Los electricistas expertos coinciden: el frigorífico está disparando la factura de la luz y el problema está en el polvo que se acumula en un lugar que siempre se nos olvida
El polvo en el condensador puede hacer que el frigorífico consuma más electricidad
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El frigorífico es el electrodoméstico de la casa que suele estar siempre encendido las 24 horas del día, de modo que hace que cualquier pequeño problema de funcionamiento pueda terminar notándose en la factura de la luz. A la hora de limpiarlo, casi siempre pensamos en los estantes, los cajones, las botellas o los alimentos que llevan demasiado tiempo olvidados en el fondo. Sin embargo, hay una zona que suele pasar desapercibida durante meses y que también necesita cierta atención.
El problema está en la parte encargada de expulsar el calor que genera el propio electrodoméstico. Dependiendo del modelo, puede encontrarse detrás, en la parte inferior o integrada en la estructura. Con el tiempo, allí se acumulan polvo, grasa y, en casas con animales, también pelos. Si esa suciedad dificulta la salida del calor, el frigorífico puede verse obligado a trabajar durante más tiempo para mantener la temperatura interior y con ello, que aumente el gasto de energía.
El frigorífico está disparando la factura de la luz y el problema está en el polvo que acumula
El frigorífico no crea frío de la nada sino que lo que hace es extraer calor del interior y expulsarlo después hacia fuera. Para conseguirlo necesita que el sistema encargado de liberar ese calor tenga una ventilación adecuada. Cuando alrededor del condensador se forma una capa de suciedad, esa evacuación puede hacerse más lenta y el compresor tiene que permanecer funcionando durante más tiempo.
Es una situación que puede mantenerse durante meses sin que nadie la detecte porque la parte trasera del aparato no suele mirarse. En las cocinas donde se cocina mucho, además, la grasa suspendida en el aire termina adhiriéndose a determinadas superficies y facilita que el polvo quede pegado. Y si hay perros o gatos, los pelos pueden acabar acumulándose también en rejillas y zonas bajas. Eso no significa que una capa mínima de polvo vaya a provocar por sí sola una subida enorme en la factura, pero sí que un aparato sucio y mal ventilado puede perder eficiencia. Y tratándose de un electrodoméstico que funciona día y noche, ese esfuerzo extra puede terminar sumándose a lo largo del año.
La rejilla no siempre está detrás
En los frigoríficos más antiguos suele resultar sencillo localizar el condensador. Muchas veces aparece como una rejilla metálica negra situada en la parte posterior. Basta con separar el electrodoméstico de la pared para comprobar si se ha llenado de polvo. Pero con los modelos nuevos ocurre algo distinto. Algunos llevan el sistema en la parte inferior, cerca del compresor, y otros lo incorporan dentro de las propias paredes del aparato. En estos casos puede no existir ninguna rejilla visible detrás y no tiene sentido empezar a desmontar piezas para intentar encontrarla.
Por otro lado, los frigoríficos integrados en muebles de cocina también necesitan buena ventilación. Si la rejilla inferior queda cubierta por polvo o bloqueada por objetos, el aire caliente puede tener más dificultades para salir. Por eso, antes de limpiar conviene consultar el manual y comprobar qué zonas pueden tocarse y cuáles deben permanecer cerradas.
Cómo limpiar esta zona de manera fácil
Si el frigorífico tiene una rejilla accesible y el fabricante permite limpiarla, la tarea es bastante sencilla. Lo primero es desenchufar el aparato y separarlo con cuidado de la pared, prestando atención al cable y al suelo. Después puede retirarse el polvo con un aspirador provisto de un cepillo suave o con un cepillo que no dañe las piezas. También merece la pena limpiar el suelo situado debajo, donde se acumulan pelusas, restos de comida y pelos que después pueden volver a desplazarse hacia las zonas de ventilación.
No es buena idea utilizar agua cerca de componentes eléctricos ni introducir objetos afilados para retirar la suciedad. Tampoco conviene desmontar tapas que no estén diseñadas para ser retiradas por el usuario. Si el condensador está oculto, lo importante será mantener despejadas las entradas y salidas de aire. Y en cuanto a la frecuencia dependerá de cada casa. En algunas bastará con revisar esta zona una o dos veces al año, mientras que en viviendas con mascotas, mucho polvo o una cocina muy utilizada puede ser necesario hacerlo con mayor frecuencia.
La ubicación del frigorífico también influye
La suciedad no es lo único que puede obligar al frigorífico a trabajar más. Colocarlo junto al horno, cerca de un radiador o en una zona donde recibe sol directo aumenta la temperatura que tiene alrededor y puede exigir un esfuerzo adicional al sistema. Además, también conviene comprobar que las gomas de las puertas cierren correctamente. Cuando están deterioradas o deformadas, parte del aire frío se escapa y el aparato necesita volver a enfriar el interior. Abrir la puerta durante demasiado tiempo o introducir alimentos todavía calientes produce un efecto parecido.
En definitiva, dejar espacio suficiente alrededor del frigorífico para que pueda circular el aire sigue siendo uno de los cuidados más sencillos y más olvidados. Pero si después de limpiar las zonas accesibles y revisar la ventilación el aparato continúa funcionando casi de forma continua, enfría mal o empieza a producir ruidos poco habituales, el problema ya puede ser otro y es entonces, cuando conviene recurrir a un técnico.