La curiosa petición que Felipe VI hace cada vez que visita un restaurante por primera vez
¿Te has preguntado alguna vez qué hace el marido de la Reina Letizia cuando va a un loca?
Nos lo cuenta en primera persona un hostelero que lo atendió
Como cualquier ciudadano, el Rey también puede sentarse a cenar en un restaurante. No hay ninguna norma que le obligue a acudir solo a lugares exclusivos ni a organizar grandes despliegues cuando decide salir a comer o cenar fuera. De hecho, cuando lo hace de forma privada, puede entrar en un local normal, mirar la carta y pedir como cualquier otro cliente. Sin embargo, hay un pequeño detalle que suele repetirse en Felipe VI cada vez que visita un restaurante por primera vez y que sorprende bastante a quienes lo atienden: siempre hace la misma pregunta.
Todo suele empezar con lo que algunos hosteleros ya conocen como «el aviso de los cinco minutos». Primero, días antes, un pequeño equipo de seguridad pasa discretamente por el local. Preguntan por el espacio, revisan el ambiente y, en ocasiones, reservan un par de mesas sin dar demasiadas explicaciones. En ese momento, los responsables del restaurante intuyen que llegará alguien importante, aunque normalmente no saben quién. Después llega la sorpresa.
El aviso que reciben los restaurantes antes de su llegada
Eso fue exactamente lo que ocurrió en el conocido restaurante peruano Inti de Oro, en pleno Barrio de las Letras de Madrid. Su fundador, León Carrillo, recuerda perfectamente aquella noche. Era sábado, el local estaba lleno y el servicio iba a toda velocidad cuando, de repente, llegó la noticia: en cinco minutos entraría un visitante muy especial. Hasta ese momento nadie sabía quién era. Solo entonces descubrieron que el cliente era el entonces Príncipe de Asturias, hoy el Rey Felipe VI.
Pero junto con la revelación llegó también una instrucción muy clara por parte del equipo de seguridad: nada de tratamientos solemnes ni reverencias exageradas. «No le llamen Alteza, simplemente señor», explicaron a los responsables del restaurante. Y es que, según el protocolo, cuando se habla directamente con el monarca lo correcto es dirigirse primero a él como «Su Majestad». Después, la conversación puede continuar de forma mucho más natural con un sencillo «señor».
La noche en la que el Rey visitó el Inti de Oro
A partir de ahí, la escena fue mucho menos solemne de lo que muchos imaginarían. El hijo de Juan Carlos I entró en el establecimiento prácticamente como cualquier otro cliente. El bullicio de un sábado madrileño siguió exactamente igual. No se paralizó el salón ni se modificó el ritmo del servicio. Simplemente se sentó en su mesa, abrió la carta y pidió hablar con el fundador del local.
Entonces llegó la pregunta que terminó convirtiéndose en la anécdota más recordada de aquella noche. Nada de platos especiales ni menús preparados para la ocasión. Tampoco recetas fuera de carta. El marido de Letizia Ortiz solo quería saber una cosa: qué se comía allí normalmente.
«Solo me preguntó qué se podía comer aquí y cuáles eran nuestros platos estrella,» recuerda Carrillo. Es decir, quería probar lo mismo que pediría cualquier cliente habitual del restaurante.
Y, precisamente por eso, la escena contrasta bastante con la imagen que muchos tienen de los banquetes reales. En los actos oficiales todo está medido al milímetro: menús cerrados, vajillas elegidas con cuidado y un protocolo que no deja nada al azar. Sin embargo, en una salida privada la situación cambia mucho. El actual jefe del Estado parece preferir algo mucho más sencillo: sentarse, mirar la carta y descubrir el restaurante como lo haría cualquier comensal curioso.
La cena transcurrió con total normalidad. Disfrutó del ambiente del restaurante, conversó con el personal y probó algunos de los platos recomendados. Y, cuando llegó el momento de marcharse, ocurrió otro detalle que sorprendió a quienes estaban allí: pagó la cuenta.
«No le invité porque la reserva se hizo de incógnito y no sabíamos que era él», explica el fundador de Inti de Oro. «Fue un cliente más de principio a fin».
En realidad, no existe ninguna norma que obligue a invitar al Rey cuando acude a un restaurante. Si se trata de un acto institucional, lo habitual es que el anfitrión asuma el coste de la comida. Pero cuando la visita es privada, el monarca puede pagar perfectamente como cualquier cliente. Muchos restaurantes optan por invitar por cortesía o por el prestigio que supone recibir una visita así, aunque no es obligatorio.
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