La ciencia española celebra un logro impensable: investigadores de Aragón aíslan por primera vez complejos de oro con telurio
El oro con telurio forma en la naturaleza el mineral calaverita (AuTe₂), de color dorado brillante y con propiedades cristalinas bien documentadas. Vamos por partes: el telurio es un metaloide más escaso en la corteza terrestre que el propio oro, comparable al platino en rareza, y tiene propiedades semiconductoras que lo convierten en estratégico para la industria.
Pero estudiar la relación entre ambos a nivel molecular era algo que la química consideraba fuera de su alcance. Ese límite se desarmó, porque el trabajo que vamos a desentrañar a continuación, firmado por la profesora M. Concepción Gimeno Floría acaba de marcar un hito internacional.
El logro y sus protagonistas: primer aislamiento de complejos de oro con telurio estables en la historia de la química
M. Concepción Gimeno Floría es profesora de investigación del CSIC en el Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH), centro mixto del CSIC y la Universidad de Zaragoza.
Su grupo se especializa en la química de los metales del grupo 11 (oro, plata y cobre) con aplicaciones en catálisis, luminiscencia y biología. El trabajo que acaba de marcar un hito internacional fue elaborado junto a Juan Carlos Pérez-Sánchez y Raquel P. Herrera.
Yendo al grano, el equipo aragonés consiguió aislar y caracterizar por primera vez complejos estables de oro con telurio, concretamente de oro(I) y de oro(III) con un ligando llamado fosfanteluro de triisopropilo.
Estos compuestos, denominados en la literatura científica como «esquivos» por la velocidad con que se descomponían antes de poder ser estudiados, pueden ahora analizarse con detalle.
Un hallazgo adicional fue que la coordinación con el oro intensifica el llamado hueco sigma (σ-hole) del telurio. Esto es una región de carga positiva en la superficie del átomo que atrae a otras moléculas.
Es ese mecanismo el que convierte a los nuevos compuestos en candidatos directos para la catálisis y para el diseño de nuevos materiales.
El trabajo fue publicado en Cell Reports Physical Science, revista del grupo editorial Cell Press, en 2025, bajo el título «Isolation of elusive gold-phosphane tellurides: From bonding to σ-hole dynamics».
Por qué era tan difícil: los compuestos se descomponían en segundos
El oro con telurio coexiste sin problemas en la naturaleza. Sin embargo, cuando los químicos intentaban sintetizar en el laboratorio los compuestos intermedios que forman estos dos elementos, las moléculas se desintegraban en cuestión de segundos.
La velocidad de descomposición era tan alta que no daba tiempo a observarlas, medir sus propiedades ni caracterizarlas por ningún método analítico conocido.
La solución que planteó el equipo de Gimeno fue usar ligandos voluminosos. Un ligando es una molécula que se une al metal central para definir su entorno químico; en este caso, el fosfanteluro de triisopropilo actúa como un escudo físico alrededor del átomo de telurio, reduciendo la reactividad excesiva que provocaba la desintegración instantánea.
Esa protección fue suficiente para estabilizar los compuestos el tiempo necesario para estudiarlos.
El proceso también permitió comparar los complejos de oro(I) con los de oro(III), dos estados de oxidación distintos del mismo metal, y observar cómo cada uno influye en las propiedades del compuesto resultante.
Para qué sirven los complejos de oro con telurio: de la catálisis a la energía solar
Las aplicaciones dependen de las propiedades que el descubrimiento ha permitido por fin medir. El σ-hole intensificado por la coordinación con oro abre la puerta al enlace calcogénico, un tipo de interacción molecular no covalente con aplicaciones directas en catálisis.
Esto último permitiría diseñar procesos de síntesis química más eficientes y selectivos, algo relevante tanto en farmacología como en química industrial.
En tecnología, el telurio ya es uno de los materiales más valorados. Las células solares de telururo de cadmio (CdTe) son actualmente la segunda tecnología fotovoltaica más extendida en el mundo, solo por detrás del silicio, y los dispositivos termoeléctricos basados en este elemento convierten calor en electricidad con alta eficiencia.
Desde luego, los nuevos compuestos de oro con telurio podrían abrir vías para mejorar el diseño de materiales en ambas áreas.
También se prevén aplicaciones en óptica, en sensores electrónicos y en farmacología, donde el telurio tiene propiedades neuroprotectoras e inmunomoduladoras ya conocidas. Poder fabricar y estudiar sus compuestos con oro abre combinaciones que hasta ahora eran imposibles de ensayar.
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