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Alejandro Magno, sobre el liderazgo: «Un ejército de ovejas liderado por un león derrotará a un ejército de leones liderado por una oveja»

Alejandro Magno
Blanca Espada

Alejandro Magno apenas vivió 32 años, pero fue capaz de construir uno de los mayores imperios del mundo antiguo. Partió de Macedonia, derrotó al Imperio persa, entró en Egipto y continuó avanzando por Asia hasta llegar a la India. Sus conquistas lo convirtieron en una figura casi legendaria y también en uno de los grandes nombres de la historia militar. No lo hizo solo, por supuesto sino que contaba con un ejército muy preparado y con una estructura que había comenzado a levantar su padre, Filipo II de Macedonia.

Más de dos mil años después, su nombre sigue apareciendo asociado a numerosas frases sobre la guerra, el poder o la forma de dirigir a otras personas. Una de las más conocidas es ésta: «Un ejército de ovejas liderado por un león derrotará a un ejército de leones liderado por una oveja».que siempre se le atribuye y que muchos líderes han utilizado a lo largo de los años, ademá de compartirse siempre en redes como una reflexión sobre el peso que tiene un buen líder dentro de un grupo.

Alejandro Magno: «Un ejército de ovejas liderado por un león derrotará a un ejército de leones liderado por una oveja»

Esta frase que menciona a ovejas y leones pone sobre la mesa algo bastante habitual: tener a los mejores no siempre significa formar el mejor equipo. Se puede contar con personas muy preparadas y que el resultado no sea bueno porque falta organización, porque las órdenes son confusas o simplemente porque cada uno va por su lado. Y puede ocurrir lo contrario. Un grupo sin grandes estrellas puede funcionar muy bien cuando todos saben qué tienen que hacer y hacia dónde van. No hace falta pensar en una batalla para encontrar ejemplos.

Pasa en el trabajo y pasa también por ejemplo en el deporte. Un equipo lleno de buenos jugadores puede perder contra otro aparentemente inferior si no consigue jugar como un bloque. Y en una empresa, reunir a profesionales con mucha experiencia tampoco sirve de demasiado si las prioridades cambian cada día o nadie sabe quién tiene que tomar una decisión.

El ejército que recibió Alejandro de su padre

La historia de Alejandro Magno tiene además un detalle que encaja bastante bien con esta reflexión. Cuando llegó al trono de Macedonia en el año 336 a. C. no empezó desde cero. Su padre, Filipo II, llevaba años transformando el ejército macedonio y había creado una fuerza militar muy diferente a la que había recibido al convertirse en rey. Una de sus piezas fundamentales era la falange macedonia. Sus soldados utilizaban la sarisa, una pica de varios metros que les permitía presentar al enemigo un frente difícil de atravesar. Pero la falange era sólo una parte. También estaban la caballería y otras tropas que cumplían funciones diferentes durante las batallas.

Alejandro supo utilizar esas piezas. Sus victorias en Gránico, Issos o Gaugamela no se explican sólo por tener buenos soldados, sino también por la manera en la que movía sus fuerzas y aprovechaba los errores del enemigo. Eso sí, tampoco conviene caer en la imagen del gran conquistador capaz de hacerlo todo por sí mismo. Tenía detrás soldados entrenados, oficiales experimentados y una organización militar que llevaba años preparándose.

Tener mucho talento junto no siempre funciona

La idea resulta especialmente fácil de entender cuando se traslada a situaciones actuales. Imaginemos un equipo formado por cinco personas muy buenas en su trabajo. Todas tienen experiencia y saben resolver problemas, pero nadie ha dejado claro qué es prioritario. Dos pueden terminar haciendo prácticamente lo mismo mientras una tarea urgente queda esperando. El fallo no estaría en esas personas sino que el problema sería cómo se ha organizado su trabajo. Cuando se trata de un trabajo en equipo alguien tiene que decidir qué va primero, quién se ocupa de cada cosa y qué se hace cuando aparece un imprevisto. Eso no significa que el responsable tenga que controlar cada movimiento o decidirlo absolutamente todo.

De hecho, una persona que dirige también necesita saber cuándo escuchar. Si tiene a alguien que conoce mejor un asunto concreto, ignorar su opinión por una cuestión de autoridad puede ser justo lo contrario de liderar bien. Tener a gente preparada alrededor sirve precisamente para eso, para aprovechar lo que sabe cada uno.

Un líder tampoco puede hacer milagros

En definitiva, la frase de los leones y las ovejas lleva la comparación al extremo. Un buen líder puede mejorar el rendimiento de un grupo, pero no compensar la falta de preparación o de recursos. El propio Alejandro Magno contó con un ejército preparado por Filipo II, además de con su talento militar. Por eso, la clave no está en elegir entre buenos soldados o un buen líder. Hacen falta ambos: las capacidades individuales cuentan, pero también alguien que sepa coordinarlas y marcar el rumbo.

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