EEUU obra el milagro y convierte el agua del mar en potable a escala industrial: así evita el colapso de su sistema hídrico
Muchos países hacen grandes obras de ingeniería para controlar el agua, pero en Estados Unidos (EE.UU.) están transformando los embalses de California para no depender sólo de la lluvia.
La solución pasa por crear grandes plantas desalinizadoras, para que conviertan agua de mar en agua potable a diario para reforzar ciudades castigadas por la sequía.
El caso más claro está en Carlsbad, California. Su planta produce alrededor de 190 millones de litros de agua potable al día, una cifra suficiente para cubrir una parte relevante del consumo de la región de San Diego.
Cómo Estados Unidos convierte el agua de mar en potable a escala industrial
La tecnología que sostiene este salto es la ósmosis inversa. En resumidas cuentas el proceso consiste en empujar agua de mar a alta presión a través de membranas muy finas que retienen la sal, los minerales y las impurezas.
Antes de llegar a esa fase, el agua pasa por filtros previos para retirar arena, algas, partículas pequeñas y microorganismos. Después, una vez desalinizada, se ajusta para que pueda entrar en la red de consumo.
Por ejemplo, la planta Claude Bud Lewis de Carlsbad es el símbolo de este modelo. Está considerada la mayor desalinizadora del hemisferio occidental y produce unos 50 millones de galones diarios, equivalentes a esos 190 millones de litros.
Ese volumen no sustituye todo el sistema hídrico de California, pero sí aporta una base estable. En una zona donde los ríos, embalses y acuíferos sufren cada vez más presión, contar con una fuente independiente de la lluvia cambia el margen de maniobra.
Por qué la desalinización no sólo es una medida de emergencia para lograr agua potable
Durante años, convertir agua del mar en potable se veía como una alternativa cara, limitada y casi extrema. La sequía ha cambiado esa percepción en buena parte del suroeste estadounidense.
De hecho, California, Arizona, Texas y otros territorios afectados por la presión sobre el río Colorado y los acuíferos estudian o impulsan proyectos relacionados con la desalación.
Cuando las fuentes tradicionales fallan, el océano ofrece una reserva enorme, aunque difícil de aprovechar. El ejemplo claro de este proceso es Texas.
Corpus Christi prepara una desaladora vinculada a una inversión pública de gran escala para reforzar su seguridad hídrica en un contexto de sequía.
También hay interés en zonas donde el problema no es sólo la falta de lluvia, sino la intrusión salina y la protección de reservas de agua dulce. En ese escenario, la desalación deja de ser una curiosidad técnica y se convierte en una pieza más del sistema.
Los límites medioambientales y económicos de beber agua de mar
El gran obstáculo sigue siendo el coste, ya que la desalación exige mucha energía, bombas potentes, mantenimiento constante y una infraestructura cara desde el primer día.
La planta de Carlsbad tuvo una inversión cercana a los 850 millones de euros, y el agua desalinizada resulta más cara que la procedente de ríos y embalses tradicionales.
Además, el proceso genera salmuera, una corriente con alta concentración de sal que debe devolverse al mar con cuidado para evitar daños en los ecosistemas cercanos.