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Detección de metano y CO₂ en exoplanetas: ¿se acerca la prueba de vida?

La búsqueda de vida fuera del planeta Tierra no para. En ese sentido, hay pruebas de detección de metano y CO2 en exoplanetas.

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  • Francisco María
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Durante mucho tiempo, hablar de vida fuera de la Tierra sonaba más a ciencia ficción que a ciencia real. Era una pregunta fascinante, sí, pero sin herramientas claras para responderla. Hoy, eso ha cambiado. La astronomía contemporánea no solo capta planetas en otras estrellas, sino que también comienza a estudiar qué tipo de atmósfera presentan. Y aquí entran en juego dos protagonistas que están dando bastante que hablar: el metano y el dióxido de carbono.

El hallazgo de estos gases en un exoplaneta no quiere decir que hayamos encontrado vida, pero sí sugiere que estamos jugando en otra liga. Por primera vez, la cuestión ya no es “¿hay otros mundos?” sino que deja de ser esto para convertirse en “¿quién ha hecho esto en los otros mundos?”.

Mirar atmósferas a años luz: cómo se hace realmente

El problema nunca fue hallar estos cuerpos celestes, sino estudiarlos. Son muy pequeños, están muy lejos y su luz queda absolutamente oscurecida por la de su estrella.

Cada molécula absorbe la luz de una forma muy concreta, dejando una firma única. Es como una huella digital. Así se ha logrado detectar vapor de agua, dióxido de carbono, sodio, y en algunos casos, incluso metano. No es magia, es física… muy precisa.

El simple hecho de detectar una atmósfera ya es un logro enorme. Saber de qué está compuesta, aún más.

CO₂: común, pero fundamental

El dióxido de carbono no es raro. Efectivamente, es algo que es bastante común en el cosmos. Forma parte de planetas como Venus y Marte, y en el propio planeta juega un papel clave en el clima, pero a su vez su presencia está ligada a procesos geológicos, volcánicos y volcánicos con la evolución atmosférica de un planeta dado.

Por sí sólo el CO₂ no constituye señal de vida, pero la información que aporta es muy útil. Permite entender el mecanismo del efecto invernadero, qué temperatura puede tener el planeta y si, efectivamente, existe una atmósfera densa como para retener calor.

Metano: el gas que levanta sospechas

El metano es otra historia. En la Tierra, una gran parte del metano tiene origen biológico. Lo producen microorganismos, animales, procesos agrícolas y actividades humanas. También puede generarse sin vida, a través de reacciones geológicas, pero aquí está el detalle clave: el metano no dura mucho tiempo en una atmósfera activa.

Si hay oxígeno u otros compuestos reactivos, el metano se destruye relativamente rápido. Así que, si lo vemos en grandes cantidades, algo tiene que estar reponiéndolo de forma constante.

Aquí entra uno de los conceptos más importantes en la búsqueda de vida: el desequilibrio químico. En la Tierra, la coexistencia de gases que deberían reaccionar entre sí solo se mantiene porque hay procesos biológicos que los producen sin parar.

¿Qué se ha detectado hasta ahora?

Hasta el momento, la mayoría de detecciones claras de CO₂ y metano se han hecho en planetas que no son precisamente “tierras gemelas”. Hablamos de gigantes gaseosos, mundos muy calientes o planetas con atmósferas extremas.

Aun así, los resultados son impresionantes. Se han observado atmósferas complejas, con múltiples capas, nubes, brumas y mezclas químicas inesperadas. Todo esto indica que los métodos funcionan y que la tecnología está madura.

El verdadero reto está en los planetas rocosos, parecidos a la Tierra, que orbitan en la llamada zona habitable. Son pequeños, más difíciles de observar y su señal es muchísimo más débil. Pero ahí es donde está el premio gordo.

Biofirmas: señales prometedoras, no pruebas definitivas

Una biofirma es cualquier indicio que podría explicarse por la presencia de vida. El problema es el “podría”. El metano es una posible biofirma, pero no definitiva. El CO₂, casi nunca lo es.

Un planeta joven, con intensa actividad volcánica, puede producir metano sin vida. También hay reacciones químicas profundas que generan este gas. Por eso, ningún científico serio anunciaría vida basándose en un solo gas.

Lo que se busca es un conjunto coherente de señales: varios gases en equilibrio extraño, condiciones climáticas compatibles, estabilidad a largo plazo y ausencia de explicaciones puramente geológicas.

La ciencia aquí va despacio, y tiene que hacerlo.

El salto tecnológico que lo está cambiando todo

La gran diferencia entre ahora y hace diez o quince años es la tecnología. Los telescopios actuales permiten medir variaciones diminutas en la luz estelar, algo que antes era impensable. Se pueden detectar cambios de una parte entre miles o incluso millones.

Además, los modelos atmosféricos son cada vez más sofisticados. No solo se detectan gases, se intenta entender cómo interactúan entre sí, cómo circulan y cómo evolucionan con el tiempo.

En el futuro cercano, nuevos telescopios y observatorios prometen mejorar aún más esta capacidad. El objetivo es claro: analizar atmósferas de planetas similares a la Tierra con suficiente detalle como para detectar posibles desequilibrios químicos persistentes.

Entonces… ¿estamos cerca o no?

La respuesta honesta es esta: no hemos encontrado vida, pero estamos más cerca que nunca de poder hacerlo. La detección de metano y CO₂ en exoplanetas no es la prueba definitiva, pero sí el primer paso serio en esa dirección.

Por primera vez, la búsqueda de vida fuera de la Tierra se apoya en datos reales, observaciones directas y modelos contrastables. Ya no se trata de imaginar otros mundos, sino de estudiarlos.

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