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Los expertos en ahorro energético avisan para el otoño: si tienes chimenea en casa y no la usas, cierra el tiro o el calor de la calefacción se escapará por ella

chimenea en casa
Persona cerrando la trampilla de la chimenea. Foto: ilustración propia.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Ni siquiera las mascotas pueden cuestionar que la zona de la chimenea es la más apreciada de una vivienda cuando llega el frío. No obstante, en el transcurso del otoño, debido a que el frío aún no es cruel, casi siempre está apagada. Incluso hay casas en las que solo se enciende en Navidad y otras en las que ya no se usa desde hace años, convirtiéndola en un rincón decorativo.

Mientras tanto, en esos hogares en los que quedó de adorno, la calefacción funciona a pleno rendimiento en las habitaciones de alrededor. Y justamente, esta es la cuestión a la que pocos le prestan atención: esa convivencia entre el hueco de la chimenea y los radiadores tiene consecuencias. Consecuencias que se notan en la temperatura del salón y, sobre todo, en las tarifas del mes. 

¿Por qué hay que cerrar el tiro de la chimenea si no se usa?

Una chimenea está diseñada para extraer aire. Cuando hay fuego, el humo caliente asciende por el conducto y sale al exterior en lugar de quedarse dentro de casa. Y aquí el problema es que ese mecanismo no se detiene al apagarse la leña. Si el tiro sigue abierto, el aire caliente que generan los radiadores encuentra una salida directa hacia el tejado.

Desde luego, el fenómeno tiene nombre y apellido: se llama efecto chimenea. El aire del interior, más caliente, es menos denso que el de la calle y tiende a subir y escapar por las partes altas del edificio. Para ocupar su lugar, el aire frío exterior entra por las rendijas de puertas, ventanas o suelos.

¿El resultado? Una corriente constante que enfría la vivienda y obliga a la caldera a trabajar más.

Por eso, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) incluye esta medida en su Guía Práctica de la Energía.

Entre sus consejos para frenar las infiltraciones de aire, el organismo recomienda de forma expresa cerrar el tiro de la chimenea cuando no se esté usando, igual de importante que sellar rendijas con silicona, masilla o burlete.

¿Cuánto calor se pierde por una chimenea abierta?

Recordemos que la calefacción es el mayor gasto energético de las casas españolas. Según el IDAE, supone en torno al 41% del consumo de energía de las familias. Cualquier fuga, por tanto, tiene un efecto directo en la factura.

Y como se viene anticipando en este artículo, las chimeneas figuran entre las principales, junto a las ventanas, los marcos de puertas, los cajetines de persianas sin aislar y los conductos que atraviesan muros y techos.

Por ejemplo, en Reino Unido, donde abundan en las viviendas antiguas, el Building Research Establishment (BRE) midió el flujo de aire en 20 casas con chimenea abierta y obtuvo una media de 80,8 metros cúbicos por hora, con casos que llegaban a 150.

A raíz de ese trabajo, la metodología oficial británica duplicó en 2022 el caudal que atribuye a estas chimeneas, de 40 a 80 metros cúbicos por hora.

Entre tanto, otro ensayo, supervisado por el regulador energético británico Ofgem y elaborado por investigadores de Gemserv y Build Test Solutions, colocó tapones en 82 viviendas de Inglaterra entre 2020 y 2022. El sellado redujo de media un 13% las infiltraciones de aire (con casos de hasta el 43%) y rebajó la demanda de calefacción en 269 kilovatios hora al año.

Inclusive, también mejoró la sensación térmica. Antes de instalar el tapón, el 39% de los participantes decía que las habitaciones con chimenea eran más frías que el resto de la casa; después, solo una persona mantenía esa queja.

De forma segura: ¿Cómo se cierra la chimenea en otoño?

La opción más sencilla es usar el registro o trampilla que incorporan muchas chimeneas en la parte baja del conducto, una placa metálica que se abre y se cierra con una palanca.

Si la chimenea no lo tiene, o ya no ajusta bien tras años de uso, existen alternativas de bajo coste detalladas a continuación que se colocan sin necesidad de obras:

  • Globo hinchable: se infla dentro del conducto y deja pasar un mínimo de aire para evitar humedades y moho.
  • Tapón de lana: un cojín con asa que se encaja a presión y se retira con facilidad.
  • Panel de espuma aislante: se corta a medida del hueco, pensado para chimeneas que ya no se usan.

A modo de aclaración, los técnicos de la fabricante Viessmann señalan que el globo debe retirarse siempre antes de encender el fuego, ya que es de plástico y podría fundirse.

Del mismo modo, el tiro tiene que estar abierto antes de prender la leña; de lo contrario, el humo y el monóxido de carbono se acumularían en el salón.

Y siguiendo esta línea, tapar el hueco con periódicos o trapos tampoco es buena idea, porque favorece la humedad.

Por último, antes de sellar, conviene comprobar que ningún aparato de gas (como una caldera o un calentador antiguo) expulse sus humos por ese mismo conducto: en ese caso, no debe bloquearse nunca.

Y en las chimeneas que sí se van a usar este invierno, el otoño es buen momento para encargar una limpieza profesional que retire el hollín acumulado.

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