Un emprendedor argentino de 45 años construye casas de barro de hasta 80 m2 con una impresora 3D en 100 horas de trabajo
En un pueblo del valle de Traslasierra, en Córdoba (Argentina), un emprendedor lleva más de cuatro años desarrollando una tecnología que, al menos en el continente latinoamericano, promete cambiar la forma de construir viviendas. ¿En qué consiste su método? Se basa en la innovadora técnica de imprimir casas de barro utilizando una máquina especial.
Y vale la pena en este sentido considerar el contexto actual: los habitantes del país enfrentan serias dificultades para acceder a la vivienda. Mientras tanto, el proyecto ya despertó interés en el exterior por su rapidez y por prescindir de ladrillos y cemento. ¿Cuánto tarda realmente en levantarse una de estas viviendas y de qué tamaño pueden llegar a ser?
Así es Barrobot, la impresora que construye casas de barro en Argentina
El proyecto se llama Barrobot y es obra de Agustín Gore (de 45 años) y su socio Gustavo Mutio, radicados en San Javier, en el corazón del valle de Traslasierra, un pueblo argentino bastante acogedor.
Con este sistema, el equipo puede construir casas de barro de hasta 80 metros cuadrados. El prototipo actual, un domo de siete metros de diámetro y 28 metros cuadrados, demandó entre 100 y 110 horas de impresión efectiva.
Antes de dedicarse al barro, los dos socios pasaron varios años optimizando procesos industriales y probando impresoras 3D que trabajan con cemento.
Posteriormente, y ya hace más de cuatro años, decidieron cambiar de material y apostar por una alternativa más sustentable.
El funcionamiento de la impresora 3D que imprime con barro, en detalle
La máquina protagonista de este artículo funciona con un sistema CNC (Control Numérico por Computadora) de tres ejes (X, Y, Z), el mismo principio que usan otras impresoras industriales. Un software divide el diseño arquitectónico en capas horizontales y la estructura las va depositando siguiendo coordenadas exactas.
Gore, en declaraciones a medios locales, lo resume así: «Va posicionándose milimétricamente todo el tiempo». El equipo incorporó hace poco servomotores de mayor precisión que mejoraron el ajuste de cada capa depositada.
La mezcla combina distintos elementos naturales, señalados a continuación:
- Arcilla de canteras cercanas.
- Arena y agua.
- Fibras vegetales como sisal o caña.
- Excremento de caballo, que aporta plasticidad al fermentar.
Como se puede apreciar, no hay presencia de hormigón ni materiales industrializados. Para quienes quieran ver un video del proceso, estos se encuentran colgados en el Instagram del propio Agustín Gore.
Entre tanto, las paredes tienen una estructura interna inspirada en los panales de abeja, lo que reduce el uso de material hasta en un 40% sin perder resistencia. Durante la impresión, la máquina también puede dejar previstas las instalaciones de agua y electricidad.
El resultado son paredes gruesas que regulan la temperatura de forma natural: frescas en verano y cálidas en invierno, sin depender de aire acondicionado ni calefacción. El acabado final, además, conserva la textura orgánica típica de la construcción en tierra.
Las pruebas de resistencia mostraron que el barro compactado aguanta más de lo esperado, incluso ante condiciones climáticas exigentes, lo que despejó dudas sobre la durabilidad de este tipo de viviendas.
¿Cuánto tarda y cuánto cuesta levantar una casa de barro con esta tecnología?
Más allá de las horas de impresión, la obra completa (con terminaciones incluidas) demanda unos dos meses de trabajo. Por fuera, las paredes reciben un revoque a la cal, y por dentro se suman pisos de madera y aberturas ajustadas al milímetro.
Por otro lado, la impresora es portátil: se puede armar y desarmar en un solo día para trasladarla de un terreno a otro. Esa flexibilidad es clave para un proyecto que apunta a construir en distintos puntos del país.
Si uno se pone a comparar con el mercado internacional, equipos similares superan los 300.000 dólares. Gore y Mutio construyeron el suyo con un presupuesto muy inferior, apostando a piezas propias y a un diseño pensado para el contexto argentino.
Pero el objetivo aquí no es solo bajar costos, sino también acelerar los tiempos de obra en zonas rurales o alejadas de los centros urbanos, donde conseguir mano de obra especializada suele ser más difícil y caro.
El objetivo final: combatir el déficit de vivienda con esta técnica ancestral
Gore suele aclarar un matiz sobre su proyecto: «No es la primera casa de barro. Lo nuevo es que ahora el proceso está automatizado».
En este sentido, Barrobot es, según sus creadores, uno de los cuatro proyectos del mundo que imprimen viviendas con tierra, y el único en toda Sudamérica. La Córdoba argentina se convirtió así en el primer punto de la región con esta tecnología en funcionamiento.
Detrás de la máquina hay una meta más amplia: resolver, al menos en parte, el déficit habitacional argentino. «Queremos que el barro gane el lugar que se merece, que deje de ser una rareza o un lujo», resume Gore.
El plan a corto plazo pasa por fabricar más máquinas y capacitar a otras personas para operarlas, con el objetivo de salir a imprimir viviendas en distintas provincias durante los próximos meses.