, donde Bruto asegura que no amaba menos a César, sino más a Roma.

Los conjurados no negaron los puñales, pero construyeron un relato capaz de convertir el crimen en un acto patriótico. Esa es la ingeniosidad que describía Livio.

Quién fue Tito Livio, el historiador que escribió la historia de Roma en 142 libros

Tito Livio nació en el 59 a. C. en Patavium, la actual Padua, y murió en esa misma ciudad en el año 17. Vivió el final sangriento de la República y el nacimiento del Imperio bajo Augusto, con quien mantuvo una relación cercana. A diferencia de otros cronistas de su tiempo, nunca ocupó cargos públicos ni hizo carrera militar, y dedicó su vida a escribir.

Su gran obra, Ab Urbe Condita, que significa «desde la fundación de la ciudad», narraba la historia de Roma desde Rómulo y Remo hasta su propia época en 142 libros. Hoy sólo se conservan 35, suficientes para convertirlo en una de las grandes fuentes sobre la antigua Roma.