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Los agricultores andaluces, en jaque: detectan 8.400 km de cárcavas en el suelo de los olivares cordobeses

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Las intensas lluvias en Andalucía han vuelto a situar el foco en el estado de conservación de los suelos agrícolas. En amplias zonas de la campiña, las prácticas de manejo intensivas y la formación de cárcavas ha degradado el terreno. Frente a esta situación, los olivares cordobeses se han convertido en un laboratorio para analizar cómo y dónde se activa este tipo de erosión.

La identificación precisa de las zonas afectadas y la evaluación de su evolución en el tiempo resultan claves para comprender el alcance del problema y anticipar sus consecuencias sobre la producción, la rentabilidad y la gestión del territorio agrario. Desde este punto, partió la Universidad de Córdoba.

¿Qué dice el diagnóstico sobre la erosión actual de los olivares cordobeses?

Publicado a mediados de febrero de 2026, el primer gran mapa regional de cárcavas en el olivar andaluz confirma la magnitud de un fenómeno sin precedentes: a lo largo de la Cuenca del Guadalquivir se ha identificado una red de zanjas que suma más de 8.400 kilómetros de longitud total, con una incidencia especialmente elevada en los olivares cordobeses de campiña.

Ha sido en estas áreas, que se han llegado a detectar hasta 40 metros cuadrados de surcos por hectárea, una cifra que evidencia la intensidad del proceso erosivo.

El estudio, publicado en la revista CATENA, advierte de que la erosión por cárcavas no solo implica la pérdida directa de suelo fértil. También provoca la fragmentación de las parcelas, dificulta el tránsito de la maquinaria agrícola y genera daños económicos que se acumulan campaña tras campaña.

Adolfo Peña y Paula González, dos de los autores del trabajo. Foto: Universidad de Córdoba.

Según se denotó en la investigación, en muchos casos, estas zanjas actúan como barreras físicas que alteran la organización del terreno y encarecen las labores.

La cantidad de suelo que se ha perdido y un problema que va mucho más allá de los olivares cordobeses

Los datos que maneja la Universidad de Córdoba sitúan el problema en una escala preocupante. En torno al 40% del suelo agrícola andaluz presenta pérdidas superiores a 50 toneladas por hectárea y año, muy por encima del umbral de 12 toneladas que los expertos consideran crítico. El impacto es mayor en cultivos leñosos como el olivar y en zonas cerealistas de campiña.

En el caso concreto de la erosión por cárcavas, las pérdidas pueden alcanzar hasta 590 toneladas por hectárea en un solo año, lo que equivale a la desaparición de varios centímetros de suelo.

Es justamente en este contexto que las lluvias persistentes favorecen el arrastre de partículas finas, reactivan cárcavas ya existentes y generan nuevas cabeceras en puntos vulnerables del terreno.

Aunque el foco del estudio está en los olivares cordobeses, el fenómeno no es exclusivo de Andalucía: cerca del 32% de los suelos agrícolas europeos presentan problemas de erosión, lo que ha llevado a la Unión Europea a situar esta cuestión entre sus prioridades estratégicas.

Todo sobre el proyecto Carcava y el seguimiento temporal de las cárcavas

Para cuantificar y analizar este proceso, el grupo de Hidrología e Hidráulica Agrícola de la Universidad de Córdoba impulsó el proyecto Carcava, con financiación de la Junta de Andalucía.

El trabajo se ha basado en el análisis de ortofotos aéreas correspondientes al periodo 2008-2019 en cuatro áreas de estudio de 25 kilómetros cuadrados cada una, dentro de la Cuenca del Guadalquivir.

Gracias a esta serie temporal se han identificado 475 cabeceras de cárcavas, clasificadas según su nivel de actividad: 261 activas, 76 de reciente formación y 138 estables. Este enfoque no se limita a señalar dónde aparecen las cárcavas, sino que permite comprobar si avanzan, se estabilizan o permanecen inactivas.

Los resultados muestran que los olivares cordobeses de campiña concentran la mayor densidad y actividad, en comparación con otras unidades paisajísticas como la serranía o el valle.

El modelo predictivo propuesto para anticipar la degradación del suelo

Una de las aportaciones centrales del estudio es la aplicación, por primera vez en España, del Índice de Iniciación de Cárcavas (GHI), desarrollado por la Universidad de Leuven. Este modelo integra variables como la pendiente, el área de drenaje, la precipitación, el tipo de suelo y el contenido de arcilla para predecir dónde es más probable que se inicie una cárcava.

El nivel de acierto alcanzado, con un valor de 0,93 en la capacidad de distinguir entre zonas con y sin cárcavas, sitúa a esta herramienta como una referencia para la gestión del suelo agrario.

Frente a métodos anteriores, limitados a escalas locales, el modelo permite una visión regional que resulta especialmente útil en territorios extensos como los olivares cordobeses. Su aplicación abriría así la puerta a planificar medidas preventivas antes de que los daños sean irreversibles.

El impacto ambiental de la erosión por cárcavas

Más allá de las explotaciones agrícolas, la erosión por cárcavas tiene efectos ambientales relevantes. Diversos estudios estiman que hasta el 83% de los sedimentos que alcanzan las zonas bajas de las cuencas mediterráneas proceden de estas zanjas.

Desde el proyecto Carcava se subraya la importancia de aplicar medidas de conservación del suelo adaptadas a cada territorio. Entre ellas destacan el uso de cubiertas vegetales, una gestión más eficiente de la escorrentía y una planificación agronómica que tenga en cuenta la vulnerabilidad del terreno.

Para concluir, cabe añadir que en una finca piloto de Fernán Núñez ya se han probado algunas de estas soluciones, con resultados que apuntan a una reducción de la erosión y una mayor estabilidad del suelo.