Los expertos en psicología coinciden: «Quienes guardan bolsas dentro de otras bolsas no solo ahorran dinero sino que también mantienen una sencilla sensación de utilidad, organización y control»
Una conducta que se centra en tres variables fundamentales como la sensación de orden, utilidad y control sobre las pequeñas cosas de la vida cotidiana
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La recopilación de los objetos en nuestros hogares es una de las prácticas más buscadas y se ha convertido en algo imprescindible para que los objetos no perjudiquen la funcionalidad del espacio. Esto se visualiza a la hora de guardar las bolsas. Numerosas personas optan por dejarlas en el coche, o en algún punto estratégico de la casa para utilizarlas en el momento de compra.
Lo más destacado de esta práctica es la manera en la que se almacenan, ya que lo llamativo no es que no se guarden en armarios, ni en espacios determinados de la vivienda, sino que se almacenan dentro de otra bolsa. Los psicólogos afirman que esta costumbre está relacionada con tres variables fundamentales claves para el bienestar del ser humano, como la sensación de orden, utilidad y control sobre las pequeñas tareas cotidianas.
¿Por qué se realiza esta práctica?
Una de las principales razones por las que las personas conservan las bolsas dentro de otra bolsa es para aprovechar mejor el espacio y poder reutilizarlas en el momento necesario. Es decir, una bolsa se puede seguir utilizando tras su uso sin tener que desperdiciarla rápidamente. Además, recopilarlas en el mismo sitio facilita encontrarlas cuando vuelven a hacer falta.
Su relación con la organización
Esta conducta que realizamos la mayoría de las personas no tiene un significado psicológico concreto, sino que viene de una necesidad por mantener el orden o una costumbre aprendida dentro de la familia. Además, los expertos confirman que las personas que aprendieron desde su niñez a aprovechar los objetos antes de desecharlos tras su primer uso mantienen esta costumbre con el paso de los años.
La recomendación de los expertos
Esta estrategia práctica de almacenamiento conserva sólo las bolsas limpias, secas, sin roturas y que puedan tener un uso previsto para poder utilizarlas posteriormente. Al mismo tiempo, los expertos recomiendan usar siempre las más antiguas para evitar que las nuevas bolsas se conviertan en las protagonistas del espacio y se complique su recopilación.