Los expertos coinciden: las personas que tienen mala letra no lo hacen por desinterés, en realidad tienen un cerebro más rápido que el resto
Una escritura poco legible puede aparecer cuando el pensamiento avanza más rápido
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La letra de una persona puede cambiar mucho a lo largo de su vida. A todos nos pasa, que no escribimos exactamente igual cuando aprendemos a hacerlo en el colegio que cuando tomamos apuntes deprisa, anotamos una dirección o dejamos una nota en casa. También existen enormes diferencias entre unas personas y otras ya que mientras algunas conservan una caligrafía clara y reconocible, otras escriben de una manera que puede resultar difícil de descifrar incluso para quienes las conocen.
Esa mala letra o que es poco legible suele relacionarse con la falta de cuidado. Quien escribe de este modo parece que no se fija en lo que escribe, no respeta los márgenes o no consigue que cada letra tenga una forma reconocible. Sin embargo, desde la grafología se propone una interpretación diferente ya que tener mala letra no tendría necesariamente que ver con el desinterés, sino que podría aparecer cuando el pensamiento avanza a una velocidad mayor que la propia mano. El grafólogo y creador de contenido @grafoencasa explica precisamente esta relación. Según señala, detrás de esa mala letra pueden encontrarse características como un pensamiento rápido, una mayor creatividad e incluso cierta ansiedad. La escritura se convertiría así en un reflejo de la velocidad con la que una persona organiza y desarrolla sus ideas, aunque estas interpretaciones no permiten determinar por sí solas la personalidad o la inteligencia de alguien.
Las personas que tienen mala letra no lo hacen por desinterés, en realidad tienen un cerebro más rápido
La grafología analiza diferentes características de la escritura manuscrita para relacionarlas con determinados rasgos de personalidad. No se fija únicamente en si una letra resulta bonita o fea. También observa aspectos como el tamaño, la inclinación, la presión sobre el papel, la separación entre palabras, los márgenes o la manera en la que unas letras se conectan con otras.
Desde esta perspectiva, una tener mala letra puede deberse porque la persona prioriza trasladar al papel aquello que está pensando antes que cuidar su presentación. @grafoencasa sostiene que «tener mala letra no es desinterés» y relaciona este tipo de escritura con un cerebro que trabaja rápidamente. La mano tendría que intentar seguir ese flujo de pensamientos y el resultado podría ser una escritura precipitada, irregular o difícil de interpretar. A esta rapidez se sumaría la creatividad. Una persona que genera ideas continuamente puede prestar más atención al contenido que quiere expresar que a la apariencia de cada palabra. La ansiedad también aparece entre las características que el grafólogo vincula con algunas escrituras menos cuidadas. Esto no significa que cualquier persona con mala letra reúna necesariamente estos rasgos, ya que la escritura también está condicionada por la práctica, la educación y la situación concreta en la que se produce.
Qué significa tener una letra clara y ordenada
En el extremo contrario están quienes mantienen una escritura fácilmente reconocible incluso cuando escriben durante bastante tiempo. Según las interpretaciones empleadas en grafología, una letra ordenada y legible puede asociarse con características como la claridad, la constancia, la prudencia y una mayor preocupación por conservar una estructura reconocible.
También se vincula este tipo de escritura con el orden y la empatía. La explicación parte de la idea de que escribir pensando en que otra persona tendrá que leer posteriormente el mensaje supone dedicar atención a su comprensión. Una caligrafía clara podría reflejar así una manera más pausada de organizar aquello que se quiere comunicar y un interés por facilitar la lectura al destinatario. Eso no convierte una letra cuidada en una escritura mejor desde el punto de vista de la personalidad ya que una misma persona puede modificar notablemente su caligrafía dependiendo del momento. De hecho, sabemos que no escribimos de la misma manera cuando rellenamos un documento importante que cuando intentamos apuntar rápidamente un número de teléfono o una idea antes de olvidarla.
Los rasgos de la escritura relacionados con la inteligencia
La relación que establece la grafología entre escritura e inteligencia va más allá de tener una caligrafía poco legible. @grafoencasa señala varios detalles concretos que estarían asociados con una elevada agilidad mental. Uno aparece en la manera de unir las letras. «Un detalle son las uniones originales altas», explica el especialista, refiriéndose a aquellas escrituras en las que las letras se conectan por su zona superior.
Otro elemento aparece en la letra «q». Según explica, unirla por la parte inferior con la letra siguiente sería otro de los detalles relacionados con determinadas capacidades intelectuales. Son características muy específicas que normalmente pasan inadvertidas para cualquiera que no analice habitualmente la escritura manuscrita. El tercer aspecto no depende de una letra concreta, sino de cómo se distribuye el texto sobre el papel. El equilibrio entre las zonas escritas y los espacios en blanco adquiere aquí especial importancia. «Si está súper armónico, con sus espacios en blanco y los ocupados con tinta», señala @grafoencasa, esa organización sería indicativa de «dinamismo y agilidad en el pensamiento».
La mala letra, por tanto, no tiene por qué ser sinónimo de dejadez. Detrás de unos trazos rápidos y difíciles de descifrar puede haber simplemente alguien intentando seguir el ritmo de sus propias ideas. Eso sí, la forma de escribir no basta para saber si una persona es más o menos inteligente. La grafología ofrece interpretaciones a partir de determinados rasgos de la escritura, pero no sustituye a las pruebas que utilizan los profesionales para medir las capacidades cognitivas.
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