Aragonés traslada a JxCAT que no acepta a Borràs: la ruptura del Govern es cuestión de horas
La dirección de JXCat se prepara para activar la ruptura con ERC esta misma mañana
La ruptura del Govern de Cataluña es cuestión de horas. Todo apunta, según las distintas fuentes consultadas, que la dirección de Junts per Catalunya pondrá la directa para romper este mismo jueves. Aunque la decisión final la tendrán las bases a través de una consulta que ya avanzó OKDIARIO y que se debate realizarla de forma exprés.
Tras destituir anoche al vicepresident Jordi Puigneró, de acuerdo con Junts, Pere Aragonés espera ahora la propuesta de un nuevo nombre para relevarle o por el contrario dejar la plaza vacía y a sus socios con un conseller menos. De momento ya ha cerrado la puerta al nombre que JxCAT ha empezado a lanzar y que ha avanzado esta mañana OKDIARIO, el de la imputada Laura Borràs. Ante este escenario, explican varios dirigentes de los postconvergentes, el partido que fundó Carles Puigdemont apuesta por una ruptura inminente.
En la dirección de Junts per Catalunya, según su propio secretario general Jordi Turull, ya se sienten «expulsados» del Govern por parte de Aragonés en un movimiento «de forma unilateral» que critican con vehemencia. Aunque fue el propio Turull quien, en la reunión con el president en el Palau de la Generalitat, entregó la cabeza de Puigneró para tratar de rebajar la crisis. Incluso entre los que hace unos días defendían a ultranza el hecho de mantener la coalición, por los más de 250 sueldos de entre 40.000 y 140.000 euros que se juegan varios altos cargos, este jueves por la mañana las posiciones convergen en salir del Ejecutivo regional.
En Junts per Catalunya siguen cargando con dureza contra Pere Aragonés por «incumplir los acuerdos que permitieron su investidura». Más aún tras el golpe sobre la mesa que hizo ayer. Hay mucho cabreo, indignación. Ellos son partidarios de tensar la cuerda al máximo y que sea el líder de Esquerra el que, como ayer, opte por destituir a los seis consellers de Junts que quedan en su gabinete. De la misma forma que hizo ayer miércoles con Puigneró. Pero el presidente regional está aguantando las presiones para no tener que asumir el coste político ante los votantes separatistas que un movimiento de este calado tendría. En resumidas cuentas, uno espera que se vayan y los otros esperan que les echen. Porque saben que seguir gobernando juntos como hasta ahora, tras lo vivido en las últimas horas, es prácticamente imposible. «La confianza está rota», argumentan dirigentes de ambas organizaciones políticas.
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