Arquitectura

EEUU reinventa la industria de los materiales arquitectónicos: imprime en 3D baldosas cerámicas capaces de jugar con la luz

baldosas cerámicas
Baldosas cerámicas impresas en 3D. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La cerámica lleva milenios en la arquitectura y claros ejemplos de ello son las tejas de los templos o los azulejos de las fachadas mediterráneas. Pero lamentablemente, el proceso industrial del siglo XX homogeneizó sus posibilidades. Hoy se producen baldosas cerámicas de geometría plana, producidas en serie, con escasa variación formal y sin capacidad de fluir.

Y lo que la arcilla podía hacer, la lógica de la producción masiva típica del modelo capitalista lo redujo a un catálogo limitado. En la actualidad, la impresión 3D robótica ha transformado otros sectores de la fabricación, pero su llegada al revestimiento de fachadas en cerámica era todavía marginal. Hasta ahora.

Así son las baldosas cerámicas impresas en 3D que cambian con la luz

Un estudio de diseño con sede en Los Ángeles ha presentado la alternativa ideal al sistema rudimentario que todos conocemos. ¿Y cuál fue esa brillante idea que sacaron a la luz? Baldosas cerámicas fabricadas por brazos robóticos, con geometrías imposibles de lograr por los métodos industriales convencionales.

El proyecto se llama CeraShingle y es obra de Studio WE, estudio fundado por los diseñadores Yutao Chen y Yiwen Gu en Los Ángeles.

Cada pieza es una unidad rectangular de unos 400 x 130 milímetros y aproximadamente un kilogramo de peso, pensada para ensamblarse en fachadas de gran escala mediante un sistema de solapas tipo gancho que simplifica la instalación sin adhesivos ni soportes complejos.

El sistema fue reconocido con el AMP Product Award 2025 en la categoría de materiales de envolvente y construcción, un galardón que premia la innovación en materiales arquitectónicos a nivel internacional.

Lo que distingue a CeraShingle de cualquier revestimiento cerámico convencional es la complejidad de su superficie. Cada pieza integra crestas, ondulaciones y gradientes de color que no son acabados decorativos añadidos en una fase posterior, sino resultados directos del proceso de fabricación.

«Cada pieza fue desarrollada como una unidad estandarizada pero personalizable, que permite variación a través de geometría controlada, textura y gradientes de color», explicó Chen.

Brazos robóticos y arcilla local: así se fabrican las baldosas cerámicas de CeraShingle

Los brazos robóticos depositan arcilla capa a capa, generando microcrestas, transiciones curvas y superficies texturadas durante el propio proceso de impresión. Un modelo paramétrico previo controla la geometría de cada pieza con precisión: curvatura, patrones de perforación, densidad de la superficie y espesor de pared.

El resultado son variaciones significativas entre piezas del mismo tamaño base, algo que en la cerámica industrial convencional elevaría los costes de forma prohibitiva.

«El sistema embebe textura, gradientes de color y profundidad espacial directamente en el proceso de fabricación», señaló Chen. La variación formal no añade pasos extra porque emerge de la programación del modelo, no de intervenciones manuales.

Para reducir la huella de producción, el equipo trabaja con arcillas de origen local (para minimizar el transporte) y esmaltes de baja temperatura que requieren menos energía en el horno.

¿Por qué la fachada parece viva con las baldosas de CeraShingle?

El efecto visual que produce CeraShingle en una fachada depende de la geometría de las piezas y de la posición del sol. Las crestas y ondulaciones proyectan sombras que cambian a lo largo del día; las transiciones de esmalte producen reflejos distintos según el ángulo de visión; las perforaciones filtran la luz de forma diferente a cada hora.

Entre tanto, la superficie no permanece visualmente igual en ningún momento del día. Cuando las piezas se ensamblan, crean además un efecto tejido que amplifica esa dinámica y da al conjunto una profundidad que los revestimientos planos no pueden imitar.

Por último y no menos importante, los módulos son intercambiables. Si una pieza se daña, puede reemplazarse sin tocar el resto de la fachada, lo que alarga la vida útil del revestimiento y reduce el desperdicio de material.

La combinación de una unidad base estandarizada con capacidad de personalización paramétrica es, según sus creadores, la vía para que la cerámica arquitectónica recupere el protagonismo que la industrialización le recortó durante décadas.

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