‘Literal’ de Xavier Uriz hace de la comedia ácida una radiografía del presente
Entre la carcajada y la desesperación, una lúcida ceremonia sobre el desconcierto de nuestro tiempo
Literal, espectáculo inaugural del Festival de la Paraula, representado en el Teatre del Mar durante dos fines de semana consecutivos, entre el 16 y el 25 de octubre, reúne a priori todos aquellos elementos que conducen al éxito, como así está sucediendo. Empezando por el texto de Xavier Uriz, solvente dramaturgo que, para la ocasión, vuelve a recurrir a su fondo de catálogo, al ser él mismo licenciado en Filosofía y profesor, perfil que comparte con Max Roig, personaje central de esta comedia ácida, bien cargada de comicidad.
También acompaña el entorno, que no es otro que el torneo de dramaturgia de Baleares, transformado en 2014 en el Festival de la Paraula, con carácter itinerante por escenarios de Mallorca a lo largo de seis meses. Una larga y enriquecedora trayectoria que ha calado en un público incondicional que, además, durante los días del torneo, sentenciaba con su voto quién era el ganador. Una simbiosis acompañada por un cuadro de autores, directores e intérpretes de gran predicamento —prestigio y estima— en el patio de butacas. A lo que iba.
Elegir Literal como título de esta comedia centra ya la intencionalidad, en el sentido de que estamos a punto de asistir a una propuesta centrada en la realidad mucho antes que en la ficción pura. Porque ante nuestros ojos van a desfilar una serie de situaciones que, sin necesidad de sacarlas de contexto, son gags —algunas veces insolentes— que dibujan, yo diría que fielmente, el estado actual de nuestro sistema educativo: perdido el esfuerzo y el mérito, y ensalzada la arbitrariedad de un lenguaje amparado en tópicos antes que en la reflexión. Ahí es donde entra en juego la demoledora crítica a las redes, concretada en el uso permanente de anglicismos carentes de profundidad a la hora de abordar lugares comunes del pensamiento contemporáneo.
Entre el público, el día que yo asistí, había numerosos docentes que identificaban cada desvarío en formato sitcom como parte inseparable de su día a día en las aulas. Aquí es donde entra Sergio Baos, primero como director y también transfigurado en Max Roig. Es un actor bien crecido en el juego escénico corporal y gestual que, desde su libertad creativa, transforma señales de auténtica alarma en divertidos desgarros de inaplazable desesperación.
En realidad, lo que se está exhibiendo sobre las tablas es una galopada hacia la nada existencial —interesantes las coñas hacia el wokismo—, que combina la risa inevitable —¡magníficos los cuatro intérpretes!— con el colapso derivado de la pérdida de valores y de la asunción de tantos lugares comunes carentes de solidez, de consistencia alguna. Solo queda la resistencia militante frente a cualquier actitud capaz de perdurar en el tiempo. Todo ello está firmemente trazado en el cuadro en que se ha convertido el escenario. Interesante, asimismo, el juego con el atrezzo.
Sergio Baos está magistral en esta aparente ceremonia de la confusión que, en realidad, transmite, a través del histrionismo, la pesadilla del tiempo perdido. Sin duda, él es el alma del espectáculo, aunque su brillo no sería tal de no estar acompañado en todo momento por Marga López y Laura Morónez, en un permanente juego de desdoblamientos felizmente resueltos por Baos en su condición primera de director de escena. Hay un cuarto elemento sobre las tablas: el exquisito baterista Miquel Femenías, que constituye por sí mismo una parte destacada del espectáculo, porque sus pulsaciones, debidamente distribuidas, actúan como auténticos separadores que administran la sucesión de escenas.
No me cabe la menor duda de que Literal hace de la comedia ácida una desgarradora radiografía del presente. Un texto lúcido y una interpretación inmaculada en su disciplina interpretativa nos llevan a la conclusión de que hay textos capaces de despertar conciencias, como este, sea o no esa la intención de Xavier Uriz, gracias a una escritura tan bien estructurada.